Luces y sombras del éxito español en investigación: España brilla en un continente que pierde competitividad en I+D

El país ha autorizado más de 900 ensayos clínicos en 2025 y supera al resto de sus vecinos, pero la dependencia de otras potencias se mantiene y pone en peligro la innovación

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Imagen de archivo de un
Imagen de archivo de un laboratorio. (Europa Press)

España lleva años como el referente europeo en investigación clínica. Con 962 ensayos autorizados en el año 2025, el país ha vuelto a posicionarse muy por delante de Francia (732), Alemania (711) o Italia (593), consolidando una tendencia de crecimiento que se mantiene desde hace más de una década.

El éxito español tiene mucho de mérito propio: cuenta con una red hospitalaria altamente capacitada, con casi 1.000 centros implicados en la investigación clínica; el reclutamiento de pacientes es cada vez más sencillo y la colaboración público-privada aporta una ventaja competitiva respecto al resto de vecinos europeos. Pero no puede negarse que España brilla, en parte, por la caída de la Unión Europea (UE) como referente investigador.

“Europa en su conjunto va perdiendo terreno en la actividad I+D y, por tanto, en el desarrollo de medicamentos innovadores, desde hace más de 25 años. En los últimos 10 años, ha descendido un 25%”, apunta Icíar Sanz de Madrid, directora del Departamento Internacional de Farmaindustria, a Infobae. “España sigue siendo el primero en Europa, pero en su conjunto está perdiendo posiciones respecto a Estados Unidos y China”, advierte la portavoz.

El continente fue líder en innovación farmacéutica hasta 1997. Desde entonces, los países europeos pierden competitividad, primero ante Estados Unidos y, ahora, ante China. La menor ventaja competitiva hace que aumente la dependencia de estas potencias internacionales, especialmente del gigante asiático, que lidera en el desarrollo de principios activos.

La amenaza de los aranceles

Donald Trump y Ursula von
Donald Trump y Ursula von der Leyen. (Evelyn Hockstein/Reuters)

Con Estados Unidos, sin embargo, la dependencia es directamente comercial. “Europa exporta a Estados Unidos más de lo que importa. Tenemos un saldo comercial muy positivo, con un valor añadido en general de dos millones de euros”, indica Sanz. La buena balanza hace que la amenaza de aranceles se vuelva un peligro para el continente. “Puede mermar nuestra competitividad y perjudicar nuestra capacidad exportadora, que es mucha”, advierte.

Farmaindustria considera la amenaza arancelaria como el mayor riesgo para la cadena global de suministro de medicamentos. El presidente Donald Trump ya ha implantado unos aranceles del 100% a otras naciones, pero la Unión Europea se ha librado por el momento. El último acuerdo comercial con los Estados Unidos establecía, no obstante, un arancel del 15% para la gran mayoría de exportaciones europeas, entre ellas los medicamentos, una medida que podría llegar a costar unos 18.000 millones de euros al sector.

En esta pérdida de competitividad, los conflictos bélicos han ampliado las diferencias. Los efectos en las cadenas de producción que ha tenido la guerra en Ucrania han supuesto para la industria farmacéutica española “asumir en dos años 1.500 millones de euros”, con una clara repercusión en “la capacidad de investigar y fabricar medicamentos”, lamenta Sanz.

El camino a la autonomía estratégica sin cargarse el planeta

Icíar Sanz, directora del Departamento
Icíar Sanz, directora del Departamento Internacional de Farmaindustria. (Cedida)

La portavoz de Farmaindustria pide a España y a Europa que luchen por “ser estratégicamente autónomos”, pero sin pasar por la autarquía. “Es imposible que podamos investigar y fabricar todos los procesos, porque la industria farmacéutica innovadora está muy globalizada y muy diversificada. Tenemos que identificar vulnerabilidades y, a partir de ahí, generar alianzas con socios afines y de confianza”, considera Sanz.

Lograrlo, según la portavoz, pasa por “un cambio profundo en la legislación europea y nacional” que permita al sector ser más competitivo. En especial, Sanz se lanza contra la legislación medioambiental, que impone unos estándares “altísimos” a las compañías “que no son equiparables a ninguno de los requisitos en otras partes del mundo”.

“La industria farmacéutica está plenamente comprometida con el medioambiente, siempre y cuando no se ponga en peligro y riesgo el acceso de los pacientes a medicamentos innovadores”, defiende Sanz, “pero ahora ha habido todo un tsunami de legislación ambiental que puede poner en peligro incluso el abastecimiento de los medicamentos”, asegura.

La portavoz recuerda que la propia Comisión Europea ha reconocido la necesidad de reducir la carga administrativa y simplificar la normativa ambiental en todos los sectores, incluido el farmacéutico. “Se da cuenta de que es una carga burocrática tremenda que hay que simplificar y dotar de coherencia”, valora.

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Los retos regulatorios

Más allá del ecosistema, el sector enfrenta otras barreras, como la falta de financiación empresarial, especialmente para pymes y start-ups, frente a competidores estadounidenses. “En Europa tenemos un mercado de capitales muy fragmentado y una pequeña empresa no tiene el acceso [a financiación] que tienen en Estados Unidos. Por eso se van los europeos allí, porque tienen un acceso a capital privado brutal”, ha explicado.

Sanz defiende, a su vez, la necesidad de dar “más incentivos de propiedad industrial, tanto de certificado complementario de protección de la patente como de datos regulatorios y de protección en el mercado”, junto con procedimientos de fijación de precios y financiación “predecibles, con metodología, criterios y plazos incluso acelerados, para adelantar el acceso de las innovaciones a los pacientes españoles”.

Somos un sector estratégico”, defiende Sanz, que recuerda que “el 73% del incremento de la esperanza de vida se atribuye a los medicamentos”. La inversión en medicamentos innovadores, además, tiene un efecto directo en la economía de los países, que logran “mejores resultados en salud, menos hospitalizaciones, menos intervenciones quirúrgicas, menos consultas, mayor productividad y menos gastos en pensiones o bajas laborales”.