El desastre de Chernóbil pasa a la siguiente generación: los hijos de los trabajadores de la planta nuclear tienen mutaciones en su ADN

El desastre nuclear, ocurrido en abril de 1986, acabó con la vida de unas 4.000 personas y ha dejado consecuencias en la genética de la siguiente generación

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Científicos trabajando en un laboratorio
Científicos trabajando en un laboratorio (Shutterstock)

El 26 de abril de 1986, el núcleo del reactor número 4 de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin explotó durante una prueba nuclear. El accidente desató uno de los desastres nucleares más importantes de la historia (a la altura del de Fukushima) y colocó en el mapa del mundo la ciudad ucraniana de Chernóbil, ubicada a unos 18 kilómetros de la planta.

Actualmente, se estima que la contaminación todavía se extiende en un área de 150.000 kilómetros cuadrados, abarcando Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Según un estudio liderado por científicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la radiación nuclear habría acabado con la vida de aproximadamente 4.000 personas en las primeras dos décadas.

40 años después del desastre, un equipo de investigadores alemanes de la Universidad de Bonn acaba de demostrar que la exposición prolongada a la radiación de Chernóbil ha dejado mutaciones detectables en el ADN de los hijos de los trabajadores implicados en las tareas de limpieza de la central. Es la primera vez que se demuestran estas consecuencias en la genética de los descendientes.

El estudio, que ya ha sido publicado en la revista Scientific Reports, se ha centrado en la búsqueda de un tipo concreto de alteraciones genéticas, denominadas mutaciones de novo agrupadas (cDNM, por sus siglas en inglés). Se trata de dos o más mutaciones localizadas muy cerca unas de otras en el genoma, que aparecen en los hijos pero no en sus progenitores. Estas alteraciones surgen como resultado de rupturas en el ADN parental provocadas por la exposición a radiación.

Algunos trabajos previos no habían logrado probar de manera concluyente que los daños genéticos causados por la radiación pudieran transmitirse de padres expuestos a esa alta carga nuclear sus hijos. En esta ocasión, los investigadores han detectado un aumento significativo en el número de cDNM en los descendientes de personas que estuvieron expuestas a radiación durante el desastre de Chernóbil, en comparación con hijos de padres sin contacto con radiación o expuestos en menor medida.

Central nuclear de Chernobil, en
Central nuclear de Chernobil, en Prípiat (Ucrania). EFE/Nick Allen/Archivo

Qué implican estas alteraciones genéticas en la salud

Sin embargo, los investigadores han subrayado que el riesgo sanitario asociado a estas mutaciones es bajo. Ninguno de los hijos de personas expuestas ha mostrado una mayor incidencia de enfermedades, lo que se atribuye en parte a que gran parte de las cDNM se localizan en regiones del ADN que no codifican proteínas.

“Dada la escasa elevación global en el número de cDNM tras la exposición paterna a radiación ionizante y la baja proporción del genoma que tiene función codificante, la probabilidad de que alguna enfermedad en los hijos de los expuestos haya sido desencadenada por una cDNM es mínima”, expresan los autores en declaraciones recogidas por ScienceAlert.

El equipo de la Universidad de Bonn ha puesto estos hallazgos en contexto al recordar que la edad de los padres en el momento de la concepción tiene un impacto mayor en el número de mutaciones que heredan sus hijos que la exposición a la radiación analizada en este estudio.

Foto de archivo de la
Foto de archivo de la estructura que cubre el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil. (REUTERS/Gleb Garanich)

Datos históricos para problemas actuales

Entre las limitaciones del trabajo, los autores han recordado que los niveles exactos de radiación recibidos por los progenitores han debido estimarse a partir de datos históricos y dispositivos antiguos, ya que la exposición tuvo lugar hace varias décadas. La participación voluntaria en el estudio representa además un posible sesgo, ya que podrían haber estado más predispuestos a participar aquéllos que sospechaban haber estado expuestos.

A pesar de estas limitaciones, este estudio ha establecido que la exposición continuada a radiación ionizante puede dejar vestigios detectables en el material genético de generaciones posteriores. “La posibilidad de transmisión de alteraciones genéticas inducidas por la radiación a la siguiente generación resulta especialmente relevante para padres que hayan podido estar expuestos a dosis elevadas de radiación y durante más tiempo de lo considerado seguro”.