Un alemán propietario de una finca en Mallorca denuncia una invasión de cabras: “Beben de nuestra piscina e incluso saltan dentro para nadar”

Un residente denuncia que decenas de ejemplares se cuelan a diario en su terreno de Es Capdellà, causan destrozos en el jardín y se pasean por el tejado

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Un ciudadano alemán vive desde hace tres años una auténtica pesadilla por culpa de una invasión sin tregua de cabras salvajes. Alexander H., de 52 años y propietario desde 2013 de una finca de unos 30.000 metros cuadrados en Es Capdellà, situado en el municipio mallorquín de Calvià, sufre las consecuencias de una plaga descontrolada que se ha apoderado por completo de su terreno.

La presencia de estos animales ha alcanzado proporciones insólitas y se repite de manera ininterrumpida, tanto en verano como en invierno. La magnitud de la intrusión quedó al descubierto tras revisar las cámaras de videovigilancia de la vivienda: “En una sola grabación de nuestras cámaras pude contar 44 cabras al mismo tiempo”, detalló el afectado en un correo enviado al medio local Mallorca Magazin.

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Los animales han convertido la finca en su particular parque de atracciones, invadiendo las zonas de descanso y causando graves destrozos. “Beben de nuestra piscina e incluso saltan dentro para nadar”, asegura Alexander. Además, señala que las cabras se encaran con sus perros y escalan con frecuencia a la estructura principal de la residencia para organizar lo que en su familia ya denominan irónicamente “fiestas en el tejado”.

La finca está vallada, pero no sirve de nada

El impacto en la propiedad es devastador. La constante presencia de la manada ha arrasado con la vegetación autóctona de la parcela, dejando un paisaje desolador. “El jardín ahora es una zona árida llena de excrementos de cabra”, lamenta el propietario al explicar cómo el paso diario de decenas de ungulados ha destrozado el entorno natural que rodeaba su hogar.

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Cabras bebiendo agua de la piscina de la casa de un alemán en Mallorca.
Cabras bebiendo agua de la piscina de la casa de un alemán en Mallorca.

A pesar de que el recinto está perimetrado, frenar a los animales es una tarea casi imposible debido a la orografía de la zona. “La finca está cerrada. Pero con unos 30.000 metros cuadrados en un terreno montañoso y complicado, es casi imposible mantener cada metro del vallado preparado contra las cabras. Siempre encuentran algún camino para entrar”, admite.

La falta de defensas efectivas se extiende incluso a la mascota familiar, un detalle que el dueño afronta con resignación y sentido del humor: “Nuestro perro tampoco ayuda mucho, porque juega con las cabras en lugar de ahuyentarlas”.

Medidas institucionales contra una plaga en aumento

Ante la desesperante situación, el afectado ya ha trasladado formalmente una denuncia al Ayuntamiento de Calvià y permanece a la espera de una respuesta o actuación por parte de las autoridades locales. La proliferación incontrolada de la cabra asilvestrada se ha consolidado como un problema recurrente en diversas zonas de Mallorca debido a que descienden de las montañas en busca de agua y alimento, atraídas por jardines y zonas verdes.

Para frenar este fenómeno, el Consell de Mallorca aprobó a finales del año pasado una resolución en el Boletín Oficial de Balears (BOIB) que prohíbe alimentar o atraer con comida a las cabras salvajes en espacios concurridos como miradores, calas y aparcamientos. Según explicó el conseller de Medio Ambiente, Pedro Bestard, darles de comer “altera su comportamiento natural, genera dependencia y favorece la concentración anómala de ejemplares”. La normativa incluye sanciones conforme a la Ley balear de caza y autoriza la colocación de carteles informativos para evitar que la población continúe descontrolándose.

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