Las coctelerías se adaptan a los jóvenes abstemios y sobrio-curiosos: “Hacer un cóctel sin alcohol ya no es solo mezclar zumos, ponemos el mismo trabajo”

Con motivo del ‘dry january’, ponemos el foco en una tendencia que está tambaleando los cimientos de la coctelería clásica

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Las coctelerías amplían su oferta
Las coctelerías amplían su oferta sin alcohol para recibir a las nuevas generaciones. (Adobe Stock)

Lo hemos oído por activa y por pasiva, y parece que el paso de los años lo demuestra. La generación Z es la menos alcohólica de la historia reciente. Lo que antes se tildaba de aburrido, o se reservaba a situaciones especiales, como conducir, tomar un medicamento o un embarazo, ahora es, cada vez más, una razón de orgullo y reivindicación.

Aunque el alcohol sigue siendo la sustancia psicoactiva más consumida por los jóvenes españoles, su consumo desciende en todos los indicadores. Según la última Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (Estudes), la mitad de los adolescentes (51,8%) ha bebido en el último mes, una cifra que no era tan baja desde 1998. También baja el porcentaje de quienes se han emborrachado (17,2%) o han practicado binge drinking, beber en atracón, (24,7%), ambos en mínimos históricos.

Al contrario, crece el porcentaje de jóvenes que se considera abiertamente abstemio, una cifra que se sitúa en el 24% y que refleja a los que no han consumido ninguna bebida alcohólica en los últimos 12 meses. No solo eso: muchos otros se suman ya al movimiento de origen británico sober curious (sobrio-curioso, en español), una tendencia que propone no dejar de beber alcohol, pero sí replantearse la relación con esta bebida. La escritora Ruby Warrington fue la primera en acuñar el término en un libro publicado en 2018, donde lo trataba como una extensión del Dry January, un reto que consiste en dejar de beber alcohol el primer mes del año.

Han corrido ríos de tinta sobre las razones que pueden esconderse detrás de esta tendencia, unos motivos que rozan lo económico, lo cultural y lo social, y que nos hablan de gustos, de modas, de la importancia de la salud, de cambios en las costumbres y de una época marcada por la tecnología en el ocio. Y hoy, miramos al otro lado de la barra, a la coctelería, primera y principal afectada de los cambios que se vienen. ¿Qué va a ser de los martinis, los negronis y los daiquiris, si el cambio generacional es abstemio?

Barra de vinos de Angelita,
Barra de vinos de Angelita, en la calle de la Reina, Madrid. (Cedida)

Qué opinan los cocteleros

Lejos de verlo como una amenaza a su arte, son muchos los cocteleros que ven en esta tendencia una oportunidad. El desafío de satisfacer a un público alcohol-free desata la creatividad tras la barra, pues ya no vale con servir un refresco o improvisar una mezcla de zumos y jarabes. Quien se sienta en las butacas de sus coctelerías busca una propuesta diferente, pero quiere disfrutar tanto como el que se dispone a consumir bebidas con graduación. Y exige, por supuesto, una calidad equivalente.

Mario Villalón, copropietario y director creativo de Angelita (Madrid) —donde ofrecen siete opciones sin alcohol en su carta— confirma un aumento de las ventas de este tipo de cócteles en el último año y medio: “Hemos pasado de un 3% a un 9% de venta de cócteles sin alcohol. En Angelita conviven con los cócteles de baja graduación alcohólica (entre 9 y 12 grados, casi como una copa de vino) que son tragos de alta demanda”. Si esto es posible, dice el coctelero, es gracias a las técnicas de destilación y fermentación, que permiten que el alcohol ya no sea imprescindible para dar sabor a un cóctel.

Cócteles sin alcohol de Angelita,
Cócteles sin alcohol de Angelita, El Patio de Butacas y Devil's Cut. (Cedidas)

La tendencia está clara. Lejos de ser simples mezclas de zumos, llenas de azúcar y con sabores artificiales, los cócteles sin alcohol empiezan a parecerse en forma y modo a los tradicionales. En sitios como Momus, de Alberto Fernández (Madrid), no existe diferencia en apariencia ni calidad entre un cóctel con alcohol y uno sin él: “Cada vez es más habitual que nos pidan cócteles de baja graduación o sin alcohol, especialmente entre los más jóvenes, que prefieren beber mejor, más variado y de forma mucho más responsable”.

Coincide Néstor Matos, head bartender de Devil’s Cut (Madrid), y creador de cócteles como ‘ON A SLOW BOAT TO CHINA’, a base de ron desalcoholizado, jazmín, guayaba, crisantemo y fruta del dragón. “Considero que ha evolucionado notablemente, ofreciendo bebidas creativas, equilibradas y con sabores cada vez más sofisticados. Hoy en día la coctelería sin alcohol ya no es solamente la mezclas de zumos, tiene el mismo nivel de trabajo que la coctelería que incluye destilados con alcohol”.

También fuera de las grandes ciudades vemos tendencias del estilo. Lo demuestra la propuesta coctelera de Berto Díaz, propietario de El Patio de Butacas, en Pola de Siero, Asturias. Desde su punto de vista, “la coctelería sin alcohol ha pasado de ser una alternativa residual a convertirse en un territorio creativo con identidad propia: un lugar donde la innovación ya no consiste solo en eliminar el alcohol, sino en construir experiencias sensoriales completas a través de la ciencia, la botánica y el territorio”.

Un lote de seis cervezas
Un lote de seis cervezas Heineken 0,0 sin alcohol. (EFE/Lex Van Lieshout/Archivo)

Bebidas ‘sin’ en casa, pero seguimos saliendo de bares

El consumo de bebidas sin y bajas en alcohol ganan espacio también en el supermercado, donde el gasto en cervezas 0,0 ha crecido un 6,3% y el de vinos bajos o ‘sin’ lo ha hecho un 35% en el último año, según datos de Circana difundidos por EFE. La perspectiva a medio plazo confirma la solidez del fenómeno: desde 2022, el desembolso de los consumidores en vinos sin alcohol se ha disparado un 66,6% en valor.

Ginebras, rones y tequilas no se escapan de este terremoto. Y es que, con datos hasta 2024, las bebidas espirituosas sin alcohol han “duplicado” su volumen con un crecimiento del 17% anual, mientras que desde 2021 hasta 2024 ha aumentado un 64%, según datos de la Federación de Espirituosos de España.

Crecen un 4% las ventas de cervezas sin alcohol en España.

Este comportamiento más consciente, con la salud y el equilibrio como guías, no aleja, en cambio, a los jóvenes de la hostelería. Al menos, eso dicen las cifras. Según un estudio CGA by NIQ Reach 2025 Spain, el 73% de los españoles sigue acudiendo a bares y restaurantes al menos una vez por semana, una cifra que se eleva al 79% en el caso de la generación Z.

A pesar de que la cerveza sigue siendo la bebida más consumida en estos espacios, su penetración entre la generación Z es 12 puntos porcentuales menor que la media, en contraste con el crecimiento de cócteles, que aumentaba en 11 puntos. También crecen las bebidas de baja graduación como el vino rosado, el tinto de verano o la cerveza sin alcohol, y opciones sin alcohol consideradas más saludables como agua con gas, refrescos de té o isotónicos, según los datos del Panel de Horeca NIQ.