
La muerte de Fernando Esteso a los 80 años este 1 de febrero en Valencia ha reabierto el recuerdo de una de las figuras más populares del cine español. El famoso actor del ‘Cine del destape’ vivió una vida marcada por el éxito, pero también por las dificultades en el plano personal. Detrás del humor desbordante, de las películas taquilleras y de las canciones que marcaron a varias generaciones, se esconde una historia patrimonial llena de altibajos, marcada por el triunfo y por caídas que el propio intérprete nunca ocultó.
Durante las décadas de los setenta y ochenta, Esteso fue sinónimo de triunfo comercial. Su asociación con Andrés Pajares, bajo la dirección de Mariano Ozores, convirtió cada estreno en un fenómeno de taquilla. Títulos como Los bingueros, Los liantes o Yo hice a Roque III arrasaban en salas, a lo que se sumaban giras teatrales, espectáculos de revista y constantes apariciones televisivas. Aquel ritmo de trabajo se tradujo en ingresos muy elevados para la época. El propio actor reconoció en más de una ocasión que ganó “muchísimo dinero”, especialmente cuando, además de intérprete, ejercía como empresario de sus propios montajes.
A esa fuente de ingresos se añadió su faceta musical. Canciones humorísticas como La Ramona o El Bellotero encabezaron listas de ventas y multiplicaron su popularidad. Esteso no era solo un cómico de cine: llenaba teatros, ferias y plazas de toda España con espectáculos que se representaban varias veces al día. Esa combinación de cine, televisión, música y teatro le permitió amasar un patrimonio considerable en su momento de mayor esplendor.

Sin embargo, la estabilidad económica nunca fue una constante en su vida. No existen cifras oficiales sobre su fortuna, pero los medios coinciden en señalar que pasó de una situación de gran afluencia a otra mucho más ajustada. El propio Esteso fue contundente al explicar lo que supuso para su vida: “Me arruiné y se arruinó mi familia”. Detrás de esa frase se escondían problemas de adicciones, una afición al juego que le hizo perder grandes sumas de dinero y decisiones empresariales fallidas.
El punto de inflexión llegó a principios de los años noventa. En 1992 se separó de María José Egea tras dos décadas de matrimonio, un proceso personal y económico que le pasó factura. A ello se sumaron inversiones en negocios de restauración que no prosperaron y una etapa profesional irregular. En 1995, Telecinco prescindió de él como presentador de La ruleta de la fortuna, alegando un deterioro físico y mental. Aquel despido supuso no solo un golpe anímico, sino también la pérdida de una fuente de ingresos estable.
Lejos de desaparecer, Esteso optó por seguir trabajando para subsistir. Aceptó papeles más modestos, actuaciones puntuales y cameos que le permitían mantenerse activo. Sin embargo, una de las frases que lo hizo conectar con las nuevas generaciones fue la mítica frase de Estela Reynolds en La que se Avecina: “Fernando Esteso me chupó un pezón”. Aquella breve intervención le abrió las puertas a nuevos proyectos y supuso un inesperado balón de oxígeno económico.

El fin de su vida en la sombra
En sus últimos años, el actor vivió de forma mucho más austera que en su etapa dorada. Instalado en Valencia desde hacía más de una década, llevaba una vida tranquila, centrada en su familia y en su salud, resentida desde que en 2021 sufriera una insuficiencia respiratoria. Aunque no se jubiló oficialmente, su actividad se redujo a entrevistas, apariciones esporádicas y proyectos muy concretos, como la presentación de un vino con su nombre en colaboración con una bodega.
Esteso siempre relativizó la importancia del dinero. En una de sus reflexiones más conocida afirmó: “No estoy arruinado, porque el patrimonio personal, el de la alegría de vivir, no te lo pueden quitar”. Una frase que resume bien su forma de entender el éxito y el fracaso. Para él, la verdadera riqueza estaba en haber vivido intensamente, aunque eso implicara equivocarse.
Padre de dos hijos, Fernando y Arancha, encontró en ellos su principal apoyo cuando las cosas se torcieron: “Me cuido mucho, la cabeza bien puesta, no hago excesos y disfruto muchísimo con el cariño de mi familia”. Su patrimonio material pudo menguar, pero nunca perdió el contacto con los suyos ni el respeto del público que lo convirtió en un icono del cine popular español. Su legado económico quizá no fue tan sólido como el artístico, pero su nombre quedó ligado para siempre a una época, a un tipo de humor y a una forma de hacer espectáculo que marcó a todo un país.
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