
El mero es un pez que vive en aguas tropicales y templadas, aunque cada vez más escaso por la sobrepesca indiscriminada con arpón. Curiosamente, el mero es hermafrodita secuencial: comienza su vida como hembra y, con el paso de los años, puede transformarse en macho. Esta peculiaridad biológica, unida a su longevidad, hace que su reproducción sea lenta y que la sobrepesca represente un riesgo para su conservación. De hecho, en algunas zonas del mar Mediterránea ha retrocedido hasta las aguas profundas al desaparecer de las superficiales.
En cuanto a sus propiedades nutricionales, el mero es un pescado magro que contiene alrededor de 2,3 gramos de grasa por cada 100 gramos de porción comestible, lo que lo sitúa dentro de los pescados bajos en grasa, según la Fundación Española de la Nutrición (FEN). Sin embargo, esa pequeña cantidad de lípidos es rica en ácidos grasos omega-3, conocidos por su papel en la protección cardiovascular y en la regulación de procesos inflamatorios.
El aporte proteico del mero es elevado y de gran calidad. Se trata de proteínas de alto valor biológico que contienen todos los aminoácidos esenciales, lo que lo convierte en un alimento ideal para etapas de crecimiento, recuperación o para personas que buscan una fuente proteica saludable. En cuanto a minerales, el mero destaca especialmente como fuente de fósforo, esencial para huesos y dientes, y de selenio, un antioxidante que contribuye al buen funcionamiento del sistema inmunitario y a la protección celular frente al daño oxidativo.
En el apartado de vitaminas, las del grupo B son las protagonistas. La vitamina B12 sobresale con fuerza: una sola ración de mero cubre más del 100% de la ingesta diaria recomendada para un adulto joven con actividad física moderada. Esta vitamina es clave en la formación de glóbulos rojos y en el mantenimiento del sistema nervioso. Además, el pescado aporta cantidades significativas de niacina (B3) y vitamina B6, ambas implicadas en el metabolismo energético y en la síntesis de neurotransmisores.
Beneficios del mero
El consumo de mero aporta múltiples beneficios. Gracias a su bajo contenido en grasas y a la presencia de omega-3, contribuye a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y favorece la salud cerebral. Sus proteínas completas ayudan a mantener y reparar tejidos, mientras que los minerales y vitaminas apoyan procesos metabólicos y funciones vitales. La combinación de fósforo y vitamina B12, por ejemplo, lo convierte en un aliado para mantener huesos fuertes y prevenir anemias.
Además, por ser un pescado de fácil digestión, el mero resulta adecuado para personas con digestiones delicadas, niños y personas mayores. Su bajo valor calórico, que ronda las 90 kilocalorías por cada 100 gramos, lo hace compatible con dietas de control de peso sin sacrificar el aporte nutritivo.
Contraindicaciones de consumir mero
A pesar de sus virtudes, la FEN recuerda que, como todo pescado, el mero no está exento de contraindicaciones. En primer lugar, quienes sufren alergia al pescado deben evitar su consumo. Asimismo, en especies de gran tamaño puede producirse acumulación de contaminantes marinos como metales pesados, por lo que se aconseja moderar su consumo en mujeres embarazadas, lactantes y niños pequeños.
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