
La aparición de una ballena pigmea muerta en la costa de Utila, Honduras, tras ingerir una bolsa de plástico, ha encendido las alarmas entre los especialistas. El ejemplar, de aproximadamente 1,8 metros, fue avistado el 19 de agosto intentando varar repetidamente cerca de la orilla, un comportamiento que indicaba una enfermedad grave.
A pesar de los esfuerzos de los investigadores del Centro de Investigación y Conservación Kanahau Utila (ONG), el animal no sobrevivió. “Este raro y trágico suceso pone de relieve los devastadores impactos de los plásticos oceánicos en la vida marina”, señaló el centro tras el incidente.
El examen post mortem del cachalote evidenció la magnitud del daño: su estómago contenía una bolsa de plástico rota de 28 centímetros y una infestación parasitaria de nematodos, que habrían contribuido a la obstrucción digestiva.
“El hallazgo subraya la vulnerabilidad de las especies marinas frente a los desechos plásticos”, señaló el centro en un comunicado. Además, este animal representaba un registro único para la región, siendo “el primer registro confirmado de esta especie en Utila y uno de los pocos en Honduras”.

Especie rara y poco conocida
Los cachalotes pigmeos (Kogia breviceps) habitan en aguas cálidas y tropicales. Pueden llegar a pesar hasta 450 kilogramos y tienen cuerpos compactos. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), se sabe poco sobre ellos y se consideran raros.
No obstante, advierte de que “la ingestión de plástico y otros tipos de basura puede obstruir sus intestinos”, lo que los hace especialmente vulnerables a la contaminación marina.

Una amenaza global
El caso de la ballena refleja una realidad creciente en los mares y océanos de todo el mundo. En el Mediterráneo, el 95% de los residuos que contaminan las aguas son plásticos, y el mar registra la mayor densidad de microplásticos flotantes del mundo, según National Geographic.
Por otro lado, en el Pacífico Norte, la acumulación de plásticos ha alcanzado proporciones continentales. La llamada “isla de basura”, descubierta en 1977 por el oceanógrafo Charles Moore, ocupa actualmente 1,6 millones de kilómetros cuadrados, equivalente a tres veces la superficie de España. Cuando la identificó, tardó siete días en lograr cruzarla con su velero
Las corrientes marinas concentran botellas, bolsas y micropartículas, que se fragmentan continuamente, aumentando la amenaza para todas las especies. Además, los investigadores afirman que la isla no ha dejado de crecer y seguirá haciéndolo.
La muerte del cachalote pigmea en Utila es un recordatorio de que todas las especies relacionadas con el mundo marino pueden verse afectadas por la contaminación plástica, desde aves y peces hasta los propios cetáceos. Según los investigadores hondureños, cada bolsa o microplástico en el océano representa un riesgo directo para la biodiversidad y la supervivencia de especies raras, haciendo urgente una acción global para proteger los océanos.
Más plásticos que peces
En 2050, según la Fundación Ellen Macarthur, los océanos podrían contener más plásticos que peces. Para evitar que estos desechos sigan contaminando el mar y ensucien las playas, la comisión de Medio Ambiente aprobó el 10 de octubre las nuevas reglas que hacen frente a los nueve principales productos plásticos de un solo uso hallados en las costas europeas, que representan el 70% de la basura marina.
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