Gisbert canta su 115º sueño y baila danzas polacas en su debut en solitario en la Apolo

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Guillermo Cabellos

Barcelona, 3 may (EFE).- Solo y ante una Sala Apolo a reventar –las entradas para el recital se agotaron en unas horas hace medio año, cuando aún no se sabía cómo iba a sonar su nuevo trabajo– Guillem Gisbert ha presentado ante un público ávido de Manel, grupo del que ha sido vocalista y compositor durante los últimos quince años, 'Balla la masurca!', su primer disco en solitario, con el que ha puesto sobre el escenario desde danzas polacas hasta su 115º sueño.

El barcelonés, que ha aparecido en las tablas de Apolo entre música circense, de esas que te preparan para presenciar un gran espectáculo, se ha sentado ante un piano y ha interpretado 'Tots a casa xiulen', la versión catalana de 'Anyone Can Whistle' de Stephen Sondheim.

Aún solo ante el piano, Gisbert ha comenzado el recital igual que lo hace su disco con 'Les dues torres', cuyo inicio acústico se ha visto abruptamente interrumpido por la entrada de Jordi Casadesús (bajo y sintetizador), Glòria Maurel (percusión) y Grabu (teclados y guitarra), lo que ha liberado al cantante para interpretar la batalla electrónico-dialéctica entre la Torre Mapfre y el Hotel Arts.

Resiguiendo el orden del álbum, el que fuera líder de Manel ha optado por 'Balla la masurca!', tema que da nombre a su trabajo y que repasa la relación de un hombre con el hecho de complacer y ser complacido, y que una vez terminado le ha servido de excusa para bailar, precisamente, una mazurca (danza folclórica polaca), que conecta con la joven tradición de Gisbert –inaugurada con ‘Boomerang’ durante la gira de 2017– de perpetrar bailecitos pretendidamente ridículos bajo un semblante serio.

Sin variar la expresión, Gisbert ha reescrito el final de 'Aplastamiento de las gotas' de Julio Cortázar, cuando en 'Empatia total' ha imaginado como la gota, en lugar de estallar contra el mármol, se funde en un charco, lo que, tras una serie de conexiones lógicas e irremediables, lleva al protagonista a tratar de hermano al hombre que siempre ha detestado.

Los dos siguientes temas han compartido una característica: la complejidad instrumental ha forzado a los músicos a tocar con frenesí, en un contraste absoluto con la actitud relajada de Gisbert, que ha cantado 'Els gegants de la ciutat (oli sobre tela)' y 'Waltzing Matilda' rasgando sereno la guitarra acústica o paseándose tranquilamente sobre el escenario.

Entre tanto, Gisbert ha catalanizado 'Dry Your Eyes', versión Neil Diamond que de repente se ha convertido en 'Prou de Plors'.

El gran parlamento de la noche ha llegado cuando ha contado su efímera carrera de periodista antes de 'Miracle a les Planes', una canción de verso ferreteriano en la que explica su paso por la Universitat Autónoma de Barcelona en la facultad de comunicación –precisamente la misma universidad en la que impartió clases Gabriel Ferrater– y se revela como estudiante sin vocación.

A 'Miracle a les Planes' la ha seguido 'Un home realitzat', composición que estrenó durante la gala de los Premis Gaudí y que narra cómo el vuelo de un avión de papel se convirtió en el instante de mayor satisfacción en la vida de Rafael Azcona.

Ya en la recta final del espectáculo, Gisbert ha ligado 'Hauries hagut de venir' y 'Cantiga de Montse', dos canciones que estrenó a la vez en enero y que se miran frente a frente: una es la duda de qué hubiera sucedido de haber superado la vergüenza, mientras que la otra es la constatación del triunfo del deseo.

Justo antes del bis, el músico se ha atrevido con la única canción de Manel, la primera que interpreta desde que anunciaran su pausa.

Con algo de prudencia y solo ante el piano, Gisbert ha cantado 'Ay, Yoko', la disculpa pública que el grupo barcelonés ofreció a Yoko Ono en 2013.

Para finalizar, Gisbert ha alardeado de memoria encadenando los 66 versos de 'Les aventures del general Lluna', una compleja concatenación de imágenes americanas que bien podría ser la biografía en tebeo de un indiano, en la que resuena el 'Bob Dylan's 115th Dream', tema en el que Dylan cuenta cómo un hombre llega a los EUA en el Mayflower, mientras que el protagonista de Gisbert va en la bodega del mítico barco ‘El Català’.

Antes de despedirse de la Apolo, los músicos han abandonado sus instrumentos principales, han agarrado unas castañuelas, una guitarra acústica y un ukelele, han hecho un corrillo alrededor de Gisbert y han interpretado ‘Estudiantina’, una canción con ecos de tuna que toma 'Miracle a les Planes' de espejo y ensalza de un modo festivo al estudiante sin vocación, figura ensalzada por Gisbert a lo largo del disco.

Si había alguna duda de qué sería de Guillem Gisbert sin Martí Maymó, Arnau Vallvé y Roger Padilla, sus escuderos en Manel, el barcelonés ha demostrado en su primera aventura en solitario que no le tiemblan las piernas, cuestión que tendrá que refrendar el 4 de mayo en Girona y el 10 de mayo en Madrid. EFE

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gcm/plv

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