La neotaberna madrileña con un Solete Repsol para empezar el año con tapas andaluzas, platos de cuchara y copas de vino

La Rox ha ofrecido al barrio de Ibiza una nueva opción de tapeo castizo, con buen ambiente, buen trato y, por encima de todo, buen producto

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Roxana, propietaria de la taberna,
Roxana, propietaria de la taberna, celebra su Solete Repsol solo un año después de la inauguración (Cedidas)

La Estrella Polar, una luz en el oscuro entramado celeste que nos guía hacia el norte cardinal. Algo parecido a eso, a un punto brillante en la lejanía que nos indica el camino a seguir, son los sellos gastronómicos más importantes del panorama. Lo es la estrella Michelin, por supuesto, pero también otros como los Soletes que entrega la Guía Repsol, un reconocimiento que nos señala hacia dónde ir cuando buscamos lugares con personalidad, ambiente especial y cocina rica y honesta.

Uno de estos pequeños astros nos guía hasta el número 39 de la calle Lope de Rueda, muy cerca del parque del Retiro y detrás de Menéndez Pelayo. Desde hace un año, allí se sitúa Taberna La Rox, una neo-taberna que ha ofrecido al barrio una nueva opción de tapeo castizo, con buen ambiente, buen trato y, por encima de todo, buen producto. Coincidiendo con su primer aniversario, en diciembre el proyecto fundado por Roxana, vecina del barrio y alma del local, recibía uno de estos Soletes. Un reconocimiento que les ha puesto en el mapa y que llega como una bocanada de aire para un proyecto nuevo, joven pero con alma.

“Es una neotaberna porque estamos en este mundo ahora mismo”, explica Roxana sobre su bebé, un proyecto que nació después de una década de dedicación al mundo de la hostelería y que ha pasado unos meses luchando por darse a conocer en un barrio lleno de grandes nombres. “No tengo nada que ver con las tabernas antiguas, pero que me encanta la tradición de todas ellas. Quería conservar esa tradición mezclándola con la actualidad”.

Sala y tabla de embutidos
Sala y tabla de embutidos en la Taberna La Rox (Cedidas)

Roxana, cuyo diminutivo bautiza al local, empezó entre fogones con 16 años, y luego emigró hacia el mundo del vino, pasando después a la sala. Todo ese aprendizaje, invertido durante años en los locales de Arzabal, pedía aunarse en su propio proyecto, una taberna pequeña, coqueta, personal y bien decorada, que abre espacio a una sala modesta donde comer buen producto, de proveedores de toda la vida como la frutería de J. Martínez ó Alimentación Leo, y donde disfrutar de la gastronomía desde el disfrute distendido.

Entre semana, el público de las oficinas cercanas llena sus mesas; los fines de semana, un ambiente más joven busca disfrutar sin pretensiones, con ritmo y buen rollo. Siempre hay hueco para los vecinos de la zona y para gente mayor que lleva décadas en el barrio. “Tenemos un trato un poco más distendido, pero no dejamos de ser profesionales en ningún momento. A la hora de servicio, a la hora de ofrecer, a la hora de vender y a la hora de cocinar”.

Encontrar el punto de equilibrio entre la tradición y la modernidad, y que aún así no resulte en una postura impostada, es una misión complicada que vemos errar en muchas ocasiones. “Tengo muchísimo respeto a la cocina y a la tradición de las recetas. Pero al mismo tiempo entras aquí y ves actualidad. Ves cuadros que son de pintores de ahora, ves otras imágenes que son de street art, y me ves a mí también. Y creo que ahí es donde he encontrado yo el equilibrio”, dice Roxana, una hostelera que conoce a su cliente, que lo mima, y que lo hace con brazos llenos de tatuajes y una estrella dibujada bajo el ojo.

Torreznos, lentejas y tagliatelle

El proceso para crear su carta no sigue muchos patrones, más allá de lo que ellos consideran auténtico. Cocina mediterránea, con toques de aquí y de allá. Lo mismo un mejillón bouchot (15 €) que un chicharrón de Cádiz (5 €/9 €) o unos tagliatelle al limón (15 €), inspirados en un viaje a Capri, que se han convertido en best sellers. “Voy a Andalucía, me mola una cosa; me voy a Italia, veo otra... Me parece que son recetas que molan un montón y que, ¿por qué no? Además, en la cocina mediterránea tenemos un producto de la hostia. Entonces, ¿por qué no enredar un poco?“.

Mejillones bouchot con toque picante
Mejillones bouchot con toque picante de Taberna La Roux (Cedida)

Este enredo resulta en platos como los torreznos con patata revolcona (8 €/14 €), la fideuá de contramuslo de pollo de corral con alioli o el rabo de toro con patatas fritas, cocinado durante día y medio, un plato que, dice Roxana, ha conquistado a todo aquel que lo ha pedido. En invierno, hacen un plato de cuchara al día, una costumbre que apasiona a la hostelera. “Me gusta mucho la cucharita, puchero, sopita, caldo, lentejas... Porque a todo el mundo le mola salir y gastarse en un estrella Michelin, pero luego te quieres comer unas lentejas. Y aquí se sirven”.

Aunque no es un espacio de coctelería, La Rox cuenta con una buena selección de vermut de Jerez, cerveza malagueña y muy interesantes vinos con referencias personales de la casa, como Txaro Urago, Finca Resalte y Triángulo. Los vinos por copas son uno de los grandes atractivos del local, con precios que parten desde los 3 euros y que rara vez superan los 4,50.