Francisco Fernández Yuste, orientador laboral: “Es normal que tus problemas personales afecten a tu trabajo y deberían darte flexibilidad”

Según el experto, no existe una separación real y automática entre lo personal y lo profesional, por mucho que se siga exigiendo una especie de neutralidad emocional permanente

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Rupturas sentimentales, problemas de salud
Rupturas sentimentales, problemas de salud o conflictos familiares no se quedan fuera de la oficina al cruzar la puerta (@mejoratuexitolaboral)

La frontera entre la vida personal y el trabajo es, en muchos casos, mucho más frágil de lo que suele admitirse en los discursos empresariales. Rupturas sentimentales, problemas de salud, conflictos familiares o situaciones de cuidado no se quedan fuera de la oficina al cruzar la puerta cada mañana. Sobre esta realidad cotidiana reflexiona el orientador laboral Francisco Fernández Yuste, cuestionando la idea de que las personas pueden desconectar por completo de sus problemas personales cuando entran en su puesto de trabajo.

“Tus problemas de la vida personal claro que te van a afectar en el trabajo. Es que esto es así. Y quien diga lo contrario, miente”, afirma Fernández Yuste de forma directa. Para el orientador laboral, no existe una separación real y automática entre lo personal y lo profesional, por mucho que en muchos entornos laborales se siga exigiendo una especie de neutralidad emocional permanente.

“¿Cómo no te va a afectar que tengas una ruptura de pareja, que tengas un problema con tu peque o cualquier tema de salud?”, plantea, subrayando que este tipo de situaciones forman parte de la experiencia vital de cualquier persona y tienen un impacto inevitable en la concentración, el estado de ánimo y el rendimiento.

En su intervención, Fernández Yuste cuestiona la idea de que el trabajador pueda “llegar al trabajo y desconectar de todo” lo que sucede fuera del ámbito laboral. Según explica, esa expectativa no solo es irreal, sino que también puede generar una presión añadida sobre las personas que atraviesan momentos difíciles.

Frente a ese modelo, el orientador laboral plantea un enfoque distinto, en el que sea el propio trabajo el que incorpore mecanismos de apoyo y flexibilidad para acompañar a las personas en momentos complejos. En su discurso, no se trata solo de empatía individual, sino de estructuras organizativas capaces de adaptarse a las necesidades reales de los trabajadores cuando atraviesan situaciones personales difíciles.

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La construcción del bienestar laboral

Fernández Yuste sitúa estas experiencias dentro de lo que define como el “ciclo de vida”, un recorrido inevitable por distintas etapas marcadas por dificultades y cambios. “Al final, son situaciones que vamos a atravesar siempre”, explica, enumerando algunas de ellas: “Vamos a tener que afrontar duelos por muertes, cuidado de familiares y que tengamos también problemas nosotros”.

Desde esta perspectiva, el trabajo no debería concebirse como un espacio ajeno a la realidad personal de las personas, sino como un entorno que convive con ella. Fernández Yuste defiende que aquellas organizaciones que entiendan esta dimensión y actúen en consecuencia tendrán un papel relevante en la construcción del bienestar laboral.

La flexibilidad, el apoyo y la comprensión se convierten así en elementos clave para que el entorno laboral no se convierta en una carga añadida en momentos de vulnerabilidad personal. En este marco, el bienestar no se limita a condiciones materiales o económicas, sino que incluye la dimensión emocional y vital de las personas.

En su discurso, la idea central gira en torno a aceptar que las personas no son compartimentos estancos y que la vida personal y la vida profesional se influyen de forma constante. En ese contexto, el trabajo no puede seguir funcionando como si fuera un espacio aislado de la realidad vital de quienes lo sostienen.

El planteamiento del orientador laboral apunta, en última instancia, a una transformación cultural más que a una solución puntual: entender que los problemas personales no son una anomalía, sino parte del recorrido normal de cualquier persona, y que el trabajo, como espacio central en la vida adulta, forma parte también de ese recorrido.