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Un estudio lo confirma: la hora a la que desayunas afecta a tu esperanza de vida

Los investigadores estiman una diferencia de un 29% de probabilidad de mortalidad entre quienes desayunan a las 8 horas y los que lo hacen a las 12

Un desayuno con café, fresas y croissants (Canva)
Un desayuno con café, fresas y croissants (Canva)
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La hora a la que consumimos nuestro primer alimento del día puede ser crucial para tu salud. Aunque generalmente las recomendaciones de nutrición se centran de manera casi exclusiva en los componentes de la dieta, un nuevo estudio publicado en la European Journal of Clinical Nutrition determina que nuestro reloj biológico desempeña un papel fundamental. Pero, ¿cómo se relaciona el retraso sistemático del desayuno con un incremento notable en el riesgo de mortalidad?

El análisis examinó los datos de 31.044 adultos estadounidenses de 40 años o más que participaron en la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición (NHANES) entre 1999 y 2018. Tras realizar un seguimiento promedio de 8,6 años, durante el cual fallecieron 7.129 personas (2.259 de ellas por causas cardiovasculares), los científicos hallaron una tendencia muy clara: cuanto más tarde se inicia la primera comida del día, mayor es la probabilidad de sufrir una muerte prematura.

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De esta forma, el equipo liderado por el doctor Zhilei Shan, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong (China), determinó que aquellos que desayunaban entre las 7 y las 8 de la mañana presentaban el menor riesgo de muerte. A medida que el horario se retrasaba, el riesgo aumentaba de forma progresiva: desayunar entre las 8 y las 10 se asociaba con un 10% más de riesgo de muerte por cualquier causa; entre las 10 y las 12, con un 19% adicional; y hacerlo después del mediodía, con un 29% más.

Plato con dos tostadas, una de aguacate y salmón troceado, otra de queso crema, aguacate y salmón ahumado. Café, miel, aceitunas, pan, vaso de agua, tenedor.
Dos tostadas con aguacate y salmón se presentan en un plato de cerámica, acompañadas de una taza de café con arte latte, miel, aceitunas, pan artesanal y un vaso de agua sobre una mesa blanca. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En otras palabras, quienes comían por primera vez después de las 12 del mediodía tenían, en promedio, 2,46 años menos de esperanza de vida a los 50 años que quienes desayunaban entre las 7 y las 8. Así, el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular es especialmente pronunciado: un 46% superior entre los que retrasaban la primera comida hasta después del mediodía. La cena también mostró una pauta relevante, aunque de forma diferente: el menor riesgo se registró en quienes cenaban entre las 19 y las 20 horas. Cenar antes de las 19 se asoció con un 13% más de riesgo de muerte, y hacerlo después de la medianoche, con un 27% adicional.

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¿Por qué importa la hora?

Los investigadores apuntan al ritmo circadiano como mecanismo central. “El horario de las comidas es una señal importante para los relojes circadianos periféricos”, explica Shan. Por lo que “una primera comida tardía o comer de noche puede contribuir a la desalineación circadiana y a alteraciones metabólicas, como el deterioro del metabolismo de los lípidos y la glucosa”.

Esta hipótesis cuenta con respaldo institucional. En octubre de 2025, la Asociación Americana del Corazón (AHA) advertía en su revista Circulation que las disrupciones del ritmo circadiano —causadas, entre otros factores, por horarios irregulares de comida— se asocian con mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedad cardiovascular. Los expertos de la AHA ya señalaban, de esta forma, que “comer antes en el día, como desayunar antes de las 8 de la mañana, se asocia con menor riesgo de diabetes tipo 2 y mejores resultados cardiometabólicos”. Así, subrayan que alinear los comportamientos diarios —cuándo se duerme, se come y se hace ejercicio— con el reloj interno del organismo es fundamental para la salud cardiometabólica.

Un desayuno con zumo, café, cereales y croisants (Canva)
Un desayuno con zumo, café, cereales y croissants (Canva)

Además, otra investigación llevada a cabo por el sistema del Massachusetts General Hospital refuerza estos hallazgos desde otra perspectiva. El equipo del doctor Hassan Dashti analizó datos de 2.945 adultos del Reino Unido, con edades entre los 42 y los 94 años, durante más de 20 años. Sus resultados mostraron que un desayuno más tardío se asocia de forma consistente con depresión, fatiga, problemas de salud bucodental y mayor riesgo de muerte. En definitiva, “un horario de comidas más tardío, especialmente el desayuno retrasado, está vinculado tanto a problemas de salud como a un mayor riesgo de mortalidad en adultos mayores”, afirmaba Dashti.

Pese a ello, los propios autores del estudio de la NHANES advierten que se trata de un estudio observacional: el horario de comidas se registró a partir de un único recordatorio de 24 horas al inicio del seguimiento, lo que puede no reflejar los hábitos a largo plazo. Asimismo, algunos factores no medidos, como el cronotipo o los patrones de sueño, podrían influir en los resultados.

Por su parte, el doctor Shan insiste en que “basándose únicamente en estos hallazgos, las personas no deberían hacer cambios extremos en sus horarios de alimentación”. Del mismo modo, “comer tarde debe interpretarse como un marcador de riesgo potencial, y posiblemente como un comportamiento modificable, más que como evidencia definitiva de un efecto causal directo”.

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