
En el corazón de Alsacia, en el noreste de Francia, vive Patrick-Édouard Bloch, quien pasó buena parte de su vida sin conocer el secreto que marcaría su destino: su padre era Bao Dai, el último emperador de Vietnam. La revelación, llegada en su infancia, transformó para siempre la percepción de sí mismo y hoy, a los 66 años, Bloch enfrenta un obstáculo inesperado: las autoridades de Vietnam le impiden regresar a sus raíces. “Hoy solo tengo un sueño: poder ir a Vietnam, a la tierra de mis antepasados; rendir homenaje a la tumba de mis abuelos; ver por fin el Palacio de Hué, del que tanto me habló el emperador”, expresa Bloch en declaraciones recogidas por France3.
Según el mismo medio, el nacimiento de Patrick-Édouard Bloch el 21 de abril de 1958 en Estrasburgo fue fruto de una relación extramatrimonial entre Bao Dai y Christiane Bloch-Carcenac. Durante años, vivió bajo la tutela de su madre y su marido, ajeno al linaje real que corría por sus venas. “No entendía nada de lo que pasaba. En la escuela, se burlaban de mí por mis rasgos asiáticos. Tenía un medio hermano criado en la tradición judía que había celebrado su bar mitzvá, pero yo no. ¡Nadie me decía nada!”, relata Bloch.
“Siempre tuve que dirigirme a él como Majestad o Señor”

Bao Dai, exiliado en Francia tras la abolición de la monarquía vietnamita en 1945, se instaló en Alsacia buscando reconstruir una vida entre aristócratas y personalidades europeas. A los 44 años, el llamado “hijo del cielo” dejó atrás el trono tras casi dos décadas de reinado en Vietnam y ocupó brevemente la jefatura de Estado antes de su definitivo exilio. Allí conoció a Christiane durante una cacería. “Mis padres se enamoraron a primera vista. Pero mi madre nunca ocultó su relación íntima a su esposo. Mi padre tampoco ocultó su relación con la emperatriz Nam Phuong. Así que soy fruto de ese amor”, recuerda el heredero.
La revelación llegó en 1967, con apenas 9 años, durante un viaje a París. “El emperador me había llevado con él a París durante uno de sus viajes. Estábamos frente a un ascensor en el Georges V cuando un ascensorista preguntó: ¿Pero quién es este niño que está con usted, señor? Y el emperador respondió: ¡Es mi hijo!”, recuerda el momento en el que la relación entre ambos cambió.
En las declaraciones recogidas, el hijo del último emperador de Vietnam ha admitido que siempre estuvo “muy unido” a su padre, hasta su muerte en 1997. Juntos compartieron momentos, largas conversaciones y una pasión común por los automóviles y la aviación. “Me enseñó mucho. Era muy comunicativo conmigo, lo cual contrastaba con su imagen oficial. Hablaba con frecuencia de la historia de Vietnam, su derrocamiento y sus exilios en China, Hong Kong, Inglaterra y Francia”, afirma. Asimismo, ha explicado que “amaba Alsacia, que le recordaba a su país. Teníamos pasiones comunes. Y, por si fuera poco, me parezco mucho a él físicamente”.
Pese a la cercanía, Bloch nunca pudo referirse a su padre como “papá”. “Siempre tuve que dirigirme a él como Majestad o Señor, como todos los demás”, señala. Pero, antes de morir, Bao Dai dejó una advertencia lapidaria: “Prométeme que nunca te involucrarás en la política; perderías tu alma haciéndolo”, recuerda Bloch. Tras varias décadas, el último hijo del monarca mantiene viva la memoria paterna tanto en su vida cotidiana como en sus redes sociales, donde administra grupos dedicados a Bao Dai. Esta labor incluye la publicación de un libro autobiográfico titulado Tu dois l’appeler Majesté, en el que narra su historia y la de su familia.
No obstante, en la actualidad, la petición de Bloch de regresar a Vietnam topa con la negativa del gobierno. “Por desgracia, las autoridades vietnamitas me impiden ir. No sé por qué les doy tanto miedo. Soy pacifista y a mi edad no me convertiré en dictador”, ironiza el heredero.
“Creía que era necesario un cambio político para integrar a Vietnam”

Acerca de la figura de Bao Dai, Bloch ha destacado su espíritu moderno y su respeto por los cambios históricos en su país: “Mi padre era un hombre moderno. Vestía a la europea”, rememora. Además, “contrariamente a la tradición, se casó con una católica. También creía que era necesario un cambio político para integrar a Vietnam en el concierto de las grandes naciones".
Del mismo modo, el hijo del emperador ha asegurado que “Ho Chi Minh siempre actuó en la sombra para su seguridad y el reconocimiento de sus logros”. Según ha afirmado, su padre sentía un profundo respeto por el líder que encabezó la revolución comunista en Vietnam.
El legado de Bao Dai permanece recogido en libros como Le dragon d’Annam, que redactó el propio emperador, y que, junto a los esfuerzos de Patrick-Édouard Bloch, sostiene la memoria de una dinastía que integra la compleja historia moderna de Vietnam.
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