Hay cosas que puedes estar haciendo sin querer y que rompen la confianza de tu perro: un educador canino explica cómo evitarlo

Ciertas dinámicas que surgen de la frustración o de la idea de que el animal debe aprender lo que no está bien son contraproducentes, ya que generan inseguridad y miedo

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Educar a un perro debe
Educar a un perro debe hacerse desde el refuerzo positivo, no el castigo. (Freepik)

Educar a un perro no es una tarea mecánica ni una lista cerrada de órdenes que se aprenden de memoria. Es un proceso largo, lleno de matices, que exige algo más que constancia. Requiere paciencia para aceptar los tiempos del animal, empatía para comprender que no percibe el mundo como nosotros y una mirada honesta sobre nuestra propia forma de relacionarnos con él.

Durante años, la educación canina se ha movido entre recetas rápidas y soluciones milagro: métodos que prometen resultados inmediatos, obediencia total y conductas “perfectas” en pocas semanas. Sin embargo, convivir con un perro no se trata de perfección, sino de vínculo.

Aunque esta conexión es muy fuerte, la confianza que el animal tiene en su dueño puede debilitarse por ciertas dinámicas que en ocasiones pasan desapercibidas. “¿Sabías que hay cosas que puedes estar haciendo sin querer que destruyen la confianza de tu perro en ti?”, asegura Carlos Míllara, educador canino y creador de CANMIGOS, especialistas en ansiedad por separación en perros.

Ciertas conductas pueden hacer que
Ciertas conductas pueden hacer que tu perro pierda la confianza en ti. (Freepik)

Estas conductas son frecuentemente repetidas, ya sea porque se consideran inofensivas, por desconocimiento o porque se piensa que es la mejor manera de educar al animal. Míllara, sin embargo, destaca que esto puede provocar un efecto negativo en el perro, haciendo que pierda la confianza y genere una cierta ansiedad.

“Eso deteriora vuestra relación”

El creador de CANMIGOS, en uno de sus vídeos de TikTok, enumera algunas de estas prácticas: “Regañarle a gritos, darle un manotazo en el hocico, encerrarle en una habitación como castigo”. Estas acciones suelen surgir por la frustración humana o la idea de que el perro debe entender que ha hecho algo mal; sin embargo, la interpretación del animal es muy distinta.

“Tú piensas que le estás enseñando algo, pero, en realidad, tu perro no entiende el motivo”, explica Míllara. El problema no es solo la conducta puntual, sino el aprendizaje emocional que se genera alrededor de ella. “Lo único que aprende es que eres impredecible y que, cuando comete un error, puede pasarle algo malo”. Ese mensaje, repetido en el tiempo, no corrige comportamientos, sino que “deteriora vuestra relación”.

Según Míllara, las consecuencias pueden ser profundas: “Eso genera miedo, no aprendizaje”. Un perro que actúa por miedo puede obedecer de forma puntual, pero lo hace desde la inseguridad, no desde la confianza. Y esa inseguridad es el caldo de cultivo perfecto para problemas de ansiedad, estrés y conductas no deseadas que, paradójicamente, suelen empeorar con el castigo.

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La alternativa pasa por cambiar el foco de la educación: no tanto en lo que el perro hace mal, sino en lo que sí puede hacer. “Enseñarle con refuerzo positivo cuál es el comportamiento correcto y, sobre todo, trabajar la prevención, entender por qué hace lo que hace y darle alternativas”. Así, no hay que centrarse solo en la conducta, sino lo que esta puede indicar: aburrimiento, miedo, falta de estimulación, inseguridad, mala gestión emocional por parte del humano...

Míllara recuerda un principio fundamental que a menudo se olvida: “Los perros aprenden por asociación, no por castigo”. No conectan una acción pasada con un castigo posterior, sino que asocian emociones a personas y contextos. Por eso, la clave no está en intimidar, sino en orientar. “Si quieres un perro que confíe en ti, tu trabajo no es asustarle, es guiarle”.