“Ir a esperar a los Reyes Magos”: la broma que hacían los madrileños a migrantes gallegos, asturianos y cántabros en el siglo XIX

Cada 5 de enero, un oteador que debía estar atento a la llegada de los reyes que repartían monedas de oro y plata

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'La Noche de Reyes en
'La Noche de Reyes en la Puerta del Sol”', realizada en 1839 por José Castelaro (Wikimedia Commons)

Antes de que la tradición de los Reyes Magos se convirtiera en una tradición dedicada a la entrega de regalos a los niños, los trabajadores madrileños se apoderaron de la leyenda bíblica en la que Melchor, Gaspar y Baltasar, guiados por una estrella desde Oriente, debían llegar al portal de Belén para entregar oro, incienso y mirra al recién nacido Jesús. De este modo, cada 5 de enero, la Puerta del Sol se convertía en el escenario de una de las bromas colectivas más desconocidas del Madrid del siglo XIX.

Concretamente, esta costumbre se conocía como “ir a esperar a los Reyes Magos”, una práctica que involucraba a los migrantes de otras provincias españolas, especialmente gallegos, asturianos y cántabros. La dinámica era simple: nombrar a un oteador que debía estar atento a la llegada de los reyes que repartían monedas de oro y plata desde los balcones de la ciudad. De este modo, “iba pertrechado con una escalera al hombro, un capazo para recoger las monedas que supuestamente recibiría en recompensa de los reyes, un cuerno a modo de catalejo y una caracola para anunciar la llegada”, recoge un informe del Museo de Historia de Madrid.

Así, “iban llegando grupos de aguadores asturianos, serenos gallegos, mozos de cuerda, mozos de alumbrado, carboneros, zapateros, jóvenes sin oficio y multitud de curiosos que se unían en la búsqueda”. Pero las burlas llegaban cuando los locales les daban indicaciones engañosas a los migrantes para que acabasen dando vueltas a la ciudad: “Su misión consistía en descubrir por cuál de las puertas de la Villa iba a realizar su entrada el cortejo real”, relatan desde la institución. Una escena que inmortalizó José Castelaro en 1839 en la pintura ‘La Noche de Reyes en la Puerta del Sol’.

Fiesta de Reyes, La Ilustración
Fiesta de Reyes, La Ilustración Española y Americana (Museo de Historia de Madrid y Ayuntamiento de Madrid)

Una tradición por la que nadie quería pagar

Una vez el grupo de personas que iba en busca de los tres monarcas llegaba a la ubicación, donde debían aparecer supuestamente los regalos, “les advertían de que los generosos monarcas se hallaban en la otra punta de la urbe”. La escena se repetía durante horas y la comitiva recorría la ciudad en medio de un estruendo de cencerros, latas y antorchas encendidas, mientras los incautos subían escaleras para asomarse a balcones, animados por una multitud que celebraba la farsa.

Asimismo, el barón Charles Davillier, tras su visita a Madrid en 1862, describió la escena para sus lectores franceses: “La víspera de los Reyes se consagra a una antigua broma que se renueva todos los años. Se trata de un aguador novato y crédulo al que sus camaradas hacen creer que los Reyes van a llegar, y el desgraciado corre a todas las puertas de la ciudad cargado de una escalera, un cesto y algunas cuerdas, para ver si puede divisar de lejos a los Reyes Magos. El ingenuo gallego es escoltado en su carrera por sus camaradas y por gentes del pueblo que le alumbran el camino con antorchas, y los pilletes siguen el cortejo lanzando fuertes gritos, que acompañan dando porrazos en unas cacerolas”.

A pesar de que gremios populares, como el de los carboneros participaban activamente en las burlas, la prensa de la época expresó una fuerte crítica hacia esta costumbre. Llegando a un punto en el que, en 1882, el alcalde de Madrid, José Abascal (de origen cántabro), intentó eliminar la celebración imponiendo una tasa de cinco pesetas a quienes desearan participar. Casi nadie aceptó pagar la cuota, lo que provocó la desaparición de la procesión en el centro de la capital ese mismo año. Como respuesta, las autoridades municipales regularon la práctica y, en 1888, dictaron un bando que prohibía los alborotos la noche de la víspera de Reyes.

El líder de Vox y la presidenta italiana, a la cabeza de Hermanos de Italia, se encuentran en la residencia familiar de Abascal para celebrar el año nuevo. / Captura de pantalla de X

Así, con la prohibición de estas jugarretas, poco a poco fue naciendo la creencia infantil en la que los niños deben irse a dormir pronto. De esta forma, el cambio social y legal sentó las bases para la aparición de las actuales cabalgatas y la costumbre de tomar las doce uvas en Nochevieja en la Puerta del Sol, consolidando nuevos rituales en la Navidad madrileña.