El comediante Manu Sánchez repasa la actualidad en ‘Lo de Évole’: “Yo creo en un socialismo de yates y chalés”

Durante el programa de La Sexta, el actor y presentador sevillano ha indagado en sus placeres culpables

Guardar
El cómico sevillano ha defendido
El cómico sevillano ha defendido la sanidad pública y la migración en España en una entrevista con Jordi Évole. / Captura de pantalla

El debate sobre el éxito económico y su relación con la ideología ha ocupado el centro de la conversación protagonizada por Manu Sánchez en el programa de La Sexta Lo de Évole. El cómico andaluz, además de reírse de su cáncer de próstata, ha repasado la actualidad junto a Jordi Évole. Temas como la migración o la sanidad pública han sido recurrentes bajo la mirada expectante de Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, quien ha acudido al espectáculo.

El humorista sevillano ha utilizado el escenario del Cartuja Center de Sevilla para reivindicar con contundencia que quienes se identifican con la izquierda también pueden disfrutar de ciertos lujos sin pedir permiso ni disculpas. Ante la presencia de destacados representantes políticos andaluces, ha lanzado una provocación que ha calado entre el público: “Muchos de derechas creen que las gambas son solo de ellos”, ha afirmado Manu Sánchez, para más risas del público.

Lejos de esquivar el debate sobre el éxito y el bienestar, Sánchez ha hecho una defensa explícita de su derecho a disfrutar de los frutos de su trabajo, desafiando la percepción extendida de que la prosperidad está reñida con el ideario de izquierdas. “Yo trabajo mucho, pago el máximo de impuestos y con lo que gano me compro lo que me da la gana”. Tras el alegato rotundo, llegaba la broma: “Y obviamente me gusta más el marisco que el puré de patatas”.

El derecho a comerse una gamba, por Manu Sánchez

En el transcurso de la charla con Jordi Évole, Manu Sánchez ha destapado sin complejos los detalles de su vida privada para poner en cuestión los tabúes sobre el éxito material. “Tengo un yate en Puerto Banús, con dos cojones; 43 pies, casi 15 metros de eslora”, ha confesado ante la reacción sorprendida del auditorio. Con esa declaración, el humorista ha defendido lo que él bautiza como “socialismo de yates y chalés”, una noción que, lejos de contradecir su compromiso político, busca poner en evidencia la hipocresía de quienes critican el bienestar ajeno en función de sus ideas políticas.

Para Sánchez, el disfrute de los “placeres mundanos” no debe asociarse en exclusiva a un único espectro ideológico ni someterse a una cartilla de racionamiento moral. “Todos tenemos que tener derecho a las gambas, porque hay mucha gente de derechas que se creen que son solo para ellos”, ha remarcado con tono satírico, acusando al clasismo de seguir marcando fronteras sobre el acceso a la excelencia gastronómica y el bienestar. “¿Por qué le interesa tanto a la gente de derechas nuestro ácido úrico?“, ha bromeado Sánchez antes de zanjar el tema.

Manu Sánchez critica “las metas cortitas” como parte de la construcción social de la precariedad

Durante la entrevista, el humorista ha recordado cómo, en el pasado, sentía pudor al comprarse ciertos bienes materiales, como un coche caro, por miedo a ser percibido como alguien vanidoso o contradictorio con su militancia. Fue su propio padre quien, según ha relatado, le animó a derribar esa “culpa interiorizada” y disfrutar de lo conseguido con esfuerzo.

En un momento de la conversación especialmente incisivo, Sánchez ha señalado que “nos están convenciendo cada vez de que nuestras metas sean más cortitas”, una crítica directa al conformismo y a la construcción social de la precariedad. A su juicio, el verdadero debate no está en si un sindicalista puede comer gambas, sino en la falta de ambición a la que, sostiene, se somete a la clase trabajadora.

Declaraciones del secretario de Empleo, Acción Sindical y Negociación Colectiva de CCOO Región de Murcia, Víctor Romera Mateos, sobre la precariedad laboral de la Región de Murcia. (Fuente: CCOO)

Por ello, Sánchez ha defendido que conquistar espacios de éxito tradicionalmente asociados a las élites constituye una forma válida de romper barreras y ampliar horizontes, llegando a ironizar sobre la posibilidad de convertir bienes como el yate o el chalé en “derechos universales”.