Felipe de Edimburgo tuvo cáncer de páncreas los ocho años anteriores a su muerte

La biografía de Hugo Vickers desvela que el duque habría sido diagnosticado en 2013, un hecho que nunca se hizo público

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Imagen de archivo, tomada en junio de 2012, de la reina Isabel II y su marido, el príncipe Felipe, enlas carreras de Ascot. EFE/EPA/ANDY RAIN
Imagen de archivo, tomada en junio de 2012, de la reina Isabel II y su marido, el príncipe Felipe, enlas carreras de Ascot. EFE/EPA/ANDY RAIN

La salud del desaparecido Felipe de Edimburgo, marido de Isabel II, fue presentada como la de un hombre longevo que afrontaba el desgaste propio de la edad. Sin embargo, una nueva biografía cuestiona ese relato y sugiere que, lejos de tratarse únicamente de un envejecimiento natural, el duque habría convivido en privado con una enfermedad grave los últimos años de su vida.

La afirmación aparece en La reina Isabel II, obra del biógrafo Hugo Vickers, cuyos extractos están siendo publicados en la prensa británica. En ellos se sostiene que el marido de Isabel II fue diagnosticado de cáncer de páncreas en 2013, tras un ingreso hospitalario que en su momento no generó especial atención pública. Según este relato, la enfermedad fue considerada inoperable desde el inicio y se mantuvo fuera del conocimiento público hasta su muerte.

El episodio clave habría tenido lugar en junio de ese año, cuando Felipe de Edimburgo permaneció ingresado varios días en la London Clinic por problemas abdominales. De acuerdo con la versión del autor, las pruebas médicas realizadas entonces permitieron detectar una anomalía en el páncreas. Una intervención exploratoria posterior habría confirmado el diagnóstico, marcando el inicio de un proceso que se desarrolló con total discreción.

A partir de ese momento, la información oficial no reflejó ningún cambio significativo. Los comunicados difundidos por la Casa Real británica siguieron un patrón habitual: referencias a revisiones médicas, ingresos puntuales y una reducción progresiva de la actividad pública. En ningún caso se hizo alusión a una patología de larga duración ni a un cuadro clínico de especial gravedad.

El duque de Edimburgo, el príncipe Felipe. EFE/EPA/KAREL PRINSLOO/Archivo
El duque de Edimburgo, el príncipe Felipe. EFE/EPA/KAREL PRINSLOO/Archivo

Esas noticias, totalmente entendibles dada la edad del duque, contribuyeron a consolidar la percepción de normalidad en torno a su estado de salud. La retirada de la vida institucional en 2017 fue interpretada como un paso lógico debido a su avanzada edad, sin que surgieran dudas relevantes sobre posibles causas médicas más complejas.

No obstante, la versión que ahora desvela Vickers cuenta una lectura distinta de aquellos años. Bajo esta perspectiva, algunos episodios adquieren un nuevo significado, especialmente en lo relativo a la planificación interna de la familia real y al control de la información. El libro incluso recoge que, en determinados momentos, llegaron a circular rumores de tal magnitud que se valoraron escenarios excepcionales ante un posible fallecimiento en contextos sensibles para la vida política británica.

El caso vuelve a poner sobre la mesa el tradicional hermetismo de la monarquía británica en cuestiones de salud. La gestión de este tipo de información ha sido históricamente restrictiva, priorizando la privacidad de sus miembros y la estabilidad institucional. Sin embargo, revelaciones como esta reabren el debate sobre hasta qué punto debe prevalecer ese criterio en figuras de relevancia pública.

Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, en carruaje rumbo al Castillo de Windsor, Gran Bretaña, 18 junio 2001. 
(REUTERS)
Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, en carruaje rumbo al Castillo de Windsor, Gran Bretaña, 18 junio 2001. (REUTERS)

Finalmente, Felipe de Edimburgo falleció el 9 de abril de 2021 en el castillo de Windsor, a pocas semanas de cumplir cien años. En su certificado de defunción se indicó la vejez como causa de la muerte, sin menciones a enfermedades previas. Ahora, con la aparición de esta nueva versión, se plantean interrogantes sobre lo que realmente ocurrió durante sus últimos años y sobre el alcance del silencio que rodeó su estado de salud.