
La creencia popular apunta a que una gata es mucho más distante, independiente y astuta que un macho, quien, normalmente, tendría un comportamiento más cariñoso. Sin embargo, estas especulaciones son meras ideas sociales que no se corresponden realmente con el carácter de estos felinos. De hecho, la ciencia no ha encontrado diferencias tan marcadas entre machos y hembras. Más bien, dependen de distintos factores.
Si bien existen matices, los expertos coinciden en que la personalidad de cada gato responde a una combinación de elementos que incluyen socialización temprana, entorno, genética y experiencia individual. La influencia del sexo biológico se manifiesta, principalmente, en animales que no han sido esterilizados ni castrados. Mientras, aquellos animales que no tienen ninguna intervención quirúrgica, las hormonas sexuales marca diferencias claras.
De este modo, los machos tienden a desarrollar conductas territoriales más evidentes, como el marcaje con orina y la exploración persistente. En cambio, las hembras atraviesan ciclos de celo que modifican su comportamiento mediante vocalizaciones intensas o actitudes de búsqueda, inquietud o irritabilidad. Pero teniendo en cuenta que en España, el 100% de estas mascotas deben estar esterilizados quirúrgicamente antes de seis meses de edad, estas diferencias dejan de ser tan relevantes. En definitiva, estas conductas no definen la personalidad, sino que responden a estados fisiológicos directamente relacionados con la función reproductiva.

¿Por qué el sexo no define su actitud?
Al disminuir la influencia de la testosterona y los estrógenos, la mayor parte de los rasgos conductuales ligados al sexo desaparecen o se vuelven irrelevantes. Así lo confirma el estudio ‘La sociabilidad de los gatos hacia los humanos puede verse influenciada por factores hormonales y socioambientales’ publicado en 2022 de Hikari Koyasu. En la investigación demostraron que los machos castrados pueden mostrarse ligeramente más sociables o tolerantes con otros gatos y con las personas, mientras que las hembras tienden a ser algo más selectivas. No obstante, los expertos aclaran que estas diferencias son estadísticas y no reglas absolutas: describen tendencias generales, pero no permiten predecir el carácter de un individuo concreto.
De hecho en el estudio de Kimberly J. Barry de 1999, ‘Diferencias de género en el comportamiento social del gato doméstico castrado que solo vive en interiores’, no detectaron diferencias significativas entre machos y hembras esterilizados, lo que refuerza la idea de que el impacto del sexo biológico sobre la personalidad felina se reduce una vez neutralizadas las hormonas reproductivas. La socialización temprana, en cambio, se presenta como uno de los factores más determinantes en el desarrollo del comportamiento. Al parecer, los gatos que reciben manipulación positiva entre las dos y siete semanas de vida suelen ser más confiados y tolerantes al contacto humano, sin importar su sexo.
De este modo, el entorno en el que crece el animal influye de manera directa en su carácter. Un gato criado en un ambiente estable y enriquecido muestra mayor tendencia a desarrollar conductas afiliativas que uno expuesto a situaciones traumáticas o a la falta de recursos. La edad, el estado de salud y la genética individual completan el cuadro, haciendo que dos gatos del mismo sexo, pero con historias diferentes, puedan mostrar personalidades opuestas.
Un sesgo de confirmación
La creencia de que los machos son más ”cariñosos" y las hembras más ”independientes” persiste, en parte, por la influencia de sesgos humanos: la apariencia física de los machos —como cabezas más grandes y mejillas redondeadas— puede activar respuestas de cuidado y ternura en las personas, lo que lleva a percibirlos como más afectuosos, incluso cuando su conducta no difiere objetivamente de la de una hembra. Por eso, los especialistas advierten sobre el papel del sesgo de confirmación: cuando se espera que un gato macho sea cariñoso, se tiende a recordar y amplificar las conductas que lo confirman, mientras que se ignoran las que lo contradicen. En el caso de las hembras, cualquier señal de independencia se interpreta como frialdad, y los gestos de afecto suelen pasar desapercibidos.
El problema se traslada a otros factores, como el de la adopción. Y es que, según las estadísticas, los gatos macho suelen ser acogidos más rápido que las hembras en protectoras, lo que sugiere que los estereotipos influyen en decisiones reales. Asimismo, la convivencia entre felinos en un mismo hogar depende más del temperamento individual y al proceso de introducción que a su sexo. Por lo que, elegir un gato basándose en su sexo como clarividente de comportamiento es más que poco fiable.
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