
La residencia histórica de, ubicada en Windsor Great Park y compuesta por 31 habitaciones, se prepara para abrir una nueva etapa tras la salida definitiva de Andrés Mountbatten-Windsor. La Corona británica ha iniciado el proceso para arrendar la majestuosa finca a un inquilino privado, una operación estratégica impulsada por el rey Carlos III para rentabilizar el patrimonio real, estimando un precio de alquiler que podría alcanzar un millón de libras anuales.
El traspaso de la vivienda no será inmediato, ya que legalmente el exduque de York sigue siendo el responsable de la propiedad hasta el próximo mes de octubre. Solo cuando expire de forma oficial su compromiso legal, la Corona podrá iniciar las obras de reforma necesarias y formalizar la entrada del nuevo arrendatario, quien deberá asumir unos gastos de mantenimiento y funcionamiento estimados en unas 400.000 libras esterlinas (alrededor de 466.000 euros) al año.
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La búsqueda de un habitante para la histórica villa no dependerá únicamente de la capacidad económica. La Casa Real y las autoridades británicas someterán a los candidatos a rigurosos controles de seguridad antes de conceder el contrato, dado el valor patrimonial de la mansión y su ubicación estratégica en los terrenos reales.
La familia real descartada al completo
El futuro de Royal Lodge ha descartado por completo su continuidad entre los miembros de la familia real. Se ha confirmado que la reina Camila no ocupará la propiedad en el futuro, así como tampoco lo harán los príncipes de Gales, Guillermo y Catalina, quienes han optado por firmar un contrato de arrendamiento por 20 años en la cercana Forest Lodge. Por su parte, Sarah Ferguson, exesposa de Andrés y con quien compartió residencia en el palacete, regresará al Reino Unido tras una estancia en Suiza para alquilar una casa de seis habitaciones en los condados colindantes a Londres.
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Asimismo, los informes de la Corona revelan que Andrés obtenía ingresos privados mediante el subarriendo de tres casas rurales situadas dentro de la propia finca de Royal Lodge, una actividad cuyos importes exactos no pudieron ser determinados por la Oficina Nacional de Auditoría pero que finalizará con el cambio de gestión.
Dos décadas de historia y grandes inversiones
La relación de Andrés con Royal Lodge comenzó en el año 2003, cuando firmó un contrato de arrendamiento por 75 años tras abonar un millón de libras (aproximadamente 1,16 millones de euros). A lo largo de más de dos décadas de estancia junto a su familia, el hijo de Isabel II invirtió otros 7,5 millones de libras (unos 8,7 millones de euros) en trabajos de reforma y restauración de la villa de 30 habitaciones.
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El exduque de York, el príncipe Andrés, enfrenta a la justicia tras ser arrestado. La operación se produce después de la publicación de documentos que lo vinculan con la red de Jeffrey Epstein y sugieren que pudo compartir información sensible del gobierno británico.
El exfamilia real devolvió voluntariamente su contrato a la Corona antes de abandonar formalmente la mansión en febrero. Desde el pasado mes de abril de 2026, Andrés reside en Marsh Farm, una vivienda ubicada dentro de la finca real de Sandringham, en el condado de Norfolk, marcando el cierre definitivo de su etapa en el gran complejo de Windsor.
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