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Para qué sirve colocar hojas de laurel en los armarios y cajones: el remedio natural definitivo que recomiendan los expertos en orden y limpieza

Entre las plagas que el laurel mantiene a raya figuran las polillas, los gorgojos, las cucarachas y las hormigas

Ilustración estilo acuarela de un cuenco de madera lleno de hojas de laurel secas, con algunas hojas dispersas sobre una superficie de madera oscura.
Una ilustración estilo acuarela de hojas de laurel secas. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Las hojas de laurel, ese ingrediente habitual en la cocina, tienen un uso que va más allá de los fogones: colocadas en armarios, cajones y despensas, actúan como un repelente natural de insectos y un desodorizante eficaz, según coinciden numerosos estudios de expertos en orden y limpieza del hogar.

El principio activo detrás de esta propiedad es el cineol, un compuesto aromático presente en los aceites esenciales del laurel que, aunque agradable para el olfato humano, interfiere directamente con el sistema nervioso y los receptores sensoriales de los insectos. Una investigación publicada en el Journal of Stored Products Research confirmó recientemente que los aceites esenciales de la hoja de laurel muestran una actividad repelente e insecticida contra plagas domésticas comunes. Otro estudio ha señalado que estos compuestos provocan altas tasas de mortalidad en los insectos expuestos.

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Entre las plagas que el laurel mantiene a raya figuran las polillas, que atacan prendas de lana, algodón y lino; los gorgojos, que infestan harinas, arroces y cereales; las cucarachas; las hormigas; y los lepismas o pececillos de plata, frecuentes en espacios oscuros y húmedos. A diferencia de las bolas de naftalina o los sprays químicos, el laurel es inocuo tanto para las personas como para las mascotas, lo que lo convierte en una opción viable en hogares con niños.

El mecanismo de acción no se limita a la repulsión por olor. El aroma del laurel enmascara las feromonas que las hormigas utilizan para trazar sus rutas hacia las fuentes de alimento, lo que desorienta a las colonias e interrumpe su comunicación. Además, la intensidad aromática del cineol y otros terpenos abruma los receptores de los insectos, haciendo que el área tratada les resulte hostil.

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Otras funciones del laurel

Más allá de la función como repelente, el laurel absorbe el exceso de humedad en los espacios cerrados, lo que frena la aparición de moho. Su fragancia herbal neutraliza los olores a encierro o humedad propios de armarios poco ventilados, reduciendo la dependencia de ambientadores artificiales.

Para aprovechar al máximo estas propiedades, los especialistas recomiendan utilizar hojas enteras y secas, ya que conservan los aceites esenciales por más tiempo que la versión en polvo. La dosis sugerida es de tres a cinco hojas por cajón o estante. En el caso de las prendas de temporada, basta con introducir una hoja entre cada prenda doblada antes de guardarla. Para las despensas, las hojas pueden colocarse directamente dentro de los recipientes de alimentos secos.

Otra modalidad de uso consiste en introducir las hojas en pequeñas bolsitas de tela transpirable, como muselina, que pueden distribuirse por los estantes del armario o entre la ropa de cama. Esta presentación facilita el mantenimiento, ya que las bolsitas se retiran y renuevan con facilidad. El punto débil del método es su duración: los aceites volátiles del laurel se disipan con el tiempo, por lo que la eficacia disminuye de forma gradual. Los expertos aconsejan reemplazar las hojas cada dos o tres meses, o antes si el aroma se ha atenuado de manera perceptible.

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