
La relación comercial entre España y Venezuela atraviesa uno de sus momentos más bajos de las últimas décadas, en un contexto de fuerte incertidumbre política e institucional en el país sudamericano tras los acontecimientos registrados a comienzos de 2026. Entre enero y octubre de 2025, España importó mercancías por valor de 347,2 millones de euros desde Venezuela y exportó productos por 149,8 millones, según los últimos datos oficiales de comercio exterior, unas cifras que reflejan el desplome del intercambio bilateral y su creciente dependencia del petróleo.
La comparación con el año anterior expone la magnitud de la caída. En todo 2024, las importaciones españolas desde Venezuela superaron los 1.390 millones de euros, mientras que las exportaciones alcanzaron los 230 millones. El retroceso registrado en 2025 supone una caída drástica del volumen comercial y consolida un deterioro que ya se venía observando desde hace años.
El desequilibrio del intercambio es otro de los rasgos destacados. España compra a Venezuela más del doble de lo que vende, una relación asimétrica que se mantiene en el tiempo y que responde, en gran medida, a la naturaleza de los productos importados. Venezuela ocupa actualmente posiciones muy secundarias en el comercio exterior español, tanto como destino de exportaciones como país proveedor, lo que evidencia el carácter marginal del vínculo económico.
El petróleo, eje casi exclusivo del intercambio comercial
Según un informe de ICEX España Exportación e Inversiones recogido por EFE, el petróleo representó en 2023 el 88,6% del total de las importaciones españolas procedentes del país latinoamericano. Muy por detrás se situaron otros productos como los camarones, los semielaborados de aluminio o el ron, con pesos claramente residuales en el conjunto del intercambio.
Así, al concentrarse casi todo el comercio en el petróleo, los datos varían mucho de un año a otro y dependen casi por completo de la cantidad de crudo que llega a España, así como de los acuerdos de pago de deuda con la petrolera estatal venezolana, PDVSA.
De hecho, según datos de Naciones Unidas (UN Comtrade), los combustibles minerales y productos del petróleo concentraron alrededor del 94% del valor total de las importaciones españolas desde Venezuela en 2024, lo que confirma el carácter casi exclusivo del crudo en la relación bilateral.
La dependencia del petróleo impide, además, una diversificación real del intercambio. No existe un flujo relevante de bienes industriales, tecnológicos o de consumo que permita hablar de una relación comercial sólida y estructural. Sin el crudo, el comercio entre ambos países quedaría reducido a niveles testimoniales.
Repsol, la pieza clave que sostiene la relación económica
Dentro de este esquema tan concentrado, Repsol desempeña un papel protagonista. La compañía española está presente en Venezuela desde 1993 y participa tanto en proyectos de gas, como el yacimiento Cardón IV, como en empresas mixtas de crudo, entre ellas Petroquiriquire. Parte del petróleo que España importa desde Venezuela está vinculada directamente a estas operaciones y a los ya citados acuerdos de compensación de deuda con la petrolera estatal PDVSA.
En la práctica, la actividad de Repsol condiciona de forma directa las cifras del comercio bilateral. La ausencia de otras grandes empresas energéticas o de sectores alternativos con volumen relevante hace que la relación económica entre ambos países gire en buena medida en torno a la evolución de los proyectos de la petrolera española en el país.
Presencia empresarial española muy limitada y concentrada
Más allá del sector energético, la presencia de empresas españolas en Venezuela es reducida. Según datos del ICEX, actualmente operan en el país unas 21 compañías españolas, una cifra modesta si se compara con otros mercados de América Latina, donde la implantación empresarial española es mucho más amplia. Entre ellas figuran nombres conocidos como Telefónica, BBVA, Mapfre o el grupo Inditex, además de aerolíneas como IAG o Plus Ultra.
Telefónica, uno de los principales actores extranjeros en el sector de las telecomunicaciones venezolanas, anunció recientemente su intención de abandonar el país dentro de su nuevo plan estratégico, aunque en febrero de 2025 comunicó una inversión relevante para el despliegue de la tecnología 5G y el refuerzo de su red.
En el ámbito financiero, BBVA mantiene una cuota de mercado cercana al 16%, muy por detrás de la banca pública venezolana, que concentra más del 70% del sistema. Por otra parte, Mapfre ocupa una posición secundaria en el mercado asegurador venezolano, con una cuota cercana al 5% que la sitúa en torno al quinto puesto, en un sector fragmentado y dominado por operadores locales y por compañías vinculadas al sector público.
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