La contaminación engorda: un estudio español muestra que la exposición a la polución atmosférica provoca un aumento de grasa corporal

La investigación balear relaciona el incremento de grasa corporal con mayores niveles de polución

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Fotografía de archivo de contaminación en la ciudad de Barcelona. EFE/Alejandro García.
Fotografía de archivo de contaminación en la ciudad de Barcelona. EFE/Alejandro García.

La contaminación del aire es el segundo factor de riesgo de mortalidad a nivel mundial, según los últimos estudios. Se considera que provoca alrededor de 8,1 millones de muertes anuales, calcula la Organización Mundial de la Salud (OMS), generando enfermedades respiratorias, problemas cardiovasculares e incluso algunos cánceres, entre otras patologías.

Los efectos de la contaminación también parecen notarse en el peso. Un nuevo estudio publicado en la revista Diabetes Care revela que la exposición a largo plazo a la contaminación atmosférica puede contribuir a un aumento de la grasa corporal total, así como a una reducción de la masa magra (o masa libre de grasa), en personas mayores con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico.

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La investigación, liderada por investigadoras del Instituto de Investigación Sanitaria Illes Balears (IdISBa) y del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER), ha analizado datos de 1.454 participantes del ensayo PREDIMED-Plus, un estudio multicéntrico de prevención cardiovascular pionero en España.

El equipo evaluó la exposición de los usuarios a varios contaminantes atmosféricos, como el carbono negro, las partículas finas (PM2.5) y el dióxido de nitrógeno (NO2), en cinco ciudades españolas: Pamplona, León, Palma, Reus y Barcelona, siendo esta última la más contaminada. Después, procedieron a relacionar la exposición con medidas detalladas de su composición corporal. Los voluntarios se sometieron a exploraciones corporales mediante densitometría (DXA) —una técnica de imagen de alta precisión— al inicio, al año y a los tres años de seguimiento.

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Más grasa visceral, menos grasa magra

Cómo es un análisis de composición corporal (Canva)
Un hombre se somete a un análisis de composición corporal (Canva)

El análisis mostró que la exposición crónica a la contaminación del aire se asoció con un aumento del porcentaje de grasa corporal y una reducción de la masa magra tanto al inicio como tras uno y tres años de seguimiento. El carbono negro, marcador del tráfico urbano, fue el contaminante con mayor impacto, según los autores. “Vivir en zonas con niveles más elevados se asoció con una pérdida de casi un kilo de masa magra en tres años, lo que subraya la importancia de considerar la contaminación atmosférica como un factor ambiental que puede influir en la salud metabólica", ha explicado en un comunicado la doctora Ariadna Curto, primera autora del estudio.

Por su parte, las partículas finas y el dióxido de nitrógeno también se asociaron con mayor porcentaje de masa corporal, si bien sus asociaciones fueron menos marcadas. Por grupos etarios, el aumento de grasa visceral, es decir, aquella que se acumula en los órganos internos, fue mayor en los participantes de menos de 65 años. “El efecto solo fue evidente en participantes menores de 65 años, lo que sugiere que los contaminantes podrían favorecer una mayor acumulación de grasa visceral en adultos más jóvenes, cuyo tejido adiposo aún tiene capacidad de crecer”, ha apuntado la doctora Dora Romaguera, última autora del estudio.

Los investigadores consideran que estos cambios en la composición corporal son especialmente relevantes porque la acumulación de grasa y la pérdida de masa magra están estrechamente vinculadas con un mayor riesgo cardiometabólico, especialmente en personas con exceso de peso.

No es la primera vez que se señala la relación entre contaminación y grasa corporal. En el año 2010, el estudio Di@betes.es concluyó que el aumento de las temperaturas ambientales contribuye al incremento de las tasas de sobrepeso y obesidad a nivel mundial. En esta investigación española, los autores mostraron que las áreas de temperaturas más cálidas ( entre 17,8 y 21,3 grados) tenían tasas de obesidad más altas (33,6%).

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