¿De dónde nace la tradición de regalar carbón a los niños que se han portado mal durante el año? Una “advertencia” de los Reyes Magos

Este dulce no se menciona en los textos bíblicos que narran el camino de los Reyes Magos al portal de Belén

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De dónde nace la tradición
De dónde nace la tradición de regalar carbón a los niños que se han portado mal durante el año (Canva)

Durante la madrugada del 6 de enero, los hogares se llenan de expectativas ante la llegada de los Reyes Magos, quienes históricamente representan la ilusión y el misterio de la festividad de la Epifanía. Entre la lista de los regalos esperados, en muchas casas se suele añadir un elemento peculiar, pero ya habitual: una pieza de carbón. Este dulce no es como tal un bloque del mineral, sino que es un dulce de azúcar cristalizado y color negro que simula su aspecto real.

El carbón suele regalarse a esos niños que no se han portado bien durante el año; una “advertencia” de los Reyes Magos para que durante los próximos 12 meses tengan un mejor comportamiento. El origen de esta costumbre mezcla tradiciones, transformaciones sociales y antiguas creencias. Y es que, aunque esta tradición se enmarca alrededor de la figura de los tres sabios, Melchor, Gaspar y Baltasar, que vienen desde Oriente para llevar oro, incienso y mirra al portal de Belén; lo cierto es que no hay ningún rastro en los textos bíblicos que hable de este mineral.

Entonces ¿dónde nace la costumbre de llevarle carbón a los niños malos? Un episodio del siglo XIX, una época en la que comenzaron a consolidarse las celebraciones navideñas en su forma actual, en el que los madrileños bromeaban a los migrantes rurales con la llegada de los Reyes Magos podría ser su inicio. Y es que, según recoge La Vanguardia en un artículo, es probable que los carboneros participaran en estas burlas entregando trozos de carbón -en lugar de oro-. A pesar de que este hecho no está comprobado, sí se sabe que, en ese siglo, el carbón estaba muy bien visto, ya que una pequeña unidad podría ayudar a calentar los hogares y salvar de una hipotermia a muchos.

De dónde nace la tradición
De dónde nace la tradición de regalar carbón a los niños que se han portado mal durante el año (Canva)

De un obsequio valioso a un símbolo de pobreza

Durante los inviernos del siglo XIX, cuando la pobreza energética era común en Europa, unos trozos de carbón podían representar un obsequio valioso para mantener el calor en casa. La percepción cambió con la llegada de la sociedad de consumo; los juguetes se popularizaron y el carbón pasó a asociarse con la escasez, transformándose en símbolo de mala conducta. O al menos eso sostiene una de las teorías que tratan de dar sentido a esta tradición. Y es que, tanto el folklore europeo como el de la península han protagonizado escenarios donde se le regalaba este mineral a los niños.

Dentro de la cultura italiana, existe la Befana, una bruja que reparte dulces o carbón. Mientras, en el norte de España, personajes como Olentzero y Apalpador también entregan regalos, a veces manchados de carbón. Sin olvidar a Carbonilla o Carboncito, un paje encargado de señalar a los niños que merecen carbón, cumple la función de externalizar el castigo. Este personaje se recoge en ‘Historia de las tradiciones navideñas’ una obra de la historiadora María Narbona Cárceles, quien asegura: “No son ni los Reyes ni los padres los que toman la decisión de sustituir regalos por mineral, sino el comportamiento del infante”.

El líder de Vox y la presidenta italiana, a la cabeza de Hermanos de Italia, se encuentran en la residencia familiar de Abascal para celebrar el año nuevo. / Captura de pantalla de X

Una mala imagen heredada y transformada de las tradiciones paganas

Aun así, el carbón también tiene una conexión con las antiguas tradiciones paganas. Este mineral sustituyó a la leña, que se quemaba en el solsticio de invierno para atraer el regreso de la luz y proteger el hogar durante la quema del ‘Tronco de Yule’. No obstante, como otras tantas tradiciones paganas, este ritual se transformó con la llegada del cristianismo, pasando a llamarse ‘el Tronco de Navidad’.

De esta forma, el cristianismo desplazó el simbolismo pagano del fuego y las cenizas como talismán, a una imagen asociada con lo oscuro y lo sucio -al estar estrechamente relacionado con el inframundo-. De hecho, algunas hipótesis sugieren que la tradición de que Santa Claus baje por la chimenea y deje carbón a los niños desobedientes podría tener igualmente su raíz en la percepción de las cenizas y el fuego en el imaginario europeo.

En la sociedad actual, el Carbón de Reyes se ha transformado en un elemento festivo y familiar. Ningún niño recibe ya carbón mineral, sino una versión dulce que se vende en pastelerías y supermercados. Además, la amenaza se ha convertido en broma, y la entrega de carbón es una forma de recordar la importancia de la conducta, pero también de reírse y compartir en familia.