Este alimento se transforma en el frigorífico para fortalecer el sistema inmunológico

El almidón del arroz se convierte en almidón resistente al enfriarse, lo que favorece el crecimiento de las bacterias intestinales

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Bol de arroz blanco. (Adobe
Bol de arroz blanco. (Adobe Stock)

Un alimento tan cotidiano como el arroz puede convertirse en un verdadero superalimento. Al cocinarlo y luego refrigerarlo, su estructura química se transforma, lo que puede favorecer el sistema inmunológico y mejorar la salud metabólica.

El doctor William Li, experto en cómo la alimentación puede ayudar a combatir enfermedades, ha compartido un método accesible para optimizar la salud intestinal y prolongar la expectativa de vida mediante el consumo de arroz refrigerado. Según el especialista, el secreto no está solo en los nutrientes del grano, sino en el proceso térmico al que se somete antes de comerlo.

Así, al cocinar el arroz y dejarlo reposar en la nevera hasta el día siguiente, se produce una transformación molecular que beneficia directamente al organismo. Este cambio genera lo que la ciencia llama almidón resistente, un tipo de almidón que el cuerpo no puede digerir en el intestino delgado. Al llegar intacto al colon, actúa como un potente prebiótico que nutre a las bacterias intestinales beneficiosas.

Arroz blanco cocido. (Imagen Ilustrativa
Arroz blanco cocido. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El procedimiento es simple: “Cocina el arroz, mételo en el frigorífico y cómelo al día siguiente”, explicó el doctor. De esta forma, el almidón tradicional del arroz se transforma en almidón resistente, alimentando a las bacterias buenas del intestino. Este cambio también disminuye significativamente el índice glucémico del alimento, ayudando a prevenir los picos de azúcar en sangre que suelen ocurrir después de ingerir carbohidratos simples.

Los beneficios del almidón

Tras un estudio realizado por el propio doctor William Li, en el que reunieron a un grupo de personas mayores de 100 años para analizar su microbioma intestinal, llegaron a la conclusión de que había cuatro bacterias presentes en todos ellos, lo que el propio Li considera “un descubrimiento revolucionario”.

Estos microorganismos, llamados Akkermansia, Odoribacter, Oscillibacter y Christensenella, prosperan cuando reciben almidón resistente. “Algunas de ellas, como el Odoribacter, refuerzan el sistema inmunitario y protegen frente a bacterias y virus”, explicó el especialista, que se refiere a estas cuatro bacterias como “los cuatro jinetes de la longevidad”.

Entre los alimentos que favorecen la longevidad se encuentran frutas como la granada, los arándanos o las uvas, así como ciertos tipos de chiles y frutos rojos. Sin embargo, el doctor Li hace especial hincapié en los almidones resistentes. La clave para obtener sus beneficios está tanto en la constancia como en la correcta preparación de los alimentos.

Un cazo con arroz. VisualesIA
Un cazo con arroz. VisualesIA

Por ejemplo, el doctor explica que otros alimentos, como las patatas, al cocinarlas y enfriarlas, sufren un proceso químico que favorece la formación de este tipo de almidón. “Ese cambio de temperatura modifica la composición química del almidón”, afirma Li, señalando que este efecto estimula la proliferación de las bacterias asociadas a la longevidad.

El doctor Li sostiene que pequeñas modificaciones en la rutina culinaria pueden remodelar el microbioma intestinal de manera significativa en pocas semanas. Al priorizar la salud de las bacterias intestinales, el cuerpo recupera energía y vitalidad, reduciendo al mismo tiempo el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas asociadas al envejecimiento y al sedentarismo.

Además, según Annette Goldberg, dietista del Instituto Oncológico Dana-Farber de Boston, hay indicios de que los almidones resistentes también podrían ayudar a reducir el riesgo de ciertos tipos de cáncer.