Crisis sin precedentes en la Casa Real noruega: por qué los expertos hablan de un punto de no retorno

La aparición del nombre de la princesa heredera en los documentos de Jeffrey Epstein y los problemas judiciales de su hijo han colocado a la monarquía ante un reto histórico que pone a prueba su credibilidad y su supervivencia

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Los príncipes herederos de Noruega,
Los príncipes herederos de Noruega, Hakoon y Mette-Marit, y Marius Borg, hijo de la princesa, en una fotomontaje.

La familia real noruega atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Dos frentes abiertos de enorme calado —la aparición reiterada del nombre de la princesa heredera Mette-Marit en los documentos de Jeffrey Epstein y el proceso judicial que afecta a su hijo, Marius Borg Høiby— han colocado a la institución bajo una presión sin precedentes. Lo que hasta hace poco se percibía como una crisis puntual se ha transformado en un cuestionamiento profundo de la Casa Real y, en especial, del papel futuro de la princesa heredera.

La publicación por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos de nuevos documentos relacionados con Jeffrey Epstein ha provocado una auténtica conmoción en Noruega. El nombre de Mette-Marit aparece “varias centenas de veces” en los archivos, lo que ha reavivado un debate que parecía cerrado desde 2019, cuando el Palacio Real reconoció por primera vez contactos entre la princesa y el financiero condenado por delitos sexuales.

A este golpe reputacional se suma el proceso judicial que afecta a Marius Borg Høiby, hijo de Mette-Marit de una relación anterior, acusado de varios delitos. Para muchos analistas especializados en realeza, la coincidencia temporal de ambos escándalos ha creado una “tormenta perfecta” que amenaza la estabilidad de la institución y acelera un desgaste que ya venía de años atrás.

Miembros de la casa real
Miembros de la casa real noruega. (Stian Lysberg Solum/Reuters)

El caso Epstein y el error de la falta de transparencia

Los expertos noruegos en casas reales han reaccionado con dureza a las revelaciones. Una de ellas es Caroline Vagle, experta real de Se og Hør, quien aseguró al medio Dagbladet que “esto no pinta bien”, subrayando que la naturaleza del contacto conocido ahora es “de otro calibre” respecto a lo que se había explicado anteriormente.

Su principal crítica se centra en la gestión de la información: “Reacciono a que ella ocultara información al principio y a que después haya permanecido en silencio, aun sabiendo que estos documentos acabarían saliendo”.

Tras la publicación de los documentos, Mette-Marit emitió una declaración a la agencia NTB en la que asumió su responsabilidad y pidió disculpas de forma explícita: “Debo asumir que no investigué mejor el pasado de Epstein y que no comprendí lo suficientemente rápido qué tipo de persona era. Lamento profundamente haber tenido contacto con él. Es francamente vergonzoso”.

Jeffrey Epstein. (Créditos: Netflix)
Jeffrey Epstein. (Créditos: Netflix)

Según la información facilitada por el Palacio Real, existió contacto por correo electrónico entre ambos y varios encuentros entre 2011 y 2013, siempre en contextos sociales y con más personas presentes. El Palacio ha negado de forma tajante que la princesa visitara la isla privada de Epstein y ha insistido en que, en aquel momento, no era consciente del alcance y la gravedad de los delitos por los que ya había sido condenado en 2008.

Aun así, para la experta Tove Taalesen, de Nettavisen, el daño ya está hecho: “Es incomprensible que el Palacio no haya optado por poner todas las cartas sobre la mesa antes. Esto demuestra una falta de juicio muy grave”.

La mirada internacional y el temor a un colapso institucional

El eco del escándalo ha traspasado las fronteras noruegas. En declaraciones a VG, la experta danesa Line Bjerre Kristensen aseguró que en Dinamarca “se habla mucho de si la monarquía noruega sobrevivirá”. Para ella, el problema no es solo la relación con Epstein, sino el contexto general que rodea actualmente a la familia real.

Los reyes de Noruega, Sonja
Los reyes de Noruega, Sonja y Harald, junto a su hijo y heredero, el príncipe Haakon. (NTB/Frederik Ringnes/Reuters)

Kristensen subraya que Mette-Marit no es una figura secundaria, sino “una pieza central del sistema”, lo que complica cualquier estrategia de contención. Además, recuerda que el rey Harald tiene 88 años y que un relevo en el trono no parece lejano: “La combinación de estos escándalos con la cercanía de un cambio de monarca es una de las peores situaciones posibles”, afirma Bjerre.

Desde Suecia, la experta Jenny Alexandersson, de Aftonbladet, se muestra “muy sorprendida” por el tono cercano en la relación entre Mette-Marit y Epstein, especialmente después de que ella afirmara haber investigado su pasado —aunque no de manera profunda—. Aun así, considera que la institución sobrevivirá, aunque advierte que “para Mette-Marit, será una carga que llevará toda su vida. Está ya escrito en los libros de historia”.

El caso Marius Borg y el desgaste acumulado

El segundo gran frente es el juicio a Marius Borg Høiby, que ha tenido un impacto directo en la percepción pública de la princesa heredera. Según recuerda VG, muchos ciudadanos justifican su pérdida de confianza en la monarquía precisamente por los casos relacionados con el hijo de Mette-Marit, más incluso que por otras polémicas recientes protagonizadas por otros miembros de la familia.

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Imagen de archivo de la princesa Mette-Marit de Noruega y su hijo Marius Borg Høiby. (EFE)

El politólogo y editor Kjetil Alstadheim, en Aftenposten, ha ido más allá al calificar esta crisis como “mayor que las anteriores”, incluso superior a las controversias relacionadas con la princesa Märtha Louise y Durek Verrett. En sus palabras, “esta vez está en juego el futuro mismo de la monarquía”.

La princesa Mette-Marit de Noruega ha sufrido un agravamiento de su fibrosis pulmonar crónica y tendrá que someterse a un trasplante. (Europa Press)

Las encuestas reflejan una opinión pública volátil. Aunque el apoyo al sistema monárquico ha repuntado en algunos momentos, también se ha detectado un aumento significativo de ciudadanos con una visión más negativa del Palacio, especialmente durante el otoño marcado por el caso de Marius Borg.