
A sus 80 años, Juan José Millás ha abierto una parte mucho más personal de lo que acostumbra en su entrevista con Jordi Évole en Lo de Évole. Más allá de la literatura o la actualidad, el encuentro de este domingo le permitió mostrar un aspecto menos visible del autor: su relación con sus hogares y cómo estos han marcado su vida y su obra.
Nacido en Valencia, Millás reconoció en numerosas ocasiones que su infancia quedó partida en dos tras el traslado familiar a Madrid cuando apenas tenía seis años. Aquel cambio no fue sencillo. “Algo se rompió en mi traslado de Valencia a Madrid”, confesó en la entrevista, recordando que “Valencia era un mundo idílico: estaba la playa, la luz y también una situación económica mejor que la que teníamos cuando aterrizamos en Madrid”. La llegada a la capital supuso, según sus propias palabras, una pérdida difícil de encajar.

La familia se instaló en el barrio de La Prosperidad, entonces muy alejado de la imagen actual de la ciudad. El escritor lo describe sin concesiones: “Prosperidad era un barrio periférico, de casas bajas. En mi calle se acababa la realidad. Después solo había un conjunto de descampados, una especie de nada llena de estercoleros”. Un entorno que define como “muy pobre, muy duro, muy frío, muy hostil” y en el que, como recuerda con crudeza, “empecé a saber qué eran los sabañones”.
Aquella etapa dejó una huella profunda. Millás ha llegado a referirse a la calle Canillas, donde creció, como “uno de esos sitios de los que uno quiere escapar, pero en el que vive atrapado el resto de su vida, porque te lo encuentras en cualquier parte”. Frente a ese entorno, encontró refugio en los libros: “Me convertí en un lector enfermizo gracias a una biblioteca pública que había cerca de mi casa”. La lectura se transformó así en una vía de escape y, con el tiempo, en el germen de su vocación literaria.
Décadas después, su relación con Madrid es bien distinta. El autor reside en la zona de la Alameda de Osuna, uno de los barrios más tranquilos y verdes del noreste de la capital. Allí vive en un adosado de varias plantas con jardín, un espacio que combina intimidad y naturaleza y desde el que sigue escribiendo sus columnas y desarrollando su universo creativo. La vivienda, con biblioteca en la buhardilla incluida, representa una especie de reconciliación con una ciudad que en su infancia percibió como hostil.
Su hogar en el norte
Sin embargo, si hay un lugar que ha adquirido un significado especial en su vida es el norte. A través de su relación con su actual esposa, la psicoanalista Isabel Menéndez Álvarez, Millás descubrió el entorno de Muros de Nalón, en Asturias. Allí posee una vivienda donde pasa largas temporadas y que se ha convertido en su refugio personal y creativo.

En ese enclave, entre el mar Cantábrico y la vegetación atlántica, el escritor ha encontrado un equilibrio que contrasta con el ritmo de la capital. “Cuando voy allí, es el placer máximo; paseo tres horas diarias por sendas costeras junto al bosque”, ha explicado. Las caminatas, el paisaje y la tranquilidad forman parte de una rutina que alimenta tanto su bienestar como su imaginación.
Por ello, para adentrarse en la intimidad y el lado más vulnerable del colaborador de Cadena Ser, el equipo del programa se instaló en su casa asturiana, convirtiendo el paisaje en un elemento más de la conversación. Un escenario que encaja con la forma de mirar de Millás, siempre atento a lo cotidiano y a los detalles que pasan desapercibidos.
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