Giggi, un joven chimpancé que se estima que tiene menos de cuatro años, ha pasado gran parte de su vida siendo víctima del mascotismo exótico. Posiblemente extraído de la naturaleza en África cuando todavía era un bebé, acabó siendo vendido de forma ilegal en el mercado negro de Malta, donde un hombre lo adquirió y lo trasladó a Italia sin autorización.
Recientemente, los Carabineros de la Unidad CITES lo han rescatado de una vivienda particular en Sicilia, donde se encontraba en condiciones alarmantes: atado con una cadena de dos metros de largo que le había provocado un corte profundo en la ingle y otras lesiones muy graves.
“La separación temprana de la madre y el crecer en un entorno no adecuado ocasiona problemas en el desarrollo del animal, a nivel emocional, social e incluso fisiológico (el desarrollo del cerebro no es el mismo), y que tienen consecuencias en su bienestar futuro”, explican a Infobae desde la Fundación AAP, que se ha hecho cargo del alojamiento de Giggi. “Además, el estrés y la falta de contacto con congéneres hace que se hayan desarrollado comportamiento estereotipados, anormales y repetitivos, que pueden afectar a su futura socialización con otros animales de su misma especie”.

La Fundación AAP es una organización europea de bienestar animal comprometida con la lucha contra el mascotismo exótico y el tráfico ilegal de primates y grandes felinos, así como contra el uso de los animales en la industria del entretenimiento. Cuenta con dos centros de rescate y rehabilitación: uno en Villena (Alicante) y otro en Países Bajos, donde actualmente se encuentra Giggi después de que el Departamento de Carabineros CITES en Roma contactase con AAP tras el rescate del animal.
Las consecuencias del cautiverio de Giggi
Mientras Giggi se recupera en las instalaciones de AAP, donde los profesionales le proporcionan “la atención y los cuidados necesarios durante todo el día” y se aseguran de que “se sienta seguro y no solo”, se estudian posibles opciones tanto dentro como fuera del centro para que el joven chimpancé encuentre una madre adoptiva.
“Todo el aprendizaje que esta cría debería haber tenido de su madre (qué comer, cómo comer, cuándo hacerlo…), que le hubiera permitido sobrevivir en la naturaleza, no lo ha tenido. Esto, unido a que se desconoce el origen del animal (país, origen, grupo), hace imposible su reintroducción en la naturaleza, pues difícilmente un grupo natural lo va a aceptar, dejando de lado que no sabemos su origen genético”, señalan desde la Fundación AAP.

A Eva Schippers, bióloga y Responsable de Rescate y Rehabilitación de AAP, le cuesta imaginar “el sufrimiento que Giggi ha debido soportar”, así como “las consecuencias en su desarrollo y socialización” que le habrá causado este cautiverio, pues todavía son inciertas. “Los chimpancés han de vivir en grupo, son sociales y nunca deberían estar solos lejos de compañeros de su especie y mucho menos atado a una cadena en el jardín de alguien.
Lémures, macacos de Berbería o monos capuchino en España: otros casos de primates como mascota
La historia de Giggi no es un caso aislado, sino un ejemplo de una práctica que, pese a las prohibiciones, continúa siendo un grave problema en toda Europa: el mascotismo exótico de primates. “Encontrar una cría de chimpancé en Italia puede parecer excepcional, pero indica que todavía se da esa práctica y muestra que hay un mercado sin controlar que debe ser regulado mejor”.
De hecho, desde AAP señalan que a sus centros llegan de forma regular animales necesitados de ayuda por este motivo. “En la medida de nuestras posibilidades, los rescatamos en nuestros centros, siempre que tenemos espacio, o trabajamos para mediar y encontrar una solución para los casos que nos llegan entre nuestra red de organizaciones colaboradoras”.

Esto sucede en toda Europa, también en España, como fue el caso de Capitán, un mono capuchino (Sapajus apella) que fue encontrado por un particular en un campo de olivos de la zona de Gibraleón (Huelva); o Matoky, un macho de lémur hallado en noviembre de 2024 en una pequeña jaula sin estímulos naturales en una vivienda particular del sur de España. El operativo, llevado a cabo por la Policía Nacional, reveló que este no era el único animal exótico que tenían los propietarios.
Algunas de las especies que se enfrentan con mayor frecuencia al tráfico ilegal y el mascotismo exótico se encuentran amenazadas, como es el caso del macaco de Berbería (Macaca sylvanus), catalogado como en peligro de extinción en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). En verano de 2024, dos ejemplares de esta especie, Meyers y Lori, fueron incautados por el SEPRONA de la Guardia Civil tras ser encontrados en el patio interior de una vivienda. Los primates estaban encerrados en jaulas de unos 150 x 150 centímetros y presentaban un deterioro avanzado.
Además, otros ejemplares proceden de lugares muy lejanos, como fue el caso de Tam, una hembra de tamarino algodonoso o tití cabeciblanca (Oedipomidas oedipus) encontrada suelta en La Línea de la Concepción (Cádiz). El animal, que únicamente habita de forma natural en los bosques del noroeste de Colombia y está catalogado como en peligro crítico de extinción —hay menos de 6.000 individuos en libertad—, estaba suelto y con muy mal aspecto físico.
Estos casos que llegaron a AAP Primadomus entre 2024 y 2025 son solamente “la punta del iceberg”, pero “cuántos hay ahí fuera de los que no nos llega información..., esa es la pregunta”, denuncian desde la organización.

Una práctica todavía vigente pese al Convenio CITES
En Italia, donde fue encontrado Giggi, el chimpancé (Pan troglodytes) está catalogado como una especie peligrosa para la salud y la seguridad públicas, además de que está protegido por la legislación CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres).
En España, la Ley 07/2023 de Protección de los Derechos y el Bienestar de los Animales, en vigor desde septiembre de 2023, prohíbe la tenencia de todos los primates por parte de particulares hasta la adopción del Listado Positivo, que se encuentra actualmente pendiente de elaboración. Este documento regulará la tenencia de animales de compañía en base a unos criterios relacionados con el bienestar animal, la salud y seguridad públicas, y el medio ambiente.
Pese a estas prohibiciones, los primates y otros animales exóticos siguen siendo muy demandados como mascotas, por lo que se encuentran bajo la amenaza constante de ser víctimas del tráfico ilegal de animales. Así, se perpetúa una espiral de sufrimiento que, incluso cuando son rescatados, continúa teniendo serias consecuencias en el bienestar del animal, ya que suele ser muy complicada o incluso imposible su reintroducción en el medio natural.
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