Encuentran la primera sanguijuela medicinal en Ciudad Real después de cinco décadas en las que se creía “prácticamente extinguida”: ¿cómo ayuda a los trombos de sangre?

El fotógrafo Francisco Bermejo Fernández ha descubierto al ‘Hirudo medicinalis’ en el municipio de Horcajo de los Montes

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Las sanguijuelas 'Hirudo medicinalis' se han empleado a lo largo de la historia para funciones curativas
Un ejemplar de 'Hirudo medicinalis' (Canva)

Cuando los analgésicos, las cirugías y la anestesia estaban a siglos de descubrirse, la medicina se construía con los conocimientos de curanderos, barberos o sangradores. La mayoría de las técnicas empleadas eran dolorosas a la par que poco higiénicas. Aunque existen algunas que se siguen empleando hoy, aunque de una forma actualizada. En particular, la “realización de sangrías en medicina es muy antigua. Es posible que ya se utilizara en la Edad de Piedra”, incluso, como resalta la Sociedad Española de Farmacología en un estudio llamado ‘Historiofarmacoetimología de la hirudina’.

Según el informe, la hirudina es una sustancia anticoagulante que se encuentra en la saliva de ciertas sanguijuelas, aunque hoy se emplea su variante obtenida mediante biotecnología. De hecho, “era muy abundante en el siglo XIX y se calculaba que más de 50 millones vivían en los pantanos y estanques de Francia”, resaltan los expertos. No obstante, “hoy se encuentran prácticamente extinguidas en su medio natural como consecuencia de la desecación de pantanos, los pesticidas, la polución y la introducción de especies exóticas”.

Por este motivo, el descubrimiento de un ejemplar de una ‘Hirudo medicinalis’ ha despertado la curiosidad científica. El hallazgo ha tenido lugar en Horcajo de los Montes, en la provincia de Ciudad Real, gracias al fotógrafo Francisco Bermejo Fernández. Al parecer, según la información publicada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), la última referencia documentada sobre la presencia de esta sanguijuela en la provincia se remontaba a mediados de la década de 1970. Además, los gráficos de la plataforma Observation, muestran que la presencia de la sanguijuela medicinal en la Península Ibérica es muy reducida, con registros dispersos localizados principalmente en la cordillera Cantábrica, Pirineos y norte de Cataluña.

El fotógrafo logró no solo localizar, sino también fotografiar y grabar un ejemplar de este anélido, cuya identificación definitiva aún está pendiente de confirmación. No obstante, el propio Bermejo Fernández ha explicado a Lanza que la ausencia de referencias en las últimas décadas no necesariamente implica la desaparición de la especie en la provincia. El avistamiento se produjo en las inmediaciones del área de influencia del Parque Nacional de Cabañeros, lo que añade valor al registro, pues estos ecosistemas suelen albergar especies sensibles a la calidad ambiental.

Las sanguijuelas 'Hirudo medicinalis' se han empleado a lo largo de la historia para funciones curativas
Un ejemplar de 'Hirudo medicinalis' (Wikimedia Commons)

Un mordisco indoloro pero con un sangrado prolongado

Las sanguijuelas medicinales han desempeñado un rol destacado en la historia de la medicina europea. Hasta bien entrado el siglo XIX, su uso terapéutico era común en diversos tratamientos, integrándose en las farmacopeas de la época. Durante ese periodo, los habitantes de zonas rurales capturaban estos animales en ríos y humedales, y su mantenimiento en farmacias era bastante habitual. Incluso en los años 70, la presencia de sanguijuelas en charcas y cursos de agua dulce de la provincia era frecuente, y no era raro que las personas que se bañaban en estos entornos acabaran con algún ejemplar adherido a la piel.

La mordedura de la Hirudo medicinalis se distingue por su carácter prácticamente indoloro y por provocar un sangrado prolongado. Esto se debe a las sustancias anticoagulantes y anestésicas que el animal libera al fijarse en su hospedador. Desde el punto de vista biológico, las sanguijuelas son anélidos que habitan principalmente en aguas dulces o en suelos con alta humedad, aunque solo una fracción de las aproximadamente 700 especies descritas en el mundo es hematófaga. La mayoría de las especies apenas alcanza entre 10 y 20 milímetros, aunque existen ejemplares de mayor tamaño.

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¿Se usan actualmente estos métodos?

La hirudina, anticoagulante presente en la saliva de algunas sanguijuelas, ha tenido un papel relevante en la historia de la medicina. Sin embargo, en la actualidad, su uso directo ha sido sustituido casi por completo gracias a los avances de la biotecnología recombinante. Hoy en día, existen derivados comerciales como la lepirudina y la desirudina. “Se ha empleado para la prevención de la trombosis venosa profunda en cirugía protésica de rodilla y cadera”, mientras que la lepirudina “se ha utilizado en la enfermedad tromboembólica en presencia de trombocitopenia”, como afirma el informe de la Sociedad Española de Farmacología.

Además, otros preparados modernos, como los hirulogs, también se obtienen de manera sintética o a partir de modificaciones enzimáticas de las hirudinas. Entre ellos destaca la bivalirudina, que actúa bloqueando la trombina, una enzima clave en la coagulación. Estos fármacos presentan ventajas frente a las heparinas tradicionales: “No se inactivan por las proteínas antiheparinas, no tienen efectos directos sobre las plaquetas o las células endoteliales, no precisan de antitrombina III para su interacción con la trombina y no afectan a la trombina unida al subendotelio vascular”, como señala el estudio.

Así, se emplean en la “prevención o tratamiento del tromboembolismo venoso, tras angioplastia o terapéutica trombolítica y en hemodiálisis o derivación cardiopulmonar”. De este modo, las sanguijuelas siguen teniendo un lugar en la medicina moderna, especialmente en “procedimientos que precisen de la reducción de la congestión venosa en colgajos cutáneos libres, colgajos pediculados e injertos cutáneos”.