España permanece sin respuestas ante el riesgo de espionaje por la expansión de autos eléctricos chinos

Las autoridades del gobierno de Pedro Sánchez parecen no advertir los riesgos que ya puso sobre la mesa la Comisión Europea. Noruega fue el último país del continente en alertar sobre los peligros de los eléctricos del régimen de Beijing

Pedro Sánchez levanta una barrera vehicular ante varios automóviles blancos que llevan cámaras de seguridad en lugar de conductores.
Pedro Sánchez levanta una barrera de control ante una fila de vehículos eléctricos chinos tripulados por cámaras de vigilancia (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La industria automotriz china invadió España ante la pasividad de sus autoridades. El listado de marcas que desembarcaron en los últimos años es tan amplio que produce tedio sólo enumerarlo: SAIC Motor, BYD, Chery, Leapmotor, Changan Automobile, Geely, XPeng, Shineray, FAW Group, Great Wall Motor, Dongfeng Motor, BAIC Group, GAC Group, Zhidou, Seres Group, JAC Motors, Skywell. Son las automotrices que no sólo fabrican sus propios modelos, sino que además son dueñas o montan clásicos europeos como MG, Lotus o Volvo con su tecnología.

La mayoría de estos vehículos -muchos de ellos eléctricos- posee una tecnología y prestaciones que deslumbran a sus clientes, sumado a las ventajas de que, al estar subvencionados por el régimen de Beijing, sus precios son sensiblemente menores a aquellos que se ofrecen en las plantas de Martorell, en Barcelona, o Landaben, en Navarra.

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Pero más allá del confort y de las cuatro o cinco puertas que pudieran ofrecer, estos vehículos traen consigo una preocupación cada vez más extendida: la certeza del backdoor en su software.

De acuerdo a la Ley de Inteligencia Nacional de China, los fabricantes chinos de vehículos eléctricos están legalmente obligados a colaborar con el Ministerio de Seguridad del Estado. Estos automóviles se configuran sobre la base de una transferencia tecnológica unilateral. Cuando estados locales quisieron aumentar requisitos, las corporaciones chinas cancelaron proyectos. Órdenes del Partido Comunista Chino.

Pese a no concretar -por el momento- ninguna medida preventiva, Europa ve con preocupación el uso extendido que estos automóviles podrían tener para la seguridad del continente. Las últimas advertencias fueron hechas desde Noruega: en un ejercicio de seguridad en el aeropuerto de Oslo, del 14 al 18 de septiembre último, soldados que esperaban y manipulaban la pantalla de su vehículo descubrieron videos grabados por las cámaras integradas, según reveló el periódico Dagens Naeringsliv.

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Eran autos de la marca Deepal, de Changan Automobile, que el ejército había rentado para trasladar a personal militar. Las alarmas se encendieron cuando descubrieron la doble función de las cámaras y que además podrían ser monitoreadas desde Beijing.

ARCHIVO: El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, habla en la nueva fábrica de la empresa china Chery Auto, en la Zona Franca de Barcelona, España, en abril de 2024 (Reuters)
ARCHIVO: El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, habla en la nueva fábrica de la empresa china Chery Auto, en la Zona Franca de Barcelona, España, en abril de 2024 (Reuters)

Infobae advirtió hace un tiempo de esta posibilidad y sospechas que podrían ser una amenaza para la privacidad, la seguridad vial y la protección de datos. El think tank británico China Strategic Risks Institute (CSRI) elaboró en septiembre de 2024 un informe que ponía el acento sobre estos riesgos.

En España nadie del gobierno de Pedro Sánchez parece estar preocupado por estas luces rojas. Ninguna autoridad española solicitó en los últimos años detalles de los componentes -microprocesadores, software- de sus automóviles para determinar si existen backdoors. ¿Hubo algún pedido para evitar este tipo de escrutinio en la tecnología promocionada por Beijing?

ARCHIVO: El jefe del régimen chino, Xi Jinping, recibe al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en abril pasado en Beijing (EFE)
ARCHIVO: El jefe del régimen chino, Xi Jinping, recibe al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en abril pasado en Beijing (EFE)

Estas sospechas de que existen múltiples atajos ocultos en los vehículos eléctricos o híbridos chinos comienza a extenderse, lentamente, a otras industrias que utilizan maquinaria que llega en oleadas a las costas españolas: desde escáneres en aeropuertos hasta insumos logísticos. Valga la intriga para países de América Latina, también.

Casi al mismo tiempo que se conocía el primer informe de CSRI, la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, la danesa Margrethe Vestager, ponía dudas sobre la seguridad de esos autos. “A nosotros también nos preocupa. Creemos que es legítimo investigar si ese tipo de tecnología puede usarse indebidamente cuando se trata de cuestiones de seguridad”, dijo en septiembre de aquel año en una conferencia de prensa en Washington DC.

Europa no avanzó mucho, pero se cree que podría comenzar a tomar medidas en los próximos meses. Sobre todo por el doble uso que el régimen de Xi Jinping da a esta industria estratégica: potencial espionaje y colonización comercial. Además de la sensibilidad militar y de seguridad, también hay una cada vez mayor preocupación por el retroceso de las industrias locales.

En Estados Unidos, los fabricantes de automóviles locales pueden utilizar materiales como plástico y vidrio producidos en China para ensamblar vehículos, pero se les prohíbe utilizar chips o software de conducción autónoma de origen chino. Washington no quiere interferencias o espionaje en sus ciudades y caminos.

Esta realidad se puso de manifiesto en las últimas horas: el Pentágono prohibió esta semana el ingreso de vehículos fabricados por BYD por riesgos de seguridad en su base de Kadena, en Okinawa, Japón. La medida alcanza tanto a automóviles particulares como a taxis y vehículos de reparto. Ninguno de ellos puede acercarse ahora a una instalación que tendría un papel directo ante una crisis con China, Rusia o Corea del Norte.

X: @TotiPI

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