Este es el motivo por el que dejar la calefacción al mínimo todo el día no es la mejor forma de ahorrar en facturas, según los expertos

Mantenerlo en el rango recomendado —entre 18 °C y 21 °C— ayuda a mantener el confort sin disparar el gasto

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Formas de ahorrar en el
Formas de ahorrar en el cansumo de la calefacción (Montaje Infobae con imágenes de Canva)

Con la llegada del frío y el aumento sostenido del precio de la energía, muchos hogares en España buscan fórmulas para calentar la vivienda sin disparar la factura del gas. Una de las creencias más extendidas es que mantener la calefacción encendida a baja temperatura durante todo el día ayuda a ahorrar. Sin embargo, expertos en eficiencia energética coinciden en que esta práctica no solo no reduce el consumo, sino que puede incrementarlo de forma notable. La recomendación general es clara: encender la calefacción solo cuando se necesita y ajustar bien el termostato marca la diferencia.

Esta conclusión ha sido respaldada recientemente por Cuerpomente, medio especializado en salud y bienestar. Todos apuntan a la misma idea: un sistema funcionando durante horas, aunque sea al mínimo, consume más energía que uno que se utiliza de forma puntual. El motivo es sencillo. Cuando la calefacción permanece encendida todo el día, el sistema trabaja de manera constante para compensar las pérdidas de calor naturales de la vivienda. Ese esfuerzo continuo se traduce en un mayor gasto acumulado.

El Gobierno de España, a través de documentos del Centro Nacional de Educación Ambiental (CENEAM), señala que “la opinión de los expertos es unánime: se gasta menos energía apagando la calefacción por la noche o al ausentarnos de casa que manteniéndola encendida”. Por su parte, el ingeniero industrial y experto en energías renovables Jorge Morales de Labra, califica de “bulo” la idea de que dejar la calefacción encendida de forma permanente ayude a ahorrar. Según explica, el sistema no deja de consumir para mantener la temperatura, aunque el confort no aumente.

Los especialistas insisten en que el uso inteligente del tiempo es tan importante como la temperatura. Encender la calefacción solo en horarios concretos en los que estemos en casa, como por la mañana antes de salir o por la tarde al regresar, permite alcanzar una sensación térmica adecuada sin desperdiciar energía durante horas.

Aquí entran en juego los programadores y termostatos inteligentes. Programar el encendido entre 20 y 30 minutos antes de que la vivienda vuelva a estar ocupada suele ser suficiente para alcanzar una temperatura confortable. En la mayoría de los hogares, ese margen permite situar el ambiente entre los 18 °C y los 21 °C, el rango considerado más eficiente.

Edesur creó este informe sobre la eficiencia de distintos artefactos eléctricos

El termostato: un aliado infravalorado

Diversas organizaciones vinculadas al consumo energético coinciden en que el termostato es una de las herramientas más eficaces y menos aprovechadas del hogar. Mantenerlo dentro del rango recomendado evita consumos innecesarios que no se traducen en mayor bienestar.

Los expertos recuerdan que cada grado adicional por encima de los valores aconsejados puede suponer un incremento significativo en la factura anual. En algunos casos, ese exceso puede representar entre 80 y 100 euros más al año. Por eso, recomiendan priorizar temperaturas más bajas, especialmente durante la noche.

Una mujer pone la calefacción
Una mujer pone la calefacción a 22 grados en invierno (Canva)

Además, explican que subir mucho la temperatura para calentar rápido la casa no es una buena estrategia. Los cambios bruscos implican picos de consumo más altos y no mejoran la eficiencia del sistema. Junto al ajuste del termostato, existen medidas sencillas que ayudan a conservar el calor. Revisar puertas y ventanas para evitar corrientes, cerrar estancias que no se usan o purgar los radiadores al inicio del invierno mejora el rendimiento sin inversión elevada. Aprovechar la luz solar durante el día y cerrar cortinas por la noche también reduce las pérdidas térmicas.

La combinación de programación, temperaturas moderadas y pequeños gestos diarios sigue siendo la fórmula más eficaz para mantener la casa confortable y contener el gasto del gas durante los meses más fríos.