Agregar Infobae enGoogle

Por qué nunca deberías guardar las patatas junto a las cebollas: el error común en la cocina que estropea la comida antes de tiempo

Aunque ambos vegetales prefieren lugares frescos y alejados del frigorífico, sus exigencias de humedad y ventilación son incompatibles, y su convivencia dispara la descomposición de los dos

Cuatro mitades de cebolla blanca y morada, crudas y cocinadas, sobre una tabla de madera con sal y perejil.
Mitades de cebolla blanca y morada, crudas y asadas, reposan sobre una tabla de madera junto a granos de sal y hojas de perejil. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Guardar

Guardar las patatas junto a las cebollas en la misma cesta o rincón de la despensa es una práctica tan extendida como perjudicial: este hábito acelera el deterioro de ambos vegetales, al enfrentarlos a condiciones de almacenamiento que ninguno de los dos puede tolerar bien.

La explicación tiene base científica. Ambos vegetales comparten la preferencia por lugares frescos y alejados del frigorífico, pero sus necesidades específicas divergen. Las patatas requieren un ambiente con cierto nivel de humedad, fresco y oscuro. Las cebollas, en cambio, se conservan mejor en espacios secos y con buena ventilación. Cuando conviven en el mismo lugar, ninguna obtiene las condiciones que necesita y la degradación se acelera en las dos.

PUBLICIDAD

Detrás del problema también está el gas etileno, un compuesto natural que liberan ciertos alimentos al madurar. Este gas actúa como una señal química que acelera el proceso de maduración —y, por tanto, de descomposición— en los productos cercanos. Las cebollas emiten humedad y compuestos volátiles que propician que las patatas broten antes de tiempo y se ablanden con mayor rapidez. El resultado es una pérdida de calidad que ocurre semanas antes de lo que ocurriría si se almacenaran por separado.

Una patata entera, bastones de patata pelada y cortada, y un cuchillo de chef con mango negro sobre una tabla de madera.
Patatas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El mismo principio rige para otros alimentos de uso cotidiano. Los plátanos muy maduros no deberían guardarse junto a frutas más verdes, ya que el etileno que emiten acelera la maduración de todo lo que tienen alrededor. 

PUBLICIDAD

Los tomates conservan mejor su textura y sabor a temperatura ambiente, aunque la refrigeración puede ralentizar su deterioro. El ajo entero debe mantenerse en un lugar fresco y ventilado, mientras que el ajo pelado o cortado sí pertenece al frigorífico. Las hierbas aromáticas duran más cuando se tratan como flores: con el tallo cortado y sumergido en agua, o envueltas en un paño húmedo dentro del refrigerador.

En el libro ‘Recetas de la Transición’, Berta Álvarez Acal muestra cómo la forma de comer de los españoles reflejaba un contexto de cambio, apertura y novedades. Desde la llegada del jamón york o el menú del día hasta la salida de las mujeres de la cocina con la llegada de la olla exprés y el lavavajillas.

Otro error frecuente que contribuye al desperdicio alimentario es lavar y cortar frutas y verduras antes de guardarlas. Los expertos recomiendan esperar a lavar los alimentos justo antes de consumirlos y mantenerlos lo más secos posible durante el almacenamiento.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) estima que la confusión sobre las etiquetas de caducidad genera alrededor del 20% del desperdicio alimentario entre los consumidores, ya que muchas personas interpretan las fechas de consumo preferente como indicadores de seguridad absoluta. Sin embargo, un vegetal ligeramente marchito o blando no equivale necesariamente a un alimento en mal estado: un producto un poco mustio o algo blando suele ser más una cuestión de calidad que de seguridad alimentaria. Las señales que sí indican que un alimento debe desecharse son más evidentes: moho visible, textura viscosa, líquido que se filtra o un olor fuerte y desagradable.

La organización World Wildlife Fund (WWF) ha advertido que el desperdicio doméstico representa la mayor proporción de pérdida de alimentos en toda la cadena de suministro. Cuando la comida llega a los vertederos, se descompone en un ambiente sin oxígeno y genera metano, un gas de efecto invernadero especialmente nocivo para el clima.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD