Por qué los podólogos desaconsejan que los bebés lleven calzado antes de un año: los efectos en el desarrollo del pie

Aparte de que no son necesarios cuando el bebé comienza a caminar, existen otros motivos de salud por los que los expertos desaconsejan el uso de zapatos

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Un bebé da sus primeros
Un bebé da sus primeros pasos (Shutterstock)

Cuando un bebé llega a la familia, muchos familiares se preguntan qué prendas son las más adecuadas. En ese contexto surge una duda frecuente: ¿Cuándo necesitan realmente zapatos los bebés? Esta cuestión aparece con fuerza cuando los adultos desean prepararlo todo antes de su nacimiento o cuando el niño comienza a dar sus primeros pasos.

La compra del primer par de zapatos suele estar cargada de ilusión. Para muchos familiares, ese pequeño accesorio simboliza la llegada del nuevo integrante. Sin embargo, la intención afectiva no coincide con la recomendación profesional. Los podólogos coinciden en que durante el primer año los bebés no necesitan ningún tipo de calzado, incluso cuando ya logran desplazarse a pie por su cuenta.

Esta recomendación sorprende porque coincide con un momento relevante del desarrollo. Cuando los niños empiezan a caminar, reciben estímulos directos en la planta del pie. Esos estímulos ayudan a construir equilibrio y la fuerza en las piernas para sostenerse y andar. También, informan los expertos, favorecen la osificación progresiva de los huesos de pies y piernas. Todo esto se logra mejor cuando el bebé se mantiene descalzo.

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Por qué evitar el calzado en el primer año

Los expertos señalan que los zapatos limitan el movimiento natural del pie. En los primeros meses de desplazamiento, los huesos y músculos de los bebés aún están en desarrollo. Un estudio realizado con niños que habían dado sus primeros cinco pasos sin apoyo dentro del mes previo analizó cómo se modificaban la estructura del pie y el patrón de marcha con calzado convencional. Los resultados mostraron diferencias claras entre los pequeños que usaban zapatos y los que caminaban descalzos, indicando que el calzado regular introduce restricciones que pueden afectar la formación adecuada del pie.

Imagen recurso de un bebé
Imagen recurso de un bebé en la playa (Freepik)

Esa investigación retomaba un estudio anterior que había llegado a una conclusión relevante: usar calzado en la primera infancia puede perjudicar el desarrollo de un arco longitudinal normal. El arco es una parte estructural que se forma con el tiempo y que requiere libertad de movimiento para adoptar su forma y función. Cuando el pie se mantiene dentro de un zapato rígido o poco flexible durante etapas tempranas, la adaptación natural puede verse alterada.

En contraste, caminar descalzo ofrece un entorno más favorable. El pie del bebé se expande, se dobla y se apoya sin limitaciones. La ausencia de calzado facilita que los músculos trabajen y que el pie reciba información sensorial importante para orientar el equilibrio.

Podología preventiva

Hay otra línea de investigación que llama la atención de las familias. Un estudio titulado “Podología preventiva: niños descalzos igual a niños más inteligentes” sugiere que la movilidad libre del pie favorece experiencias sensoriales más amplias, lo que podría influir en el desarrollo cognitivo. Aunque los mecanismos específicos requieren más estudio, la conclusión general es que los niños estén descalzos aporta estímulos variados que se consideran positivos.

A pesar de estas recomendaciones, muchas familias se preocupan por los resfriados. Sobre este punto, los especialistas aclaran que ir descalzo no provoca enfermedades respiratorias. El resfriado está relacionado con virus, no con la temperatura del suelo o la ausencia de calzado. Por ello, mantener los pies sin zapatos en espacios seguros no supone un riesgo para la salud.

En resumen, durante el primer año y también en los primeros años posteriores, el calzado no aporta beneficios al desarrollo del pie infantil. Los estudios coinciden en que la libertad de movimiento favorece una marcha más funcional y un crecimiento musculo-esquelético adecuado. El simbolismo de los primeros zapatos es comprensible, pero su uso puede esperar hasta que el pie del niño esté preparado.