Las obras del intercambiador de Conde Casal (Madrid) hundieron al último kiosco del barrio y ahora una familia argentina lucha por recibir una indemnización: “Perdimos el 70% de las ventas”

Jonathan y Simón Hutnik reclaman desde hace un año una indemnización por la pérdida de su kiosco

Simón y Jonathan Hutnik, un año después del cierre de su kiosco.
Simón y Jonathan Hutnik, un año después del cierre de su kiosco. (Infobae España)
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La familia Hutnik llegó desde Argentina a España en el año 2002. Tras una década de duro trabajo, lograron en 2016 la concesión para un kiosco de prensa en Madrid: ‘El Trébol de la Suerte’. Desde ese momento, se convirtieron en la referencia del barrio de Conde Casal. “Al final, sos el punto de todo, desde una persona que te deja una llave de su casa a la anciana que te deja las bolsas de la compra para entrar en otro supermercado y no cargarlas. Son diez años y se arma una pequeña comunidad, una familia”, cuenta a Infobae Jonathan, encargado del kiosco junto a su padre, Simón.

Todo cambió en febrero de 2025. La Comunidad de Madrid inició las obras para la construcción de un nuevo intercambiador en la plaza de Conde Casal, que se sumaban a los trabajos de ampliación de la línea 11 de Metro. La intervención supuso un duro golpe para el kiosco de los Hutnik: primero quedó aislado, luego sufrió daños y, finalmente, terminó cerrando en un intento de mitigar las pérdidas que les suponía. Un año después, el Gobierno regional todavía no ha dado respuesta a la familia.

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El Trébol de la Suerte, el último kiosco de Conde Casal, permanece cerrado desde el 3 de diciembre de 2025 a causa de las obras.
El Trébol de la Suerte, el último kiosco de Conde Casal, permanece cerrado desde el 3 de diciembre de 2025 a causa de las obras. (Cedida)

“La Comunidad de Madrid es responsable de toda la obra y deberían haber hecho un plan de afectación, no solo con el kiosco, sino con los locales de la zona”, reclama Jonathan.

Una batalla constante desde 2023

Los problemas comenzaron en agosto de 2023, recuerdan padre e hijo. La prolongación de la línea 11 iba viento en popa y su continuación exigía empezar a picar en Conde Casal. “Nos dijeron que iban a aprovechar que estábamos cerrados para romper; el kiosco quedó aislado como una isla”, comenta Jonathan.

Desde aquel fatídico verano, los obreros fueron picando en varios puntos de su calle, acercándose cada vez más y más a los límites de su negocio. Las obras no solo dificultaban el acceso al kiosco, sino que terminaron por dañar la estructura: “Rompieron los toldos, los vinilos de las puertas, rompieron la cubierta de granito que rodeaba los pies del kiosco... Hoy, la puerta trasera, por donde entraría la mercancía, está inaccesible; no podés operar”, dice.

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Los obstáculos iban creciendo y, con ellos, disminuía el negocio: los autobuses dejaron de parar y la boca de metro más cercana cerró, con lo que se fue gran parte de la clientela. “Perdimos el 70% de las ventas, fue una situación muy complicada”, explican. Para colmo, todavía debían hacer frente al pago del canon del kiosco (el alquiler por el uso de este espacio público), unos mil euros anuales.

Daños y obstáculos que sufrió 'El Trébol de la Suerte' a causa de las obras.
Daños y obstáculos que sufrió 'El Trébol de la Suerte' a causa de las obras. (Montaje Infobae)

La Comunidad de Madrid aprobó en 2025 una serie de ayudas para los negocios perjudicados de la zona, pero ellos, al ser un kiosco, quedaron fuera. Tras un año aguantando, Simón y su mujer tomaron la decisión de bajar la persiana para siempre. “No queríamos seguir perdiendo dinero, no podíamos mantenerlo, decidimos que la fecha de cierre era el 30 de noviembre”, recuerda.

De puerta en puerta hasta llegar a Ayuso

Esto no paró a Jonathan, que llamó a todas las puertas posibles para intentar evitar el cierre del negocio familiar: acudió a la Junta de Retiro incontables veces, se puso en contacto con varios medios de comunicación y se reunió con todos los partidos políticos de la oposición. “Debo ser una de las pocas personas que logró que se junten Más Madrid, Vox y el PSOE”, dice, en tono jocoso.

Jonathan fue escalando, poco a poco, por los altos cargos de la Comunidad de Madrid hasta conseguir lo imposible: una reunión con la propia Isabel Díaz Ayuso. “Me llamó la presidenta de la Comunidad de Madrid para transmitirme que estaba muy preocupada por la situación del kiosco, que quería ayudarnos a resolver el problema”, asegura Hutnik. El encuentro se fijó para el 3 de diciembre, tras el cierre del negocio.

La reunión dejó a la familia esperanzada. La presidenta, aseguran, les pidió unos días de reflexión para ver qué soluciones podrían darles. Ellos lo tenían claro: querían una indemnización por el negocio perdido y, a poder ser, ayuda para que Jonathan, informático de formación, encontrara un nuevo trabajo. A un mes de cumplirse el aniversario del cierre, la Comunidad de Madrid no ha puesto en marcha ninguna actuación para resarcir a la familia.

Un año tras el cierre del kiosco

Los meses han ido pasando y la situación de los Hutnik no ha ido a mejor. Jonathan sigue sin encontrar trabajo. Simón se vio obligado a jubilarse sin el mínimo de años cotizados, por lo que recibe una pensión muy baja. Su mujer, que apenas tiene nueve años cotizados, no puede permitirse la jubilación, pero tampoco puede trabajar, pues es paciente oncológica.

A sus 71 años, Simón también ha empezado una pelea contra el cáncer. Ahora mismo, solo pide “que Dios me dé vida para ver el resultado final de esto”. “Nosotros seguimos esperando”, cuenta Jonathan. “Por más que terminen las obras, saben perfectamente que el kiosco no se puede volver a abrir. Yo lo que quiero es lo que corresponde, a lo que se comprometieron”, reclama.

A día de hoy, sienten que solo el PSOE está dispuesto a escucharlos. La diputada socialista Isabel Cadorniga llevó sus reclamaciones a la Asamblea de Madrid el pasado 9 de octubre. “Es un atropello absoluto”, valora por teléfono a Infobae. “Se ha quedado una familia literalmente en la calle; han tenido que cerrar porque no pueden desempeñar su actividad”, lamenta, mientras defiende “la labor social” que ejercían desde El Trébol de la Suerte. “Suben a los vecinos la prensa todos los días. Durante la pandemia abrieron todos los días y les subían hasta medicamentos”, recuerda.

Desde la Comunidad de Madrid, defienden que han arreglado los desperfectos del negocio y que, en 2026, ampliaron las ayudas a los negocios de Conde Casal, donde se incluirían las tasas de ocupación que paga la familia por el kiosco, e invita a la familia a solicitarlas. Sin embargo, la familia apunta que no pueden pedirlas porque cerraron el kiosco y ya no están inscritos como autónomos.

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