La mujer que ha aprendido a leer y a escribir a los 92 años después de dedicarse toda la vida a su familia: “Quería recuperar lo que perdí de pequeña”

Lola Campos representa a toda una generación de mujeres que se ha dedicado solamente a cuidar de los demás y no ha podido escolarizarse hasta la tercera edad

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Lola Campos va a la
Lola Campos va a la escuela a sus 92 años. (Adobe Stock)

A los 92 años, Dolores Campos Brito, conocida como Lola, ha conseguido lo que muchos, sobre todo mujeres de su generación, dan por sentado: aprender a leer y a escribir. Después de casi toda una vida dedicada al cuidado de su familia, Lola ha vuelto a las aulas. Su historia es la de una mujer que, tras décadas postergando sus propios sueños, decidió recuperar aquello que la vida le negó de niña: la oportunidad de estudiar.

Lola empezó la escuela a los seis años, pero apenas pudo asistir unos meses. Su familia necesitaba manos y ella dejó los lápices y cuadernos para ayudar a su madrina con los niños. “Yo estaba más en su casa que en la mía”, recuerda. El periódico L’ Empordà explica que desde entonces, la mayor parte de su tiempo lo dedicó a cuidar a otros. A los ocho años, Lola se hizo cargo de su madre, que sufría del corazón y asma, y la acompañó hasta su muerte.

El deseo de aprender nunca desapareció del todo. De pequeña, Lola cogía libros a escondidas para intentar descifrar palabras y frases, aunque temía las burlas de sus hermanos. “Después se lo leía a mi madre”, cuenta. Ninguno de sus hermanos pudo ir a la escuela, aunque el ambiente en casa era culto: su padre era músico militar y su madre hablaba tres idiomas y tocaba el arpa. Tras la muerte de su madre, fue una hermana quien enfermó, y Lola volvió a posponer sus propios planes para cuidar a sus sobrinos. “Le dije a mi marido que antes estaban los míos, que no me casaba porque tenía que cuidar a los hijos de mi hermana”, explica Lola.

Una vida marcada por el cuidado a los demás

No fue hasta los 27 años, tras la muerte de su hermana, que Lola se casó. Los años junto a su marido y sus tres hijos fueron para ella los más felices. Hoy, rodeada de una gran familia con cuatro nietos, tres bisnietos y una tataranieta, afirma con orgullo: “Son lo más grande que Dios me ha dado”. Pero incluso en esta etapa, su propia formación seguía siendo una cuenta pendiente.

La mujer ha dedicado toda
La mujer ha dedicado toda su vida al cuidado. (Europa Press)

La oportunidad llegó mucho después, cuando ya se peinaba las canas. Se animó a matricularse en el Centro de Educación de Personas Adultas (Cepa) de Las Palmas de Gran Canaria. El primer día sintió vergüenza y dudas, pero fue su marido quien la impulsó: “Siempre me decía que tenía capacidad y yo quería recuperar lo que perdí de pequeña”.

En clase, Lola aprendió a leer, escribir y resolver operaciones matemáticas. Ha sufrido interrupciones, sobre todo para cuidar a su marido enfermo. Tras su fallecimiento, sintió que necesitaba distraerse y volvió al Cepa, donde no ha dejado de asistir desde entonces.

El regreso a clase y el valor de aprender a cualquier edad

La edad le ha traído desafíos adicionales. Un glaucoma le ha dejado ciega de un ojo y ha mermado la visión del otro. Ya no puede leer como antes, pero sigue buscando la forma de aprender: realiza cálculos, escribe redacciones y recuerda con especial cariño un poema dedicado a la playa de Las Canteras, donde nadaba cada mañana para aliviar problemas de salud. “Me hacía callar el dolor, siempre he sido así”, afirma.

Viviana Zocco, CEO de Ticmas, en diálogo con Daniel Herrero, de Prestige Auto

Lola, a sus 92 años, asiste a clase dos veces por semana. Se siente feliz y activa; según una de sus hijas, “cuando hay vacaciones se aburre”. Su vitalidad y entusiasmo la han convertido en la alumna más mayor del centro y en un ejemplo de superación para todos. En 2024, el Cepa celebró su 40 aniversario y le rindió homenaje como la alumna más longeva de Canarias. Aunque la historia de Lola refleja a una generación entera que no tenía otra opción, también da cierta esperanza. “Aún me parece mentira”, dice Lola, pero su historia demuestra que nunca es tarde para aprender y que el deseo de superarse puede más que cualquier obstáculo.