
La experiencia de Eva Matsa como docente la ha llevado a cuestionar la utilidad de ciertos contenidos tradicionales en la enseñanza de las matemáticas en el sistema educativo español. En una de sus últimas publicaciones de TikTok (@evamatsa), la maestra destaca que memorizar las tablas de multiplicar, una práctica habitual en su etapa escolar, no le aportó un entendimiento real sobre el concepto de multiplicación ni sobre su aplicación en la vida cotidiana. Para Matsa, el aprendizaje de las tablas se reducía a una repetición mecánica cuyo único objetivo era obtener la aprobación de la profesora, sin que existiera una conexión clara con situaciones prácticas fuera del aula.
La docente reconoce que, aunque actualmente domina las tablas de multiplicar, considera que habría sido más valioso comprender el significado de la multiplicación y su utilidad concreta. Relata que solo aprendió a multiplicar porque debía superar un examen, y que no identificó la relevancia de este conocimiento hasta muchos años después. Además, señala que, tras adquirir la habilidad de multiplicar, el uso de la calculadora se volvió común, lo que restó sentido a la memorización previa.
“Perder el tiempo” en el aula
Otro aspecto que Matsa rechaza de su formación escolar es el método tradicional de la división con la llamada “cajita”. Cuestiona la pertinencia de enseñar a los estudiantes a resolver divisiones complejas, como dividir quince mil trescientos veinticuatro entre ciento treinta y dos, utilizando este formato. Plantea que este tipo de ejercicios rara vez se presentan en la vida adulta fuera del contexto de los exámenes escolares y se pregunta si no existen contenidos más relevantes para el tiempo de los alumnos en el aula. “¿En qué estamos haciendo perder el tiempo los niños en el aula? ¿De verdad no hay cosas más importantes que esto?”, dice la maestra.
La docente también pone en tela de juicio los problemas matemáticos clásicos que, según su experiencia, generaban ansiedad en los estudiantes. Recuerda ejercicios en los que se planteaban situaciones como la salida de trenes desde diferentes ciudades y la necesidad de calcular cuál llegaría antes a un destino común. “Jamás, jamás voy a conducir un tren. Jamás he ido a Marsella. No sé, no tengo ni idea de lo que va a tardar en tren, si tiene que coger un avión, si tiene que hacer un transbordo, es que no lo sé”, afirma Matsa, quien considera que estos problemas carecen de relevancia para la vida real de los alumnos y pueden resultar confusos o estresantes.
La maestra sostiene que, en la actualidad, la tecnología ofrece soluciones inmediatas a este tipo de cuestiones, como consultar la duración de un trayecto en Google Maps. Por ello, considera que sería más provechoso proponer problemas vinculados a contextos reales y cercanos para los estudiantes, como interpretar un mapa del metro de Barcelona o analizar desniveles en un plano de su localidad. “Me parece muy inútil hacer este tipo de problemas, cuando podemos estar haciendo problemas de verdad, contextos reales de los niños reales”, enfatiza Matsa.
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