Barcelona, 3 sep (EFE).- Puntual como un reloj suizo, hasta ahora el escritor Ignacio Martínez de Pisón contactaba con sus lectores cada tres años con una nueva novela. Sin embargo, este septiembre ha roto con la tradición y mañana regresa a las librerías, un año después de 'Castillos de fuego', con unas memorias, 'Ropa de casa'.
Acompañado por la editora de Seix Barral, Elena Ramírez, ha hablado este martes en Barcelona de su nuevo título y ha bromeado: "Este libro soy yo. Si a alguien no le gusta, es que no le gusto yo".
No ha escondido que fue la muerte de su madre en 2018 -una de las protagonistas de la obra- lo que le llevó a ahondar en su memoria, en su niñez en el Logroño de los sesenta, hijo de militar, fallecido prematuramente de infarto; en la Zaragoza de los setenta, cuando quería ser surrealista; y como aprendiz de novelista en la Barcelona de los ochenta, a la que llegó con ganas de convertirse en escritor, sin rehuir hablar de su relación con Javier Marías o Javier Tomeo.
"No hago un currículum, hago literatura, una novela familiar, solo que en vez de una familia inventada, la hago sobre mi propia familia, lo que tiene para mí un valor excepcional, que no puede tener para los demás. Yo puedo inventar muchas familias en mis novelas, pero vidas solo tengo una y familia sólo he tenido una. Para mí, es un libro especial, no va a haber otro igual", ha destacado.
En este punto, ha agregado que nunca más volverá a escribir sobre su infancia, sobre su madre, sus hermanos o sus tíos Ignacio o José Ramón, sobre su adolescencia y juventud, sobre su llegada a Barcelona dese Zaragoza, para convertirse de "golpe" en escritor en 1984.
Las memorias acaban cuando pasa de hijo a padre en 1990 y de vivir de alquiler a tener un piso de propiedad en el ensanche barcelonés, junto a María José, su pareja de siempre, quien le acompaña desde el principio de estas páginas.
Tomando como modelo 'Léxico familiar', de Natalia Ginzburg, ha buscado "poner en orden el pasado familiar", plasmar anécdotas, contar "lo que uno puede contar de su propia familia, de los pequeños acontecimientos cotidianos, de los pequeños cambios que estructuran la historia de una familia y, al mismo tiempo, la historia que pasa por detrás".
"Cuento una historia personal sin muchos acontecimientos destacados, porque mi vida no es la del Conde de Montecristo, pero, al mismo tiempo, creo que cuento una historia que muchos españoles van a sentir cercana, porque es generacional, la de aquellos que nacimos en torno a los años sesenta, una generación muy abundante, que reconocerá esa España cambiante", ha precisado.
Tampoco ha obviado que leyendo 'Ropa de casa' verán esa esperanza en el futuro que tenían los jóvenes tras la muerte de Francisco Franco, la "satisfacción de que las cosas iban a ir bien en los ochenta, que se pasaba de una dictadura a una democracia, de que en diez años España cambió y se convirtió en algo mucho mejor de lo que era".
Insistiendo en que se trata de unas memorias y no de autoficción, ha aseverado que aquí ha intentado escribir "la verdad de las cosas que ocurrieron en realidad", contar la verdad de lo que recuerda, "sabiendo que en el recuerdo hay una gran parte de ficción, aunque es involuntaria".
Además de descubrir una fascinación temprana por Luis Buñuel - aunque su "paraíso" de la infancia sea su primera década en Logroño-, en el libro rememora su relación con el fallecido novelista Javier Marías, un "escritor total", que vivía la literatura con pasión y que durante unos años le tuvo a él como "discípulo".
En este buceo por su pasado, el escritor ha releído toda la correspondencia que mantuvieron, "un montón de cartas y postales" y ha podido recordar como el madrileño le ofreció una plaza de escritor en Oxford y las "lecturas tan minuciosas" que hacía de obras que le daba a leer, en una suerte de "relación paternal", puesto que era nueve años mayor.
Sin embargo, unas más que comentadas desavenencias de Marías con el editor de Anagrama Jorge Herralde -con quien también publicaba Martínez de Pisón- les llevaron a tomar caminos divergentes y a estar muchos años sin tratarse.
Otro escritor que aparece en la obra es Javier Tomeo, también aragonés, un hombre "muy peculiar", de quien se podría hacer, en su opinión, "un congreso con sus anécdotas, aunque algunas de ellas sean un poquito casposillas".
Respecto a nuevos proyectos, Ignacio Martínez de Pisón avanza que lleva dándole vueltas a escribir sobre los años sesenta, pero hasta que en noviembre no se ponga, de nuevo, ante el ordenador y pergeñe el primer párrafo, "no hay nada de nada". EFE
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