
Habiendo entrado ya en noviembre, en España ya hemos dejado atrás el verano meteorológico y, aunque todavía quedan algunas semanas para que comience el otoño astronómico (el 22 de septiembre), hay quienes ya piensan en los jerseys de puntos, los tés calientes y las hojas cayendo de los árboles.
El calor intenso ya forma parte del pasado en la mayoría de las regiones de España, aunque todavía la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) activa algunas alertas por altas temperaturas. Algunos se resisten a decir adiós al verano, por lo que siguen ataviándose con camisetas y pantalones cortos pese a que los termómetros hayan bajado ya varios grados. Otros, por el contrario, están deseando la llegada del frío y se preparan ya para el invierno.
Además de los radiadores, las estufas y las chimeneas, otras soluciones contra las bajas temperaturas tienen ya un hueco en los hogares, como las bombas de calor. La Asociación de Fabricantes de Equipos de Climatización (AFEC) destaca que las bombas de calor son sistemas que utilizan los recursos naturales (al aire, el agua y la tierra) para proporcionar la calefacción.
En torno a estos electrodomésticos existen una larga lista de mitos: que consumen mucha electricidad, que hacen demasiado ruido... La realidad, sin embargo, puede ser muy distinta.
¿Consumen mucha electricidad?
A diferencia de lo que se suele pensar, las bombas de calor son de los sistemas más eficientes que existen para climatizar una vivienda. Frente a un radiador eléctrico, que convierte directamente la electricidad en calor, este electrodoméstico actúa como un transportador de energía: toma el calor del aire, del agua o del suelo y lo traslada al interior.
El resultado es que por cada kilovatio de electricidad que consume, puede llegar a generar entre tres y cinco kilovatios de calor. Dicho de otro modo: multiplica la energía que utiliza, lo que la convierte en una opción mucho más rentable que las estufas o calderas eléctricas tradicionales.
Eso sí, su rendimiento depende de factores como el aislamiento de la vivienda o las temperaturas exteriores. En climas muy fríos necesitará un apoyo extra, pero incluso en esas condiciones sigue siendo más eficiente que la mayoría de sistemas convencionales.
¿Son adecuadas solo para edificios nuevos?
Aunque es cierto que son muy adecuadas para las promociones de obra nueva, hoy en día existen modelos adaptados tanto para rehabilitación de edificios como para casas unifamiliares construidas hace décadas. La clave está en el tipo de emisor que se utilice: mientras que en obra nueva se instalan suelos radiantes o sistemas pensados para baja temperatura, en viviendas ya existentes pueden conectarse a radiadores convencionales o a fan coils.
¿Hacen mucho ruido?
Esto también es falso, ya que los equipos actuales han reducido notablemente su nivel de ruido gracias a mejoras tecnológicas en compresores, ventiladores y aislamientos acústicos.
Por supuesto, la percepción del ruido depende de dónde se instale el aparato. Una colocación adecuada, lejos de ventanas de dormitorios o patios pequeños, ayuda a minimizar cualquier molestia. Pero, en condiciones normales, una bomba de calor no es más ruidosa que otros electrodomésticos habituales en el hogar.
¿Funcionan cuando hace mucho frío?
Es cierto que las primeras bombas de calor tenían dificultades para rendir en climas muy fríos, pero la tecnología ha avanzado mucho. Hoy en día, los modelos de aerotermia de última generación están diseñados para funcionar incluso con temperaturas exteriores de hasta –15 °C o –20 °C.
Eso sí, a medida que baja la temperatura exterior, la máquina necesita trabajar más, lo que reduce ligeramente su rendimiento. En regiones con inviernos muy extremos, puede ser recomendable contar con un sistema de apoyo puntual, pero en la mayor parte del territorio español la bomba de calor funciona perfectamente durante todo el invierno.

¿También sirven para enfriar en verano?
La realidad es que las bombas de calor son sistemas reversibles, capaces de trabajar tanto en invierno como en verano. En los meses fríos extraen la energía del aire exterior y la introducen en la vivienda y en verano realizan el proceso contrario: expulsan el calor del interior hacia fuera, funcionando como un aire acondicionado.
El doble uso aporta una ventaja clara: evita tener que instalar dos equipos diferentes y hace que la inversión inicial sea mucho más rentable a medio plazo.
¿Tienen alguna ventaja ecológica?
Tal y como destaca la AFEC, la bomba de calor contribuye al triple objetivo que marca la Unión Europea: es energéticamente eficiente, usa energía renovable y reduce las emisiones de CO2. Su gran baza está en la eficiencia: al aprovechar la energía del aire, del agua o del suelo, necesita mucha menos electricidad para generar calor que un sistema convencional.
Otro punto a su favor es la versatilidad: un único equipo puede cubrir calefacción, refrigeración e incluso agua caliente sanitaria, reduciendo la necesidad de instalar varios aparatos distintos.
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