Las heces de los pingüinos antárticos emiten 490.000 toneladas de metano: “Genera focos extraordinariamente intensos que no se habían medido”

El metano es uno de los gases de efecto invernadero con mayor impacto en el calentamiento global

Pingüinos gentoo o papúa. (Freepik)
Pingüinos gentoo o papúa. (Freepik)
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En las costas del continente helado, sobre el hielo marino, conviven 7 especies de pingüinos. Su singularidad con respecto al resto de las aves ha llamado siempre tanto la atención que conocemos muchas cosas sobre ellos, como que el más pequeño no sobrepasa el pie de altura, no pueden volar o que tienen una vida monógama durante la temporada y buscan la piedra más bonita para sus parejas como parte de su ritual de cortejo. Sin embargo, un nuevo estudio liderado por el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC) y publicado en la revista Climate and Atmospheric Science ha revelado un dato que desconocíamos hasta el momento: las grandes colonias de pingüinos barbijos constituyen una potente e imprevista fuente natural de metano, uno de los gases de efecto invernadero con mayor impacto en el calentamiento global.

Según las conclusiones de los investigadores, los excrementos o guano acumulados en las poblaciones antárticas de estas aves liberan cerca de 490.000 toneladas de este gas al año. Esta impresionante cifra “genera focos de emisión de metano extraordinariamente intensos que hasta ahora no se habían medido ni cuantificado sobre el terreno”, detalla Alejandro Román, investigador del ICMAN-CSIC y primer autor del estudio. Este descubrimiento es fundamental ya que el metano posee una capacidad para atrapar el calor significativamente mayor que la del dióxido de carbono, por lo que identificar e inventariar todas sus fuentes resulta crucial para proyectar con precisión la evolución del clima global.

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Pingüinos de Adelia caminan sobre el hielo en el cabo Denison, en la Antártida. (REUTERS/Pauline Askin)
Pingüinos de Adelia caminan sobre el hielo en el cabo Denison, en la Antártida. (REUTERS/Pauline Askin)

Los terrenos sin excrementos no presentaban ninguna emisión del gas

Tradicionalmente, la mayor parte de las investigaciones sobre este gas se centraban en las actividades humanas —como la agricultura, la ganadería intensiva, la gestión de residuos o la extracción de combustibles fósiles— y en grandes humedales naturales. Sin embargo, este estudio demuestra por primera vez que las concentraciones masivas de fauna silvestre en regiones polares forman verdaderos puntos calientes o hotspots biogeoquímicos de emisión debido a la rápida descomposición de la materia orgánica acumulada.

Para llevar a cabo las mediciones, el equipo científico se desplazó a dos grandes colonias de pingüinos situadas en la isla Decepción, en el archipiélago de las Shetland del Sur. En el terreno combinaron analizadores de gas de alta precisión colocados sobre cámaras estancas de suelo con el uso de vehículos aéreos no tripulados (drones) equipados con sensores multiespectrales. Gracias a estos equipos y a modelos de inteligencia artificial, mapearon la superficie cubierta de guano y realizaron recuentos precisos de las poblaciones. Las muestras confirmaron que el suelo cubierto de guano registraba un flujo continuo e intenso de metano, mientras que los terrenos colindantes sin excrementos presentaban emisiones prácticamente nulas.

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Decenas de pingüinos emperador adultos y crías permanecen sobre una superficie cubierta de nieve bajo un cielo azul
Una colonia de pingüinos emperador se agrupa sobre el hielo antártico, donde recientes investigaciones registran transformaciones territoriales durante varias décadas. (Michael Van Woert, NOAA NESDIS, ORA)

La investigación amplía además su alcance al calcular el impacto a escala continental. Y es que si se considera toda la superficie de suelo bajo la influencia directa del tránsito y la actividad de las aves en la Antártida, el potencial de emisión podría alcanzar hasta siete millones de toneladas anuales de metano. Sobre este nuevo cálculo, la investigadora principal Emma Huertas aclara que es “una cantidad del mismo orden de magnitud que la estimada a escala mundial para otras fuentes importantes de metano asociadas a la actividad animal, como las termitas”.

Este descubrimiento revela una pieza clave que faltaba en el rompecabezas del ciclo polar del carbono y demuestra la necesidad de incorporar estas fuentes biológicas en los inventarios internacionales. Asimismo, los investigadores señalan que será necesario analizar cómo el cambio climático alterará estas emisiones en el futuro, al modificar tanto el tamaño de las colonias de pingüinos como la actividad de los microorganismos del suelo que producen metano al descomponer el guano.

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