Alba Ramírez, nutricionista: “Comprar producto fresco para congelarlo en casa no tiene sentido”

Recomienda planificar compras y aprovechar el congelador solo como recurso complementario

Guardar
Alba Ramírez, nutricionista habla sobre
Alba Ramírez, nutricionista habla sobre congelar la comida (Composición Infobae)

En los hogares, la organización de la despensa y el aprovechamiento de los alimentos se ha vuelto un tema central, especialmente ante la necesidad de ahorrar, reducir el desperdicio y mantener una alimentación saludable.

La costumbre de adquirir alimentos frescos para luego congelarlos plantea una pregunta incómoda para muchas familias: “¿Para qué lo vas a comprar fresco para congelar? ¿Para pagarlo más caro?”, lanza la nutricionista Alba Ramírez, y destaca así el dilema entre precio y calidad al momento de planificar la compra semanal.

Al analizar los hábitos alimenticios que predominan actualmente, Alba Ramírez observa que “la mayoría de las familias que conozco lo que hacen es comprar productos frescos y conforme se le van a ir poniendo malos, los van congelando”.

Diferencias clave en la calidad del congelado

A pesar de la popularidad de esta práctica, ella subraya las limitaciones del proceso en casa frente a la industria: “La calidad de la congelación industrial es absolutamente incomparable a la congelación en casa”, recalca, remarcando que esta diferencia afecta de manera significativa tanto la textura como el aprovechamiento de vitaminas y nutrientes esenciales para la salud.

Desde la perspectiva técnica, la especialista advierte que al prolongar la estancia del alimento en la nevera antes de congelarlo, “probablemente, todo el tiempo que ha estado alimento fresco en la nevera, ha estado perdiendo mucho valor”.

Su análisis pone foco en la rapidez de la congelación industrial, que “es mucho más rápida, viendo así que no se pierda la textura y que no se pierda la calidad y que mantenga mucho mejor las vitaminas y, por ejemplo, los ácidos grasos como omega tres, que nos encantan en el pescado”.

Freepik
Freepik

La nutricionista recalca que muchas veces se subestima el impacto de los pequeños detalles en la manipulación de los alimentos, como la temperatura de la nevera o los tiempos de espera antes del congelado, factores que pueden comprometer el valor nutricional.

Además, resalta la importancia de diferenciar entre alimentos que toleran bien la congelación y aquellos cuya calidad se ve más afectada por el proceso doméstico, como las frutas con alto contenido de agua o ciertos vegetales de hoja verde.

El congelador, un aliado puntual en la cocina

Ramírez señala que, aunque la congelación casera resulta útil para reducir el desperdicio y gestionar mejor los recursos en el hogar, conviene entender sus limitaciones y no asumir que todos los productos mantendrán sus propiedades intactas después del proceso. Así, aconseja planificar la compra en función de las necesidades reales y recurrir al congelador como un apoyo, no como primera opción.

Pese a estas consideraciones, Ramírez no descarta el uso del congelador doméstico e insiste en que “congelar es un recurso maravilloso para alargar la vida útil de los alimentos y además para tenerlo siempre disponible”.

La salud cardiovascular depende de varios factores, entre ellos una alimentación rica en fibra, antioxidantes, grasas saludables, vitaminas y minerales.

En sus recomendaciones para optimizar las compras y la alimentación diaria, destaca: “Si como cualquier otra familia estás planificando las comidas de las próximas semanas, lo más inteligente es que compres fresco para los primeros días, primeros dos o tres días y que tengas congelado como recurso para seguir consumiendo a diario, pues ese carne, ese pescado, esa verdura que vas a tener que necesitar en la próxima semana”.

Para quienes insisten en abastecerse de productos frescos únicamente para llevarlos luego al congelador, Ramírez resume su consejo: “Así que repite conmigo: si vas a comprar productos frescos para congelar, compra congelado”.