
El tamaño de los ganglios linfáticos del cuello puede influir en cómo envejece el cerebro, una hipótesis que gana peso tras una revisión de 96 estudios revisados por pares y que apunta a un posible problema de drenaje fuera del propio encéfalo. Según ScienceAlert, el hallazgo refuerza la idea de que parte del envejecimiento cerebral podría depender de una red de eliminación de desechos que conecta el cerebro con el cuello.
La revisión, publicada en Neurobiology of Aging, ha identificado como rasgo constante del envejecimiento la reducción del tamaño de los ganglios linfáticos cervicales. El cuerpo humano tiene unos 800 ganglios linfáticos, de los que 300 se concentran en la región cervical, una densidad que sugiere una función relevante en esa zona.
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Cada vez hay más indicios de que, con la edad, el sistema linfático que drena el sistema nervioso central lo hace de forma más lenta. La cuestión abierta es si ese frenazo favorece la acumulación de desechos, líquido o patógenos dentro y alrededor del cerebro.
El neurocientífico Onder Albayram, que estudia el envejecimiento cerebral en la Universidad Médica de Carolina del Sur, ha explicado al medio que lo que más le sorprendió fue “la consistencia con la que las pruebas apuntaban más allá del propio cerebro”. A su juicio, la alteración en la eliminación de residuos no debe entenderse solo como un defecto local, sino como una pérdida progresiva de comunicación entre el cerebro y su infraestructura periférica de drenaje.
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Una vía de drenaje cerebral
Los ganglios linfáticos cervicales profundos son órganos inmunitarios situados en el cuello y la cabeza que reciben y limpian el líquido linfático, y atrapan patógenos y células viejas o anormales. Durante años se pensó que esos ganglios solo gestionaban el líquido linfático periférico.
Esa visión cambió en 2015, cuando investigadores identificaron en ratones un sistema linfático oculto en las meninges, la membrana que recubre el cerebro. Dos años después llegó la primera prueba de una red similar en las meninges del cerebro humano.
Desde entonces, la investigación ha apuntado a que los vasos linfáticos meníngeos drenan hacia los ganglios del cuello y también transportan parte del líquido cefalorraquídeo. Ese líquido alcanza zonas profundas del cerebro, donde intercambia productos de desecho y señales inmunitarias con el líquido interneuronal dentro del llamado sistema glinfático.
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Albayram sostiene que ha llegado el momento de considerar el transporte glinfático, los vasos linfáticos meníngeos y los ganglios linfáticos cervicales como componentes de una misma vía de eliminación. También ha precisado que los ganglios del cuello “no son simplemente lugares de recogida pasivos”, sino órganos inmunológicos que reciben moléculas procedentes del sistema nervioso central y señales inmunitarias.

La posibilidad de que ese circuito esté implicado en enfermedades neurológicas ya está sobre la mesa. El medio recoge que hay pruebas crecientes de que el drenaje linfático de las meninges desempeña un papel en patologías como Alzheimer o Parkinson.
Una de las aplicaciones más prometedoras sería usar los ganglios cervicales profundos como señal de alerta de fallos en el drenaje cerebral, aunque esa posibilidad sigue lejos de la práctica clínica. Albayram ha advertido de que todavía no se ha alcanzado el punto en que sus mediciones puedan considerarse un biomarcador clínico.
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Estudios recientes han mostrado que proteínas asociadas al sistema nervioso central, entre ellas la beta-amiloide y la tau fosforilada, pueden detectarse y, en algunos casos, hallarse en grandes cantidades en esos ganglios. En un estudio de 2025, investigadores analizaron muestras de ganglios linfáticos del cuello de 25 participantes con enfermedades neurológicas autoinmunes.
El autor principal de ese trabajo, el médico e investigador Adam Al-Diwani, de la Universidad de Oxford, ha explicado que encontraron niveles altos de proteínas que suelen caracterizar la enfermedad de Alzheimer en muestras de ganglios de personas más jóvenes. Después observaron que ese drenaje disminuía en personas de más edad, lo que sugiere una pérdida de eficacia con el paso del tiempo.
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Las dudas que persisten
La mayor parte de la investigación sobre el sistema linfático cerebral se ha basado hasta ahora en modelos animales y en imágenes de alta resolución en humanos vivos. Estudios de resonancia magnética han revelado que, frente a las personas más jóvenes, las mayores de 50 años presentan ganglios linfáticos cervicales relativamente pequeños y un engrosamiento de los conductos linfáticos.
El drenaje glinfático también parece ralentizarse con la edad, aunque todavía no se ha demostrado si ambos fenómenos están conectados de forma directa. Para aclararlo harán falta estudios longitudinales en humanos, porque sin ese seguimiento no puede saberse si los ganglios del cuello contribuyen a la enfermedad, responden a ella o simplemente acompañan al envejecimiento.
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Los datos en animales, aun así, resultan prometedores. En estudios preclínicos con ratones, cuando se ralentiza de forma intencionada el flujo linfático meníngeo, se depositan en el cerebro más subproductos tóxicos asociados a enfermedades, y las primeras pruebas en roedores sugieren que mejorar la función de drenaje puede acelerar la recuperación tras un ictus o incluso mejorar la memoria.
A partir de esos resultados, equipos de la Universidad de Yale y del Instituto Monash de Ciencias Farmacéuticas ya están desarrollando dispositivos no invasivos para ayudar a bombear con más eficacia los vasos linfáticos del cuello. Otros grupos trabajan con dióxido de carbono para reactivar el sistema de drenaje cerebral y tratar mejor enfermedades como el Parkinson.
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El campo, no obstante, sigue en una fase temprana. Apenas ha pasado una década desde que la red linfática cerebral alteró la comprensión de la neurociencia, y algunos investigadores han advertido de que ciertas señales observadas en resonancias magnéticas pueden interpretarse erróneamente como tejido linfático.
Albayram ha señalado al mismo medio que le gustaría que esta línea de trabajo pasara de describir estructuras aisladas a medir todo el circuito de drenaje, desde el cerebro hasta el cuello, en seres humanos vivos. El objetivo es determinar si la disfunción linfática es una consecuencia del envejecimiento cerebral o uno de los procesos que marcan su ritmo.
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