
El dolor de cabeza es una de las molestias más habituales. Según informa la Sociedad Española de Neurología, el 46% de la población del país sufre algún tipo de cefalea. Lo primero que se suele pensar es que es por una mala postura o por haber pasado demasiadas horas frente a una pantalla.
Sin embargo, estos no son los únicos motivos posibles. Valentín Naranjo, un experto en humedades, ha apuntado a una causa que muy pocos tienen en mente: el Metro. “La gente cree que le duele la cabeza por el estrés o el calor, pero puede ser por el aire que respiras aquí abajo”, afirma en uno de los últimos vídeos que ha publicado en su cuenta de TikTok (@valentin_naranjo).
Motivos por los que el aire del Metro puede generarte dolor de cabeza
Según explica Valentín, el ambiente del subsuelo concentra distintos factores que, combinados, pueden influir en el bienestar de los viajeros. Entre ellos menciona la presencia de partículas metálicas procedentes del desgaste de frenos y vías, un fenómeno documentado en sistemas de transporte subterráneo de todo el mundo.
A esto se suma la limitada ventilación de muchas estaciones, que puede generar una sensación de aire pesado, especialmente en horas punta. Otro aspecto que señala es la calidad del aire en los vagones, donde la acumulación de dióxido de carbono aumenta cuando se concentran muchas personas en espacios reducidos.
La mezcla de poca renovación del aire, partículas en suspensión y un ambiente saturado puede contribuir a la sensación de malestar o pesadez que algunos viajeros experimentan tras varios trayectos diarios.
Aunque no todos los especialistas coinciden en la magnitud de estos efectos, sí existe un consenso general en que la calidad del aire interior influye en síntomas como fatiga o la irritación ocular. Por estos motivos, el experto apunta a la importancia de ventilar los entornos cerrados, incluso en instalaciones públicas como las de Metro.
Cómo influye el entorno subterráneo en el bienestar de los viajeros
Más allá de estos factores, el entorno reúne una serie de condiciones que pueden afectar a quienes pasan buena parte del día desplazándose bajo tierra. El movimiento constante de trenes genera cambios bruscos de temperatura entre andenes, pasillos y vagones, algo que puede provocar cansancio.
A ello se suman las corrientes de aire que se producen, que son capaces de arrastrar polvo y otros residuos acumulados en el suelo. La profundidad de algunas estaciones también juega un papel relevante. Cuanto más bajos se sitúan los andenes, más dependientes son de los sistemas de ventilación y más lenta puede resultar la renovación del aire ambiente.
En horas de gran afluencia, la concentración de personas aumenta la humedad y provoca que el calor se acumule de forma más persistente. Ese microclima, característico de los espacios subterráneos, puede favorecer la sensación de agobio.
Además, el ruido continuo de frenos, motores y avisos sonoros crea un nivel de estímulo constante que puede resultar agotador para algunas personas, especialmente en trayectos largos y con muchas paradas.
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