Sardinas en lata, el alimento indispensable en las despensas que cuida la masa muscular y es rico en vitamina D

Este pescado azul sobresale por su perfil nutricional que vela por el bienestar general

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Sardinas en latas (Shutterstock España)
Sardinas en latas (Shutterstock España)

Durante años, las sardinas en lata han sido vistas como un recurso rápido, económico y poco sofisticado. Sin embargo, detrás de su envase metálico se esconde un alimento de un gran valor nutricional que merece un lugar destacado en la despensa. Al igual que las sardinas frescas, las conservadas en aceite mantienen muchas de sus propiedades, aunque también presentan particularidades que conviene conocer para consumirlas de forma adecuada.

Las sardinas en lata pertenecen al grupo de los pescados azules, caracterizados por su contenido en grasas saludables y proteínas de alta calidad. Estas proteínas tienen un elevado valor biológico, lo que significa que aportan todos los aminoácidos esenciales necesarios para el organismo. Esto las convierte en un alimento especialmente interesante para el mantenimiento de la masa muscular y el correcto funcionamiento del metabolismo.

Uno de los aspectos que diferencia a las sardinas en conserva de las frescas es su contenido graso, recoge la Fundación Española de Nutrición (FEN). Al estar envasadas en aceite (habitualmente de oliva o vegetal), la cantidad total de grasa aumenta. Aunque para algunas personas que siguen una dieta de control de peso puede ser un inconveniente en sí mismo, estas grasas también incrementan el aporte de ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, considerados beneficiosos para la salud cardiovascular. No obstante, también se modifica el equilibrio entre omega 6 y omega 3, aumentando la proporción de los primeros. Aun así, el resultado sigue siendo favorable dentro de una dieta equilibrada.

En cuanto al colesterol, las sardinas en lata presentan cifras relativamente elevadas, en torno a los 100 miligramos por cada 100 gramos. Este dato puede generar recelo, pero los expertos recuerdan que el impacto del colesterol dietético sobre el colesterol en sangre es menor de lo que se pensaba, especialmente cuando se compara con alimentos ricos en grasas saturadas como embutidos, mantequilla o quesos curados. En el caso del pescado, el bajo contenido en grasas saturadas atenúa este efecto, lo que permite su consumo moderado incluso en personas que cuidan su salud cardiovascular.

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Minerales y vitaminas de las sardinas, sus puntos fuertes

Otro de los grandes puntos fuertes de las sardinas en lata es su riqueza mineral, expresa la FEN. Destacan especialmente por su aporte de selenio, fósforo, hierro, potasio y zinc, minerales esenciales para funciones como la inmunidad, la salud ósea y el transporte de oxígeno en la sangre. Mención aparte merece el calcio, puesto que al poder consumirse con su espina, las sardinas en conserva se convierten en una excelente fuente de este mineral, además de ser fácilmente absorbido gracias a la presencia simultánea de vitamina D.

El perfil vitamínico también es notable, puesto que aportan vitaminas del grupo B (como la B12, B6, niacina y riboflavina), que participan activamente en el metabolismo energético y en el buen funcionamiento del sistema nervioso. Asimismo, la vitamina D, de naturaleza liposoluble, contribuye a la absorción normal del calcio y el fósforo, reforzando la salud de huesos y dientes.

No obstante, no todo son ventajas. Una de las principales contraindicaciones de las sardinas en lata es su elevado contenido en sodio, ya que la sal es un ingrediente clave en el proceso de conservación. Esto obliga a moderar su consumo en personas con hipertensión, problemas renales o dietas bajas en sal.