Cuando los porteros altos eran de uno ochenta

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Sevilla, 6 feb (EFE).- La muerte de Miguel Ángel González Suárez, guardameta de la infancia de los 'babyboomers' españoles irredentos del fútbol, evoca una época en la que los mejores porteros, además de con rodilleras y gorra, eran 'recortados' y pocas veces superaban el uno ochenta de estatura.

No en balde, el que fue durante dieciocho temporadas portero del Real Madrid y en las mismas ocasiones internacional con España, era llamado 'El gato' por su rapidez y reflejos, virtudes con las que se hizo figura a falta de estatura como su compañero en el equipo de Concha Espina, Mariano García Remón, que también pasó a la posteridad con el apodo del 'Gato de Odessa' por una actuación memorable en la Copa de Europa.

Miguel Ángel medía 1.74, una estatura con la que hoy los finos analistas no conciben que alguien sea, no portero, sino delantero, pero el meta orensano lo fue y bueno en una época en la que García Remón, tenido por alto, superaba en un centímetro el 1.80.

Esa estatura era la de otro grande de la portería, Miguel Reina, quien imperó en la del Barcelona y el Atlético de Madrid hasta el final de la década de los setenta del siglo pasado, cuando empezó el reinado de otro arquero que marcó una época, Luis Miguel Arconada en la Real Sociedad de las dos Ligas de Alberto Ormaechea.

Pese a lo que imponía, Arconada no llegaba al uno ochenta, le faltaban dos centímetros y ello no fue óbice para que marcara una época y una impronta en su estilo de parar y de mandar en el área, el de Zubieta, las playas de la Concha y San Sebastián.

Arconada fue el cuarto en una sucesión de porteros de los setenta que inició José Ramón Esnaola, mito de la Real Sociedad y el Betis; Pedro Artola, fichado por el Barcelona; y el fallecido Javier Urruticoechea, quien fue fichado por el Españyol antes de recalar en el Nou Camp, donde se retiró en 1988.

Esnaola compartía estatura con Miguel Ángel, un 1.74 que le hacía parece bajito aunque no le impidió reinar en la portería del Betis campeón de la Copa del Rey de 1977; Artola ya era un poco más alto, 1.81; y Urruti, quien murió en accidente de tráfico en 2001, medía prácticamente los mismo.

En una época en la que en las secretarías técnicas se mira todo al milímetro, ya no quedan porteros como Miguel Ángel u otros como Juan Carlos Ablanedo, mito del Sporting de Gijón y que medía 1.71, como otros grandes de la portería como el italiano de la Juventus de Turín Giampero Combi (1,72).

Oros grandes de la portería que no llegaron al uno ochenta son el checo Frantisek Planicka (1.70), el húngaro Guyla Grosics (1.77), un precursor de la figura del portero que maneja las manos igual que los pies, lo que desarrollaron porteros como el mexicano jorge Campos (1.73) y llevó al paroxismo el colombiano René Higuita (1.75). EFE

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