Un paramédico coge la ambulancia fuera del horario de trabajo y atropella a un peatón: se dio a la fuga y ha confesado su crimen un año más tarde

Tras negarlo en cinco ocasiones, el sanitario ha confesado que viajaba junto a su hijo

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Una ambulancia en Francia. (Charles
Una ambulancia en Francia. (Charles Platiau/Reuters)

¿Cómo actuarías sabiendo que le has quitado la vida a alguien por error? Muchos confesarían al segundo y otro elegirían callar para siempre. Es una decisión que muy pocos tienen que tomar. Uno de los últimos casos ha sido el de un hombre francés. Un trágico atropello mortal ocurrido en la circunvalación de Lille ha sido objeto de atención judicial y mediática durante casi un año.

El suceso se remonta al 27 de octubre de 2024, cuando un peatón de 39 años perdió la vida al ser arrollado en el cruce de las autopistas A1 y A25 por una ambulancia que, según determinó la investigación, circulaba a gran velocidad. La víctima se encontraba cruzando la vía a última hora de la tarde cuando fue sorprendido por el vehículo de emergencia, cuyo conductor no se detuvo tras el impacto y se dio a la fuga.

Las autoridades emprendieron de inmediato una solicitud pública de testigos, lo que permitió recopilar información valiosa para la localización y detención del responsable. Tras varios días de búsqueda y difusión, las pesquisas se centraron en un paramédico de 38 años, empleado en la empresa de ambulancias y que resultó ser el conductor implicado. A pesar de que en primera instancia fue absuelto, el acusado terminó siendo puesto a disposición del tribunal penal bajo la acusación de homicidio involuntario.

Una confesión inesperada tras meses de negativas

El proceso judicial alcanzó un punto crucial el miércoles 1 de octubre de 2025, en la apertura del juicio. El paramédico, que hasta entonces mantenía su inocencia y había negado los hechos hasta en cinco ocasiones previas, terminó realizando una confesión completa ante el tribunal. “Soy culpable. Soy culpable de homicidio involuntario”, declaró ante los jueces, sorprendiendo por la contundencia de sus palabras y el cambio radical de actitud.

Ambulancia en Francia
Ambulancia en Francia

Según declaró, se sintió presionado por su empleador para devolver el vehículo a tiempo para el turno de noche. Fue en ese contexto cuando decidió acelerar la marcha y circular a mayor velocidad: “Conduje rápido, aceleré, encendí las luces intermitentes y, sí, lo atropellé”, reconoció ante el tribunal.

La investigación determinó que en el momento del atropello la ambulancia circulaba a 122 km/h, muy por encima de los 70 km/h permitidos en ese tramo, y que el acusado carecía de permiso de conducir en vigor. En su intento de restar gravedad a la acción, el paramédico alegó ante el presidente que solo alcanzó a “ver un zapato y oír un ruido”, unas explicaciones consideradas insuficientes por la sala en vista de la seriedad del incidente y los antecedentes del investigado.

La Comunidad de Madrid lleva un año con el contrato caducado de las ambulancias que transportan a los pacientes a diálisis, quimioterapia o rehabilitación.

La fiscalía solicita prisión y la inhabilitación permanente

En el transcurso del juicio, el fiscal solicitó una condena ejemplarizante: cinco años de prisión con auto de prisión preventiva, así como la prohibición definitiva de ejercer como conductor de ambulancia. El representante del ministerio público subrayó la gravedad de los hechos y la responsabilidad directa del acusado en el desenlace mortal del atropello, resaltando que “el riesgo generado por su comportamiento fue inaceptable y no puede quedar impune”, según La Dépêche.

El acusado se enfrenta así a una posible condena de hasta diez años de cárcel, en función de la calificación judicial definitiva que recaiga sobre el caso. El tribunal ha decidido reservar su sentencia hasta el próximo 15 de octubre, fecha en la que se dará a conocer el fallo. La familia de la víctima, que ha seguido el proceso con gran consternación, espera que la resolución judicial sirva al menos para esclarecer lo ocurrido y aportar una dosis de justicia ante una pérdida irreparable.