Cómo hacer que disminuyan los conflictos con tus hijos, según una psicóloga

La clave es comunicar límites con respeto y claridad para reducir discusiones diarias

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Padre e hijo
Créditos: Freepik

El intento de los padres por controlar el comportamiento de sus hijos suele agudizar los conflictos familiares, pero la psicóloga Claire Lerner sostiene que establecer límites claros de forma respetuosa es la estrategia más eficaz para reducir la oposición y la rebeldía infantil. Según expone Lerner en un artículo para Psychology Today, fijar límites sin intentar controlar al otro genera un entorno emocional más estable y enseña habilidades clave como la empatía y la autorregulación.

Según su estudio, la respuesta primaria de los niños cuando perciben que su autonomía se ve amenazada es la resistencia. Este fenómeno, identificado como la causa principal de los conflictos familiares por la profesional, confirma la fuerza del impulso humano de mantener la independencia, incluso en edades tempranas.

La clave está en las “cuatro C”

Para transformar la dinámica y minimizar enfrentamientos cotidianos, Lerner recomienda que los padres adopten el enfoque de los límites, conocidos como las “cuatro C” de la delimitación eficaz: claridad, concisión, cuidado y constancia.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Una madre conversa con su hijo adolescente mientras desayunan en la cocina de su hogar. El joven, concentrado en su dispositivo móvil, escucha atentamente mientras la madre muestra interés y preocupación. La imagen refleja la importancia de la comunicación familiar en la era digital. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La claridad implica comunicar el límite de forma directa y específica, evitando vaguedades o insinuaciones. La concisión orienta a los padres a ser breves, sin recurrir a largas explicaciones que diluyen el mensaje e invitan a la discusión. El cuidado exige que el límite se exprese con respeto hacia ambas partes, mientras que la constancia asegura que el límite se mantenga invariable ante las pruebas y el paso del tiempo.

Por ejemplo, en una interacción típica entre adultos y niños, una reacción basada en la imposición, como “¡Deja de gritarme!”, suele escalar el conflicto. Lerner propone reemplazar ese impulso con límites positivos y explícitos como: “No puedo ayudarte mientras me gritas. Voy a hacer una pausa y podemos intentarlo de nuevo en unos minutos, porque me gustaría poder ayudarte”.

En situaciones en las que el niño demanda atención mientras el adulto necesita realizar otra actividad importante, la psicóloga recomienda comunicar el límite seguido de una alternativa concreta y segura. Así, el menor aprende a esperar y entender que las necesidades de los demás también merecen consideración.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
(Imagen Ilustrativa Infobae)

Para reducir los conflictos hay que poner límites

Uno de los desafíos principales identificados por Lerner es la presión social que experimentan los padres respecto al establecimiento de límites. La especialista señala que muchos progenitores interpretan la delimitación como una forma de rechazo que puede perjudicar el apego. Como por ejemplo, una madre preocupada por poner a su hijo en un espacio separado mientras hace una llamada urgente.

De acuerdo con la psicóloga, estas creencias son incorrectas y pueden resultar contraproducentes. Poner límites “de manera amorosa y firme” permite a los niños comprender que los demás tienen necesidades, que pueden tolerar la espera y que la relación de apego es sólida, incluso cuando el adulto no está disponible de forma permanente.

El segundo obstáculo es la dificultad que enfrentan los padres para resignar el control en situaciones donde consideran que la decisión del hijo es perjudicial. Lerner observa que, en estos casos, el diálogo se convierte en negociaciones y amenazas, lo que incrementa la resistencia infantil y da pie a estrategias como el chantaje.