Ángela Fernández, psicóloga: “Las personas con ansiedad suelen compartir tres rasgos de personalidad”

El 23% de la población entre 18 y 24 años dice sufrir ansiedad, según el Infocop

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Tres rasgos de las personas
Tres rasgos de las personas que sufren ansiedad. (Dragos Condrea)

El 23% de la población entre 18 y 24 años dice sufrir ansiedad, según el Consejo General de Psicología de España (Infocop). Una cifra que apunta a un problema extendido y que, en muchos casos, no se manifiesta de forma evidente. Más allá de los síntomas clásicos, la ansiedad puede estar ligada a ciertos rasgos de personalidad socialmente valorados que, cuando se intensifican, acaban pasando factura.

Así lo ha explicado Ángela Fernández, psicóloga, en un vídeo publicado en sus redes sociales. “Las personas con ansiedad suelen compartir tres rasgos de personalidad”. Identificarlos, ha aclarado, no implica resignación, sino la posibilidad de frenar un ciclo de malestar que a menudo se normaliza.

La autoexigencia como motor y trampa

El primero de esos rasgos es la alta responsabilidad, estrechamente ligada al perfeccionismo. “Suelen ser personas muy autoexigentes, rigurosas, disciplinadas, con una muy alta implicación en las tareas y con unos estándares de realización muy altos”, ha explicado Fernández.

Se trata de un patrón aprendido desde edades tempranas. “Han aprendido desde pequeños que el reconocimiento llega cuando hacen las cosas bien, y eso se traduce en una necesidad de control”, ha señalado la psicóloga. Esa búsqueda constante de excelencia, ampliamente reforzada en el entorno educativo y familiar, puede derivar en una fuerte rigidez mental.

Pero Fernández ha insistido en que el problema no es la responsabilidad en sí, sino su exceso. “Esta persona, si quiere trabajar su ansiedad, tendrá que aprender a ser flexible”. Dejar espacio al error, ha añadido, tiene un efecto directo también sobre el cuerpo: “Cuando dejamos espacio para la imperfección, el cuerpo también se relaja”.

Intentar huir de la ansiedad
Intentar huir de la ansiedad puede provocar que el malestar se acreciente. (Freepik)

Amabilidad excesiva: el desgaste de cuidarse poco

El segundo rasgo común es la amabilidad llevada al extremo. Personas generosas, empáticas y cooperativas que, sin embargo, tienden a colocarse siempre en segundo plano. “Son personas a las que les cuesta poner límites y probablemente toleren demasiado. Tienen el foco siempre puesto en el resto, con lo cual muy poco autocuidado”, ha indicado Fernández.

Aunque esta forma de relacionarse suele estar bien vista socialmente, la psicóloga ha advertido de su impacto emocional. “Ser empático es positivo, pero cuando se hace a costa del propio equilibrio, la factura emocional llega”.

La clave, ha apuntado, está en aprender a marcar límites. “Pasar a la acción y marcar fronteras no te hace egoísta, te hace coherente”. Decir no sin culpa se convierte así en una herramienta fundamental para reducir la sobrecarga y recuperar el cuidado personal.

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Sensibilidad elevada

El tercer rasgo señalado es el neuroticismo, definido como una alta reactividad emocional. “Tiene que ver con personas emocionalmente inestables, impulsivas, nerviosas”, ha subrayado Fernández, que las describe como individuos en constante estado de alerta. “Un ruido, una mala contestación, un plan que se frustra… A estas personas les afecta mucho más”.

La psicóloga ha insistido en desactivar la idea de debilidad asociada a este perfil. “No es debilidad, es un sistema nervioso más sensible”, ha aclarado. Para quienes presentan este rasgo, recomienda incorporar rutinas que favorezcan la calma y la serenidad, desde la meditación hasta el descanso consciente.

“La clave en todo esto está en intentar hablarnos con una mirada flexible y compasiva y no forzarnos demasiado porque podemos caer en esa trampa de autoexigencia, perfeccionismo y frustración”, ha señalado la psicóloga. Y aceptar estas tendencias forma parte del proceso, ha concluido, siempre que no se conviertan en un límite: “Acepta esas tendencias, pero no dejes que te limiten demasiado”.