
Eva González vuelve a ponerse al frente de La Voz este próximo viernes 18 de septiembre con una nueva temporada, la decimotercera del programa. La presentadora afronta este regreso a la televisión después del verano con la misma ilusión que cuando comenzó su trayectoria. En un encuentro con la prensa al que ha asistido Infobae, ha hablado de los nervios del directo, del síndrome del impostor que la ha acompañado durante buena parte de su carrera, de la presencia de su hijo en su día a día laboral y de la relación que mantiene con los coaches.
La sevillana, que lleva ocho temporadas al frente del formato, opina que la suerte no forma parte del juego en esta 13ª temporada. “No confío en la suerte, confío en el trabajo”, explica. Para Eva, detrás de La Voz están el talento, las ganas de hacer las cosas bien, la ilusión y, sobre todo, ponerle corazón a los proyectos. Sí reconoce, eso sí, que con el paso de los años ha acumulado algunas pequeñas manías: “Siempre intento persignarme antes de entrar y el micro me lo tienen que poner con el cable hacia la derecha”.
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Estos gestos, que ella misma considera pequeñas manías, se han ido incorporando después de tantos años de televisión. Y es que la exmodelo comenzó su trayectoria televisiva con apenas 21 años y en 2026 suma ya 23 años delante de las cámaras. “Yo no sabría diferenciar la televisión de mi vida. Evidentemente, la sé. Igual que todo el mundo sabe diferenciar su trabajo de su vida personal, pero para mí está muy relacionado todo”, señala.
Una carrera tan extensa ha provocado una evolución evidente tanto profesional como personal, aunque hay algo que asegura que permanece intacto: sus ganas de aprender. La razón tiene que ver, en buena medida, con una inseguridad que reconoce haber arrastrado durante años. “Yo no tengo formación como periodista”, recuerda. Esa circunstancia hizo que en determinados momentos sintiera que podía ser vista como una “intrusa”, aunque posteriormente aclara que, sobre todo, era ella misma quien se lo decía.
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“Yo he tenido durante muchísimos años el síndrome del impostor”, confiesa. Esa sensación hizo que sintiera la necesidad de “aprender mucho, de esforzarme mucho más” y de buscar una especie de validación constante. Además, considera que las modelos han tenido que enfrentarse durante años al estigma de que solo son “una cara bonita, un cuerpo bonito”.

Mirar a su yo del pasado
Por eso, explica que siempre ha intentado dar un paso más: “A lo largo de todos estos años, yo he tenido que intentar siempre como esforzarme mucho más para que todo salga mejor, para que nada se me quede en el tintero”. Una actitud que, pese a los años de experiencia, no ha perdido: “Esas ganas sí que siguen intactas y esa ilusión por aprender sigue intacta”.
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La inseguridad, eso sí, ya no es la misma. “Ese chip ha ido cambiando. Todavía queda algo, no digo que no, pero claro que ha ido cambiando”, reconoce. Ahora disfruta mucho más de su profesión y se siente más segura. Aunque hay algo que permanece: “En el momento en el que entro en el escenario y piso el escenario, tiemblo”. La diferencia es que esos nervios duran apenas unos minutos.
Para seguir creciendo temporada tras temporada, Eva no acostumbra a analizarse demasiado ni a verse en televisión. De hecho, reconoce que “no soy muy fan de mí misma”. Su principal referencia es otra: la Eva que empezó. “¿Sabes en quién pienso mucho? En mi yo de antes. Me miro y digo: ‘Eva, no pierdas, no puedes permitirte perder esa ilusión’”, explica.
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Recuerda a aquella joven que jamás imaginó que tendría la oportunidad de presentar un formato como La Voz y que comenzó estudiándose los guiones en su pequeño piso de Madrid: “Me veo en mi pisito de Madrid cuando empecé estudiándome los guiones y me veo ahora en mi mismo piso, allí también estudiándome los guiones y digo: ‘Joe, qué guay, ¿no? Qué privilegiada’”.

Su hijo, su gran acompañante
La vida laboral de Eva también está muy presente en la de su hijo, que ya tiene ocho años. Aunque el pequeño no siempre tiene ganas de verla en televisión, sí disfruta especialmente cuando puede acompañarla al trabajo: “A veces se aburre y dice: ‘Mamá, yo quiero ver una peli de dibu’. Pero sí, a veces le gusta y, sobre todo, lo que a él le gusta es venir al plató. Eso le encanta”. De hecho, cuando era más pequeño, incluso llegó a preguntarle: “Mamá, ¿en qué tele trabajan las demás mamás?”, convencido de que las madres de sus compañeros también se dedicaban al mundo de la pequeña pantalla.
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La presentadora también ha podido disfrutar de un verano familiar antes de regresar al trabajo. Ha pasado parte de las vacaciones en Cádiz con su hijo, su madre, su hermana y su sobrino; además, “luego él ha estado también con su papá de vacaciones y yo he estado con mis amigos”. “Un veranito completo, pero corto, porque siempre se hace corto”, resume.
El descanso ya ha terminado y la nueva temporada de La Voz le ocupará prácticamente hasta diciembre. “La Voz me absorbe”, admite, por lo que no tiene demasiados proyectos previstos al margen del programa. A partir de enero, deja abierta la posibilidad de afrontar alguna propuesta: “Esta es mi casa y, si hay un proyecto bonito de por medio y es factible, lo haré”.
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“Hacemos equipo entre todos”
Eva está encantada con el nuevo equipo de coaches —conformado por Pablo López, Mika, Lola Índigo y Melendi— y se declara “fan de todos”: “Ya sabes la relación que me une a Pablo y lo quiero muchísimo”. Sobre Lola Índigo, pone en valor su talento, su capacidad de trabajo y su empatía: “Lola es una niña que está subiendo como la espuma y creo que es un ejemplo para todos el ver cómo ella se lo está currando con el talentazo que tiene. Además, los shows que monta, o sea, son impresionantes. También es una niña muy empática”.
Por otro lado, “a Melendi lo conozco también desde hace mucho tiempo, con La Voz Kids y estoy feliz de que vuelva. Sobre todo al de adultos, que es muy distinto y se le ve mucho más serio, mucho más líder”. Por último, sobre Mika, quien se incorporó la pasada temporada al concurso de Antena 3, admite: “Yo estoy enamorada de él, lo digo claramente. O sea, él no quiere nada conmigo, pero yo estoy enamorada de él”.
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¿Hay mal rollo entre los coaches de 'La Voz Kids'? Antonio Orozco y Ana Mena aclaran su relación con mucho humor, explicando por qué se consideran rivales y cómo gestionan la competencia con los otros coaches, Fonsi y Edurne.
La relación entre todos ellos, además, trasciende las horas de grabación. “Cuando termina el programa, se apagan las cámaras, pero no se apaga La Voz”, explica. Los coaches y el equipo continúan compartiendo tiempo y, poco a poco, se crea un vínculo personal. “La verdad es que hacemos entre todos equipo, pero equipo de verdad”, afirma. Por eso, Eva considera que también existe “una amistad muy bonita” y asegura sentirse “muy querida por todos”.
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