
En el estado australiano de Nueva Gales del Sur, un tramo de carretera considerado durante años como uno de los más peligrosos ha dejado de serlo gracias a una solución tan simple como ingeniosa: hacer que sus marcas viales brillen en la oscuridad. Lo que comenzó como un proyecto piloto en el puerto de montaña de Bulli Pass, al sur de Sídney, se ha convertido en un ejemplo de cómo la innovación aplicada a la seguridad vial puede salvar vidas.
Este tramo, de apenas 200 metros, concentraba buena parte de los más de 125 accidentes graves o mortales que cada año se registraban en la zona. Las características del trazado —estrecho, con curvas cerradas, fuertes pendientes y un arcén casi inexistente— lo convertían en un auténtico desafío para los conductores, especialmente de noche. El 10% de los siniestros ocurrían entre las 21:00 y las 4:00, un dato que llevó a las autoridades a buscar alternativas para mejorar la visibilidad y reducir la siniestralidad.
Una carretera que brilla por sí sola
La respuesta vino de la mano de una tecnología fotoluminiscente que, sin necesidad de energía eléctrica, permite que las líneas de la carretera emitan un resplandor visible en la oscuridad. De día, las marcas viales absorben la luz solar y ambiental; de noche, la liberan de forma gradual, creando un efecto similar al de las señales de emergencia de los edificios. El resultado es una calzada que parece retroiluminada y que guía a los conductores incluso en los tramos más cerrados o con visibilidad nula.
El proyecto, impulsado por el organismo estatal Transport for NSW, se puso en marcha en diciembre de 2024 con un periodo de prueba de seis meses. Durante ese tiempo, las autoridades se centraron en recopilar datos y en escuchar las impresiones de los usuarios. Los resultados no han tardado en llegar y, según los primeros informes, el impacto ha sido notable: los accidentes nocturnos se han reducido en un 67%, y la siniestralidad general en el tramo ha caído casi un tercio.

Además, los conductores parecen satisfechos. Un 83% de los encuestados por la agencia estatal asegura sentirse más seguro al circular por Bulli Pass desde la instalación de las nuevas marcas. “El mayor beneficio del brillo fue la mejora de la visibilidad más allá del alcance de los faros del vehículo, aumentando la percepción del trazado de las curvas incluso en condiciones de oscuridad total”, explican fuentes de Transport for NSW.
De experimento local a modelo internacional
El éxito de la iniciativa ha llevado al gobierno de Nueva Gales del Sur a estudiar su implantación en otros puntos negros de la red viaria, especialmente en tramos rurales o de montaña donde la iluminación es deficiente. La Asociación de Carreteras y Automovilistas del estado (NRMA, por sus siglas en inglés) ya trabaja con el departamento de transporte para identificar nuevas zonas en las que aplicar la tecnología.
El interés no se limita a Australia. El estado de Victoria ha anunciado inversiones para probar sistemas similares en sus propias carreteras, y países como Reino Unido, Irlanda y Países Bajos ya han iniciado programas piloto basados en el mismo principio. En Europa, de hecho, algunas regiones llevan años experimentando con materiales luminiscentes en la calzada, tanto para mejorar la seguridad como para reducir el consumo energético derivado del alumbrado público.
Caminos y carriles que se iluminan para proteger al peatón
En el caso australiano, la iniciativa no se ha limitado a las marcas viales. También se están explorando variantes en las que el propio asfalto puede emitir luz. Este avance, conocido como asfalto luminiscente, está pensado principalmente para sendas peatonales y carriles bici. La empresa británica Tarmac, por ejemplo, ha desarrollado un firme llamado Ultiglow, que incorpora microcristales y pigmentos luminóforos capaces de absorber la luz durante el día y emitirla durante la noche.
El objetivo de estas superficies brillantes es reforzar la seguridad de los usuarios más vulnerables —peatones y ciclistas— en zonas de baja visibilidad. En Reino Unido, algunas localidades como Oakham ya cuentan con caminos peatonales construidos con este tipo de materiales, que ofrecen un resplandor suave y continuo, suficiente para señalar el trazado sin generar contaminación lumínica. En otras regiones británicas también se están utilizando en rutas rurales o parques, donde la iluminación artificial sería costosa o ambientalmente inadecuada.
Este tipo de innovaciones abre una nueva vía en la gestión de la seguridad vial y urbana: materiales inteligentes que no dependen de la electricidad y que pueden integrarse en entornos naturales sin alterar el paisaje. En Australia, el balance preliminar de Bulli Pass demuestra que el concepto no solo funciona sobre el papel, sino que tiene un impacto directo en la reducción de accidentes y en la percepción de seguridad de los conductores.
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