Cómo afecta la sal de la carretera a tu coche y qué hacer en estos casos

La sal anticongelante evita la formación de hielo y ayuda a derretir el ya presente, pero las micropartículas que quedan en el aire pueden afectar distintas partes del vehículo

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Cómo afecta la sal de la carretera a tu coche y qué hacer en estos casos (Flickr)

Cuando, como recientemente, la nieve cubre las carreteras españolas, es habitual rociarlas de sal para que esta impida la formación de hielo al hacer que la temperatura de congelación del agua descienda considerablemente y, así, evitar accidentes provocados por deslizamientos.

El proceso de esparcir sal en carreteras es y eficaz, pero su efecto no se limita al asfalto, sino que también puede provocar daños ocultos en los vehículos. Las micropartículas de cloruro sódico, impulsadas por las propias ruedas y el viento, permanecen en el aire y acaban entrando en los sistemas sensibles del coche. Con solo circular detrás de otro vehículo en una carretera que ha sido rociada por sal, ya se expone al coche a sus partículas.

Así afecta la sal de carretera a los componentes de un vehículo

Entre los principales perjudicados por esto es el filtro de aire del motor, donde la acumulación de la sal puede provocar obstrucciones que afectarán al rendimiento y reducirán la vida útil del motor. También el filtro del habitáculo requiere especial atención: si llega a saturarse, el sistema de climatización o aire acondicionado tendrá que trabajar con mayor esfuerzo, lo que incrementa el desgaste y puede derivar en averías.

La exposición a la sal tampoco pasa inadvertida para los sistemas que aseguran la visibilidad al volante. Las gomas de las escobillas del limpiaparabrisas pueden acumular residuos salinos, reduciendo su eficacia y dejando marcas en el cristal. Esta situación dificulta la visión durante la conducción y puede provocar arañazos en el parabrisas, elevando el riesgo de fisuras o roturas con el paso del tiempo.

La corrosión es otro de los riesgos asociados al uso intensivo de sal en las carreteras. El cloruro sódico, en contacto con la humedad del entorno, genera iones de sodio que aceleran el deterioro de las piezas metálicas del vehículo.

La borrasca Francis deja una estampa invernal en Madrid. La capital española se ve afectada por una intensa nevada que cubre vehículos y vías, complicando la rutina de la ciudad.

Entre las partes del vehículo que están más expuestas a la corrosión se encuentran los frenos, la suspensión, el escape, el radiador, y todo tornillo y tuerca. La sal puede deteriorar discos y pastillas de freno, reducir la capacidad de frenado y aumentar las posibilidades de sufrir un fallo mecánico. Del mismo modo, puede ser nocivo para los muelles y juntas de los amortiguadores y la suspensión, provocando una pérdida de estabilidad y un deterioro de la capacidad de absorción de impactos.

La oxidación también puede agarrotar los tornillos de las llantas, lo que complica el cambio de neumáticos en caso de pinchazo. La exposición constante a la sal puede generar perforaciones y fugas en el escape y el radiador, afectando al rendimiento general del coche y aumentando el riesgo de sobrecalentamiento.

Cómo reducir el efecto nocivo de la sal

Lo más eficaz para evitar que la sal anticongelante acabe por dañar un vehículo es lavarlo con frecuencia durante los meses de invierno, prestando especial atención a los bajos, llantas, y todas las zonas en las que es más fácil que se acumule el polvillo o se formen costras de sal endurecida.

También se pueden aplicar ceras o productos sellantes en la carrocería para crear una barrera protectora contra la corrosión; revisar y cambiar los filtros de aire y habitáculo si han estado expuestos a condiciones extremas; y comprobar el estado de frenos y amortiguadores.

Ignorar estos riesgos puede traducirse en facturas elevadas. Los daños derivados del uso de sal en carretera pueden llegar a suponer cientos o incluso miles de euros en reparaciones, una cifra que invita a extremar las precauciones durante la temporada invernal.