
Las emisiones globales de dióxido de carbono (CO₂) de origen fósil alcanzarán un máximo histórico en 2025, según un nuevo informe del Global Carbon Project, difundido por Nature. La investigación anticipa 38.100 millones de toneladas de CO₂ emitidas solo por combustibles fósiles en ese periodo, superando todas las marcas previas a pesar de los avances en descarbonización energética en múltiples países.
El análisis, elaborado por un consorcio de más de 130 científicos de instituciones como la Universidad de Exeter, la Universidad de East Anglia (UEA), el Centro CICERO para la Investigación Climática Internacional y la Universidad Ludwig-Maximilian de Múnich (LMU), alerta que el ritmo actual de reducción de emisiones no logra compensar el crecimiento de la demanda energética mundial, un fenómeno motivado en parte por el aumento del producto interno bruto (PIB) y una desaceleración en la caída del consumo energético por unidad de PIB.
Pierre Friedlingstein, profesor del Instituto de Sistemas Globales de Exeter y líder del informe, sostiene: “Con el aumento continuo de las emisiones de CO₂, mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 grados Celsius ya no es plausible. El presupuesto de carbono restante para 1,5 °C, de 170.000 millones de toneladas de dióxido de carbono, se agotará antes de 2030 al ritmo actual de emisiones“. Con estos datos “estimamos que el cambio climático está reduciendo ahora los sumideros combinados de tierra y océanos, una clara señal del planeta Tierra de que debemos reducir drásticamente las emisiones”, afirma.

La tendencia global
El presupuesto global de carbono para 2025 prevé que las emisiones totales, al incorporar también las procedentes del uso del suelo —como la deforestación—, sumen alrededor de 42.200 millones de toneladas. Aunque las emisiones derivadas del cambio en el uso del suelo (4.100 millones de toneladas) han disminuido ligeramente respecto a años anteriores -gracias a las políticas ambientales y el descenso de la deforestación en regiones como la Amazonía-, no compensan el continuo avance de los gases fósiles.
En este sentido, el informe también incluye una advertencia reiterada sobre el presupuesto de carbono disponible para impedir que la temperatura global supere el umbral crítico de 1,5 °C. Según el equipo investigador, “equivaldría a cuatro años de emisiones de 2025”, lo que recorta significativamente el margen de maniobra de la comunidad internacional. Aun así, el aumento proyectado para este año afecta todos los grandes combustibles: carbón (+0,8 %), petróleo (+1 %), y gas natural (+1,3 %). Uno de los provocadores de este resultado es el sector de la aviación internacional, ya que, por primera vez, los niveles previos a la pandemia serán superado con un alza estimada de 6,8 %.
Los datos publicados por el Global Carbon Project enfatizan que, mientras en la última década las emisiones totales de CO₂ —sumando fósiles y uso del suelo— crecieron un 0,3 % anual, esa tasa rozaba el 1,9 % una década antes. Por lo que un total de 35 países han logrado reducir sus emisiones fósiles, aumentando el tamaño de sus economías entre 2015 y 2024. España figura en ese grupo, aunque las emisiones de CO₂ fósil en este país ascendieron en 2024 a 220,3 millones de toneladas (+2 % respecto de 2023).
Además, acercándonos al panorama regional, la investigación ha recogido las diferencias más relevantes en cuanto a esta evolución. En primer lugar, China incrementará un 0,4 % sus emisiones de CO₂ fósil en 2025, por debajo de tasas recientes, debido en parte al auge de las energías renovables y al crecimiento moderado en el consumo energético. Mientras, en India el aumento proyectado es de 1,4 %; dado que las condiciones climáticas redujeron la demanda de refrigeración y el impulso de alternativas renovables contuvo el uso de carbón.
Por otro lado, se calcula que las emisiones aumentarán 1,9 % en Estados Unidos y 0,4 % en la Unión Europea, invirtiendo la tendencia de baja de años recientes a causa de un invierno más riguroso y menor producción hidroeléctrica y eólica. Así, a pesar de que la intensidad de carbono en la energía disminuye con respecto a otros años (en términos generales), el avance aún no basta. El motivo es muy sencillo: el aumento de la demanda energética supera el ritmo de sustitución por fuentes limpias. Solo algunos países, como Japón -que descenderá sus emisiones (-2,2 %), ajustándose a la tendencia que sostiene hace varios años-, han logrado compensar este crecimiento mediante la expansión de energías renovables y la eficiencia energética.
Los sumideros climáticos naturales pierden fuerza
A esta cuestión se suma otra preocupación que acentúa aún más este panorama. Según el investigador principal del Centro CICERO, Glen Peters, “el cambio climático y la variabilidad también están teniendo un efecto perceptible en nuestros sumideros climáticos naturales” que serían aquellos agentes que absorben y almacenan ese gas de la atmósfera y que ayuda a mitigar este fenómeno. Y es que, el impacto del cambio climático ha debilitado la capacidad de absorción de carbono de los océanos y ecosistemas terrestres.
Según los datos analizados que lo respaldan, el 8 % del incremento de CO₂ en la atmósfera desde 1960 se explica por el deterioro de estos sumideros naturales. Sin duda, estos cambios “son preocupantes y subrayan aún más la necesidad de tomar medidas urgentes”, ha declarado Corinne Le Quéré, profesora investigadora de la Royal Society en la Facultad de Ciencias Ambientales de la UEA. De esta forma, está claro es que “los países deben redoblar sus esfuerzos”, pues “ahora tenemos pruebas sólidas de que las tecnologías limpias ayudan a reducir las emisiones y son rentables en comparación con las alternativas fósiles”, ha precisado Glen Peters.
Y es que, el paso que seguimos ha hecho que la concentración de CO₂ en la atmósfera pueda alcanzar 425,7 partes por millón, lo que supone un aumento del 52 % por encima de niveles preindustriales. Como ejemplo, los autores del estudio advierten que los bosques tropicales del sudeste asiático y gran parte de Sudamérica actuaron como fuente neta de carbono, en vez de sumidero, como resultado de la deforestación y las alteraciones climáticas.
Por otro lado, Julia Pongratz, académica del Departamento de Geografía de la LMU, ha detllado que las tendencias positivas en el Amazonas conviven con la vulnerabilidad ecosistémica demostrada tras los incendios de 2024. La especialista afirmó: “La reducción de las emisiones derivadas del uso del suelo demuestra el éxito que pueden alcanzar las políticas medioambientales. Las tasas de deforestación en la Amazonía han disminuido y se encuentran en su nivel más bajo desde 2014. Sin embargo, los incendios generalizados de 2024 revelaron lo sensible que sigue siendo el ecosistema si no limitamos también el calentamiento global”.
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