
Las energías renovables no solo ayudan a la crisis climática, también a nuestros bolsillos. Gracias al rápido crecimiento de estas tecnologías, como la energía solar y la eólica, España ha transformado su mercado eléctrico y ha conseguido que el precio de la electricidad deje de depender principalmente del gas, lo que abarata nuestra factura de la luz.
Según el último informe de la organización Ember, nuestro país ha logrado que los precios de la electricidad en el mercado mayorista, donde las empresas compran y venden la energía antes de que llegue a los consumidores finales, fueran un 32% inferiores a la media de la Unión Europea en el primer semestre de 2025. Además, el análisis Desligados: cómo España rompió el vínculo entre el gas y el precio de la electricidad gracias a las energías renovables asegura que la influencia del gas en la fijación de precios se ha reducido del 75% al 19% de las horas desde 2019, situando a España entre los mercados eléctricos más baratos y competitivos del continente.
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La energía solar y la eólica cubren el 46% de la demanda y bajan el precio de la luz
Hasta hace poco, España figuraba entre los países con la electricidad más cara de Europa. El sistema marginal europeo, que fija el precio de la electricidad por la tecnología más cara en cada hora, normalmente por el gas o el carbón, ha experimentado un cambio con el auge de las renovables. Estas tecnologías han desplazado a los combustibles fósiles a la hora de marcar el precio, especialmente durante las horas de máxima producción solar y eólica.
El informe de Ember detalla que, en la primera mitad de 2019, el coste de la generación fósil determinaba el precio de la electricidad en el 75% de las horas. Pero, en el mismo periodo de 2025, ese porcentaje cayó al 19%. Como resultado, el precio medio por hora de la electricidad en nuestro país en los primeros meses de 2025 se ha situado en 62 euros por megavatio-hora (MWh), muy por debajo del coste medio de la generación con gas, que alcanzó los 111 €/MWh.
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Y el motor de este cambio ha sido el crecimiento acelerado de la energía solar y la eólica. Entre diciembre de 2019, justo después de que se eliminara el conocido como el Impuesto al sol que dificultaba el uso de la energía fotovoltaica, y junio de 2025, España duplicó su capacidad instalada. En total, suma más de 40 gigavatios (GW), una cifra solo superada por Alemania en la Unión Europea. Este avance permitió que la generación eólica y solar cubriera el 46% de la demanda eléctrica nacional en el primer semestre de 2025, frente al 27% registrado en 2019.

Paralelamente, la generación fósil se ha reducido a una quinta parte de la demanda (20%), muy por debajo de otros países como Alemania (41%) o Italia (43%). Justo este año, en agosto de 2025, España consiguió registrar su primer mes sin generación eléctrica a partir de carbón, una fuente que hace una década representaba una cuarta parte de la energía nacional.
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España deja de gastar 13 millones de euros en gas y reduce un 75% el peso de la energía fósil en la fijación de precios
Con todo esto, esta transición también ha tenido un gran impacto económico. España ha rebajado su factura de importaciones de combustibles fósiles en el sector eléctrico más que cualquier otro país de la UE en los últimos cinco años. Las nuevas plantas solares y eólicas han evitado la importación de 26.000 millones de metros cúbicos de gas, lo que habría supuesto un gasto de 13.500 millones de euros, casi cinco veces la inversión realizada en la red de transporte durante ese periodo.
Además, la menor dependencia del gas ha hecho que el precio mayorista de la electricidad en España sea menos vulnerable a la volatilidad internacional de los combustibles fósiles. Según el Banco de España, los precios mayoristas habrían sido un 40% más altos en el primer semestre de 2024 si la generación renovable se hubiera mantenido en los niveles de 2019.
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En comparación con otros grandes mercados eléctricos europeos, España ha liderado la reducción de la influencia de la energía fósil en la fijación de precios. Mientras que nuestro país logró una caída del 75% en la proporción de horas en que los precios superan el coste de la energía fósil entre 2019 y 2025, otros como Países Bajos, Reino Unido, Italia y Alemania han registrado descensos mucho menores, de entre el 12% y el 34%. Así, España se posiciona como el país con menor impacto del gas en los precios de la electricidad entre los grandes consumidores europeos.
El apagón pasa factura: ahora el uso de gas duplica su coste y España desaprovecha un 7,2% de la energía renovable generada
Sin embargo, el informe de Ember advierte de que todavía queda mucho por hacer. A día de hoy, España todavía necesita usar gas para mantener en funcionamiento la red eléctrica, y el coste de esto se ha duplicado desde el apagón del 28 de abril. En mayo de este año, el gasto representó más de la mitad del precio que pagan los usuarios por la electricidad (57%), mientras que antes del apagón solo suponía una pequeña parte (14%).
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Además, desde ese día, la cantidad de energía renovable que no se ha podido aprovechar también ha aumentado. Entre mayo y julio de 2025 se ha desaprovechado un 7,2% de energía renovable generada, frente al 1,8% de los dos años anteriores.
La raíz de este problema está en la falta de inversión en redes eléctricas y almacenamiento de energía. España, a pesar de ser el cuarto mercado eléctrico más grande de Europa, está en el puesto decimotercero en cuanto a instalación de almacenamiento en baterías, con 120 MW instalados hasta 2024. Nuestro país solo ha invertido 30 céntimos en redes por cada euro destinado a energías renovables entre 2019 y 2024, muy por debajo de la media europea de 70 céntimos.
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Además, la red peninsular carece de compensadores síncronos, unos dispositivos clave para el control dinámico de la tensión y la inercia sin combustibles fósiles, mientras que otros países como Reino Unido ya los han incorporado.
Tras el apagón, el Gobierno anunció un paquete de medidas para reforzar la red y acelerar la integración de energías renovables y de soluciones de flexibilidad limpia. Aunque el Congreso rechazó, en un principio, las reformas, están avanzando por otras vías. Entre las medidas adoptadas figura la incorporación de ocho compensadores síncronos a la red peninsular, con una inversión de 750 millones de euros y un ahorro estimado de 200 millones de euros anuales. Del mismo modo, la capacidad de almacenamiento en baterías está en expansión, con 2.600 MW anunciados y 340 MW autorizados, lo que permitirá almacenar el exceso de energía renovable y reducir los costes asociados a las restricciones de red.
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